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Saca de caballos

La primera

La primera prohibición sobre la extracción o saca de caballos a los extranjeros es del Rey Alfonso X el Sabio (1252-1284) para que no faltasen caballos en la Guerra contra los Moros:

“Todos cuantos sacaren del Reino caballos u otras cosas de las que están prohibidas sacar, deben perder todo lo que sacaren”.

Vemos que al principio la pena de los que practicaban la saca de caballos del Reino era sólo la pérdida de lo que sacaban, lo que no debió resultar muy efectivo, porque pocos años más tarde la aumentaron los Reyes Don Alonso, en 1.347, Don Enrique II en 1.377 y 1.378, Don Juan I en 1.390, y Los Reyes Católicos en 1.499.

Las modificaciones de estos Reyes fueron:

Penas de muerte

“Cualquiera que sacare caballo, rocín, yegua o potro fuera de nuestros Reinos, sea Alcaide, Merino u otro oficial, u otra cualquiera persona, de cualquier calidad o condición que sea, pierda lo que sacare y todos sus bienes, y MUERA POR ELLO. Y lo mismo sacando mula, mulo o muletas; grandes o pequeñas, tanto de freno como de albarda, y cerriles. Y que dicha pena se aplique contra el que sacare, aunque sea caballero o escudero hijodalgo. Mandamos que si dichos Alcaides y personas sacaren caballos y bestias ajenos para poner a salvo a los que los sacan y a los sacadores, que se aplique la misma pena de muerte y pérdida de sus bienes”.

Los mismos Reyes Juan I y Enrique II, como Enrique III en 1.404, Don Fernando y Doña Isabel, y el Emperador Carlos en 1.554, declararon la misma pena de muerte y la pérdida de la mitad de los bienes de lo que vendieren, diesen, intercambiasen o testasen dentro de las doce leguas de los mojones del Reino a los extranjeros, y de cualquier otra manera; y contra éstos se impone la misma pena y la pérdida de cuanto tuviesen; y lo mismo contra los naturales que dentro de las doce leguas vendiesen a cualquier comprador que no fuese abonado (tuviese medios económicos) y a quienes no hiciesen la venta ante el alcalde, escribano y testigos.

Por debajo del Rey, iguales

“La misma pena deben sufrir los que compran caballos y otras bestias prohibidas sacar del Reino, que se convocan y forman cuerpo para salir todos juntos y resistir a los guardas. Porque siendo cogidos, han de morir por Justicia y perder cuanto llevasen, según lo determinaron los Reyes Enrique II, Juan I, Enrique III, y Fernando e  Isabel.

Porque muchos compran caballos y otras bestias prohibidas para sacar, y se apellidan y asuenan para salir todos juntos e impedir que se los tomen y que las guardas los puedan prender, mandamos que los guardas y oficiales de los lugares donde pasase, o cualquiera de ellos que primero lo supiera, que hagan pronto repicar las campanas del lugar donde primero sucediera, y así en todos los demás lugares de la comarca que lo oyeran, y vayan en pos de ellos en voz de apellido. Y cualquiera que los pudiera prender, que se los tomen; y todo cuanto llevasen. Y que los prendan y los entreguen a nuestro Alcalde de Sacas. Y lo que les tomaren, que sea para Nos, y a ellos que los maten por Justicia.

Y que los oficiales de cualquier lugar donde primero llegasen aquellos que fueron en su búsqueda, estén obligados de hacer repicar las campanas y a ir con ellos.

Todos a una

Y los concejos están obligados a movilizar a todos los que fueren de armas tomar, y que los otros lugares de la comarca que oyeran repicar las campanas, vayan allá todos, dejando gente en los lugares que sea necesaria su guarda para nuestro servicio. Los oficiales que no lo cumplieran, que paguen seiscientos maravedís cada uno; y los concejos que no acudieran, paguen seis mil maravedís si fuese villa. Y si fuere aldea, peche seiscientos maravedís cada uno. Y las personas que fueren de armas tomar y no fuesen allá, peche cada uno setenta maravedís. Y además de esto, que los emplacen a comparecer ante Nos dondequiera que estemos, en los nueve días primeros siguientes, so pena de seiscientos maravedís, a decir por qué razón no cumplieron nuestro mandato. Y si saliesen los sacadores fuera de nuestro Señorío, donde no se les puedan tomar, que nos envíen a decir cuáles son, para que Nos mandemos proveer lo que fuese.

No hay excepciones

Si dentro de nuestro Señorío se escondieran en algunas villas y lugares, o en castillos o fortalezas, o casas de prelados, ricos-hombres, u otras personas pensando escapar, mandamos a las Justicias de tales lugares, que siendo requeridos por nuestro Alcalde de Saca de caballos o su teniente, sean obligados cada uno en su jurisdicción, donde dijere el Alcalde que estén los malhechores, a prenderlos y tomarlos y entregarlos con cuanto tuviesen. Y que los alcaldes o sus tenientes sean obligados a entregarle tales malhechores con todo lo que hubieren metido en los castillos. Y si dijeran que no están dentro, que dejen entrar a escudriñar al alcalde con un escribano y dos hombres por testigos, los cuales entren y salgan a salvo y seguros, sin pena alguna.

Lo mismo mandamos que se haga en los palacios de los ricos-hombres y dueñas e hijosdalgos. No consintiendo hacerlo, mandamos que estén obligados a pagar todo lo protestado por el Alcalde de Sacas o su teniente, de sus bienes. O que le sean descontados de sus tierras y mercedes que de Nos tengan”.

Caballos de la RayaContrabando…

Enrique III y Juan I, sabiendo que algunos mercaderes y otras personas de fuera de los Reinos venían a comprar y hacer la saca de caballos de noche y de día por lugares yermos, y que otras personas de estos Reinos se los llevaban por dinero o por amistad, mandaron que nadie vendiese, regalase ni intercambiase con tales mercaderes y extranjeros, ni a otras que les comprasen para ellos los animales sin Real licencia, bajo pena de la pérdida de todo lo que hubiesen recibido o habrían de recibir por las bestias, más otro tanto de lo suyo. Y la misma pena impusieron a los extranjeros en lo referente a la pérdida de las bestias caballares y a sus bienes: que pierdan todo cuanto tuviesen, para lo cual establecieron otras cosas:

“Es conveniente que las cosas que nuevamente se recrecen, sean puestos en ellas nuevos remedios, por cuanto nos han dicho que algunos mercaderes y otras personas de fuera de nuestros Reinos vienen a nuestra tierra a comprar bestias caballares y las llevan de noche y de día por lugares yermos, y otras personas de nuestro Señorío se las llevan a sus tierras por amistad o precio que les dan. Y porque esto es un gran daño para nuestra tierra, y a Nos viene un gran servicio, tenemos a bien que ninguno de los de nuestro Señorío venda, ni dé, ni cambie a dichos mercaderes y personas de fuera de nuestros Reinos, ni a otras que las compraren para ellos, bestias caballares grandes ni pequeñas sin nuestra licencia.

… y medidas

El que lo hiciese, que pierda todo cuanto recibió o habría de recibir por dichas bestias, más otro tanto de lo suyo. Y que cualquiera de nuestros Alcaldes de Sacas o sus lugartenientes los puedan prender en cualquier lugar y los tengan presos hasta que paguen la pena.

Prohibimos a todos los de fuera de nuestros Reinos que no fuesen vecinos ni moradores en ellos que vinieran a nuestra tierra, que compren, cambien o tomen para sí ni para otros las dichas bestias caballares grandes o menores sin nuestra licencia. Y que cualquiera que lo hiciere pierda la tal bestia y todo cuanto tuviere. Y cualquier de nuestros alcaldes, o los que lo hubieran de hacer por ellos, que se lo tomen todo.

Y como estas cosas se hacen encubiertamente, mandamos que cualquiera de los alcaldes haga pesquisas sobre la saca de caballos, y cualquiera que fuere emplazado por carta o por hombre de dicho alcalde, que venga en los plazos que le fueren puestos a decir la verdad de lo que supiera, so pena de sesenta maravedís a cada uno. Y que dichos Alcaldes prendan por dicha pena a aquellos que en ella incurriesen.

Mandamos a los concejos, alcaldes, merinos y alcaides de los castillos, casas fuertes y otros oficiales de cualquier ciudad, villa y lugar de nuestros Reinos, que cuando alguno de los Alcaldes de Sacas necesitara ayuda, le ayuden en lo que necesite, y en todo lo que él entienda que cumple a nuestro servicio, so pena de diez mil maravedís a cada uno que lo incumpla.

Piadosa excepción

Mandamos que cualquiera de estos alcaldes pueda tomar cualquier bestia caballar que encontrase en poder de cualquier extranjero que no sea romero, y que estén obligados a dar cuenta de quién y cómo las obtuvieron y en el término que les fuese asignado, so pena de caer e incurrir en las penas dichas”.

En esta Ley es de notar que a los extranjeros que vienen en romería no se les deben tomar las bestias caballares; pero serían las que trajesen de fuera de estos Reinos y no otras, según explica otra Ley dada por los Reyes Don Juan I, Don Enrique II y D. Enrique III. En ella se manda que deben gozar de mayor privilegio aquellos que mayor trabajo tomen por Dios:

“Ordenamos que los romeros puedan sacar fuera de nuestro Señorío trotones y jacas que fuera evidente que no nacieron en nuestra tierra; y que asimismo, a la entrada y salida a aquellos cuyos fueren, no les tomen cosa alguna”. Clérigos a caballo

En resumen, las leyes y sus penas, que se reducen a que por Ley de Partida perdieran los que hacían saca de caballos de estos Reinos todo lo que sacaran, como se ha dicho arriba. Por las del Ordenamiento y Recopilación tenían la misma pena, y además la pérdida de todos sus bienes y la vida. La misma pena debían padecer los que intentasen poner a salvo a los sacadores y sus caballos. En una palabra, los que ayudaran a la saca de caballos, aunque fueran ministros de justicia o de cualquier dignidad y condición.

Vuelta a lo mismo

Aunque hay otra Ley dada por el Rey Don Juan II en las Cortes de Ocaña y Valladolid que prohíbe a cualquier persona, de cualquier estado, preeminencia o dignidad, la saca de caballos o el consentimiento, o dar lugar a sacar por tierra ni por mar caballos, penando con la pérdida todos sus bienes; y los Señores las villas y lugares por donde consintieron la saca de caballos, sin otra sentencia ni declaración, está aumentada en lo referido la pena de muerte por una Ley posterior:

“Los vendedores, donadores, cambiadores (sea por última voluntad o entre vivos) de caballos y yeguas para los mercaderes y otras personas extranjeras, tienen por las mismas Leyes la pena de la pérdida de todo lo que reciban o habrían de recibir del extranjero, y además la mitad de sus bienes. Y el extranjero la de pérdida de las bestias con todo lo que tuviere; y éstos, sean de estos Reinos o extranjeros, dentro de las doce leguas de la Raya, deben padecer la misma pena de muerte, además de la expresada”.

La misma pena tenía el que vendiese a persona no abonada (sin ingresos) o si no se efectuaba la venta ante la Justicia del territorio o escribano y testigos. Finalmente, el extranjero que tuviera en su poder un caballo y no supiera dar razón de quién se lo dio: “sufrirá el castigo en sus bienes y la vida como sacador manifiesto dentro de las veinte leguas de la Raya”.

Amistades peligrosas

Es bueno tener presente la prohibición de que se haga la venta “a persona no conocida”, pues ésta debe tenerse por sospechosa, de marera que en ningún caso debe venderse a semejantes personas, no sólo dentro de las doce leguas de la Raya, sino también en el interior del Reino, que es lo que no habían prevenido las Leyes. Asimismo se exige que todas las demás personas que sacasen caballos de Andalucía, Murcia y Extremadura saquen guía y vuelvan de su destino tornaguía. Y si después los quisieran vender a otros, que fuera dando cuenta a la justicia, registrando ésta el nombre del comprador y el vendedor, con las señales, pelo, marca o hierro, y estatura de los caballos y fecha de la venta.

Aunque no se hacía mención a ninguna pena en el caso de no observarse estos preceptos dirigidos a evitar las ventas a personas sospechosas y no conocidas y a prevenir que los compradores, cuando vendían, lo hicieran ante las Justicias, etc. no se ha de entender que no habría de imponerse ninguna, porque no derogándose como no se derogaban las leyes penales y prohibitivas, con la circunscripción de leguas y demás solemnidades que contienen respecto a las doce leguas de la Raya, es indispensable que por lo que toca al interior del Reino se proporcionase el castigo que al Juez, según su criterio, pareciera más adecuado.

Saca de yeguas

FORMA DE EXTRAER POTROS Y CABALLOS DE ANDALUCÍA, MURCIA Y EXTREMADURA PARA TODO EL REINO A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

“Declaro que no es extracción la venta o transporte de caballos o potros. Y por lo que corresponde a los demás de esta Península, permito que se puedan extraer de Andalucía, Murcia y Extremadura para dentro del Reino, todos los potros y caballos que no fueren precisos para la cría y conservación de la mejor raza de esta especie o para la Remonta de los Regimientos de Caballería y Dragones de mi Ejercito, a cuyo fin, antes de venderlos o extraerlos, darán cuenta a los Diputados de Ayuntamiento y de los criadores, para que se vea si se necesitan en su pueblo para la cría y aumento. En caso de no necesitarse para la conservación de la casta, se les dará certificación de este reconocimiento.

Bien entendido que no han de poder venderlos a persona sospechosa de que los extraiga de este Reino, para lo cual tienen obligación de tomar Guía si por sí mismos los sacasen o remitiesen de su orden, para que conste su destino. Y si los vendieren a otro, han de dar cuenta a las Justicias y estas tomar razón del caballo o potro vendido, con expresión de su piel, señales, marca y estatura, y de los nombres del vendedor y comprador, día, y año de la venta. Y no permitan que se ejecute ésta a personas no conocidas”.

Cuartelillo

Este artículo es una tácita revocación de la libertad que los criadores habían tenido prohibida. Es una derogación del impedimento que tuvieron para el libre comercio del ganado caballar en los Reinos de Andalucía, Murcia, y la provincia de Extremadura, como en toda España, con la condición de que en los lugares de cría y donde se hubiera de formar, queden los caballos necesarios para padres, lo que parece que sólo se había de dar cuando se verificase la saca de caballos y potros de dichos territorios para llevarlos a cualquier parte del Reino, por usar la expresión, Y por lo que corresponde a los demás de esta Península”.

Esta saca de caballos para la que se había de dar la Certificación, era para cuando los vendedores ejecutasen la venta del ganado para que los compradores lo extrajesen, o para los que lo tuvieran que extraer por el motivo que fuese, porque su razón era que no faltaran los caballos padres necesarios. Por tanto, si el trato era de vecino a vecino y de jurisdicción a jurisdicción, no había obligación de dar cuenta ni de recibir la Certificación.

Aunque para la saca de caballos y potros de Andalucía y Extremadura se mandaba notificarlo y recibir la Certificación, no se imponía ninguna pena para el caso de no hacerse así, ni se daba por perdido el ganado que se extrajese; por lo que ni los extractores, ni a los que a estos entregaran su ganado deberían sufrir ningún castigo. Sólo se les podría obligar a que presentasen la Certificación cuando vieran las Justicias de la Raya de los Reinos de Andalucía, Murcia, y de la Provincia de Extremadura que pasaban el ganado sin ella, y vieran si se necesitaba aquel ganado, en cuyo caso se les podría detener hasta comprobarlo.

No todo eran rosas

A esto no se oponía la práctica que se tenía anteriormente en cuanto a dar por perdido el ganado caballar que se extraía de Andalucía y Extremadura sin las obligadas formalidades, porque esta práctica fue introducida al principio de la prohibición de la saca de potros, según lo mandó Felipe V:

“Y como se sabe que para el Reino de Valencia se saca crecido número de potros de un año o poca más edad, y que sobre quitarles la estimación, por el bajo precio a que los compran se origina el grave perjuicio de ser muy pocos los potros de tres años que se encuentran, faltando para refinar y fortalecer las castas caballos a propósito para padres, prohíbo absolutamente la saca y extracción de los potros de los Reinos de Andalucía, Murcia, y Extremadura, hasta que tengan tres años de edad cumplidos”

Esta providencia se extendió a petición de la Junta de Caballería hasta que tuviesen los potros cinco años; y con el mismo concepto se ordenó en 1.746 que los potros no se pudiesen extraer hasta la edad de cuatro años, después de visto y reconocido que no eran de la calidad y medidas que se requerían para el Ejercito.

Caballo andaluz

Un respiro para los ganaderos

La libertad ahora se concedía por haber demostrado la experiencia el mucho perjuicio sobre las crías, dejando muchos esta ganadería porque no podían dar salida a los caballos y potros, que eran antiguamente la economía de los andaluces. El Articulo se reducía a quitar el impedimento que había para el despacho y comercio libre en toda España de caballos y potros de cualquier edad; y lo mismo a que se vendieran como se pudiera, sin estar los tratantes sujetos a ninguna tasa, aunque fueran para la tropa y la Casa Real. Se avisa de que no se venda a persona sospechosa de sacarlo del Reino, ni a quien no fuera conocida.

Cualquier tiempo pasado…

Antes de todas estas medidas que se tomaron para evitar la saca de caballos, jamás hubo en España prohibición de sacar los potros y caballos de los Reinos de Andalucía, Murcia y Extremadura, ni de ninguna otra parte, pudiendo circular en el resto de los dominios de Castilla. Aunque pesara a la unión con la Corona de Aragón dándose permiso para que pudiesen llevarse a ésta las cosas que por las leyes de Castilla estaban prohibidas sacar según una Ley Real promulgada por los Reyes Don Fernando y Doña Isabel, subsistió la prohibición de la saca de caballos, concediendo licencia a los que salían de la ciudad de Murcia en caballos y otras bestias prohibidas de sacar para otros Reinos que los de Castilla para que las pudiesen llevar a Aragón, recibiéndose por la justicia de Aragón la obligación de volver las yeguas, caballos o potros por el mismo puerto por donde habían de salir, dentro del término que se asignara. Y todo ante escribano, que testificaría las señales y color, que eran requisitos para conceder la licencia. De no volver con el mismo caballo, potro, o yegua, se ejecutarían las penas establecidas como culpables de la saca de caballos y de cosas prohibidas.

Persistencia

También subsistió mucho tiempo después la prohibición -según testimonios del Reinado de Felipe III, (1.598-1.621)- que afirmaban haber visto muchas veces ejecutar la pena de muerte y la pérdida de todos los bienes entre los que practicaban la saca de caballos a los Reinos de Aragón y Valencia.

A los criadores se les apretó más la cuerda el año 1.738, cuando a consulta de la Junta, mandó Felipe V que la prohibición de saca de potros para Valencia fuese hasta que tuviesen cinco años. Y aunque ya en 1.746, cuando se agregó el negociado de Caballería a la Secretaria de la Guerra, se conocía el perjuicio causado por lo gravoso de las prohibiciones, todavía se insistió en gravarla más y en ponerla en un estado que obligó a muchos criadores a abandonar sus crías; y a otros a inutilizar sus potros para darles salida valiéndose del truco de caparlos.

 

LEYES Y PENAS PARA EVITAR LA SACA DE YEGUAS Y CABALLOS FUERA DEL REINO.

Como la malicia de muchos, sin más objeto que su propia utilidad en detrimento del bien común, sacando las yeguas y caballos de Andalucía, Murcia y Extremadura para su particular negocio y el interés que tenían con los extranjeros y otras personas sospechosas, defraudando el Real servicio y la cría de las mejores castas, se estableció que los que sacasen potros y caballos de aquellos Reinos y provincia, para ellos o para otros, sacasen la guía, y al llegar a su destino volviesen tornaguía para constatar que no era para los Reinos extranjeros. Y si los vendiesen después a otros, que fuese ante la Justicia del lugar, tomando ésta la reseña del animal.

Pero debe advertirse, que aunque sólo se habla de venta, no se ha de entender como únicamente, sino también a cualquier otra forma por la que se transfieren las cosas a otro; porque aparte de la venta hay otras formas que producen los mismos efectos, como son la permuta y la donación, por donde podría defraudarse si sólo se entendieran en el caso de venta expresamente; y estando en el ánimo evitar el gran perjuicio de la saca de caballos, era necesario que por esta expresión no se excluyeran las demás.

Que nadie se llame a engaño

Todos los habitantes del Reino debían saber que la venta, permuta o donación, o cualquier motivo por el que pasaba el ganado yeguar y caballar a poder de personas sospechosas y desconocidas, se prohibía no sólo a los habitantes de Andalucía, Murcia y Extremadura, sino a cuantos tratasen de caballos dentro del Reino, aunque hiciesen lo que ordenaba la Ley. De manera que por el traspaso a semejantes personas padecerían las penas correspondientes. Entendiendo que entre los “sospechosos” se incluía no sólo a cualquier extranjero, sino también a los naturales, como son los que compraban para vender a los extranjeros por su interés, y que no tenían ingreso alguno, entre los que se incluía frecuentemente a la gente pobre, de las que hacen mención los Reyes Don Juan I (1.379-1.390, fallecido tras la caída de un caballo) y Don Enrique III, su hijo (1.390-1.406) en una Ley por la que prohibieron el traspaso de ganados a estas personas, diciendo:

Picaresca

“Muchas maneras de engaños buscan los hombres con codicia de enriquecerse y cumplir sus voluntades, y por ende acaece que algunas de las fronteras de nuestros Reinos comarcanos, de las veinte leguas hasta los mojones de nuestros Reinos, que buscan algunos hombres que no son abonados ni cuantiosos (que no tienen medios económicos), a quienes venden sus ganados mayores y menores, porque aquéllos no tienen temor de perder los bienes que no tienen, y los venden a algunas personas de los Reinos comarcanos encubiertamente. Y cada vez que les es pedida cuenta por nuestros Alcaldes o por sus lugartenientes, dicen que en sus casas los vendieron; y según la Ley Divinal los hacedores y consentidores, por igual pena deben ser penados. Por ende, mandamos que tales moradores en las veinte leguas vendan sus ganados a hombres conocidos y abonados de nuestros Reinos, para que los puedan dar por autores cada vez que les fuese pedida cuenta; y no haciéndolo así ni dando a quien lo vendieren, que el Alcalde o su lugarteniente les puedan dar pena por ello, como a los sacadores declarados”.

Sospechosos

De las penas establecidas y de las demás personas que debían ser tenidas por sospechosas, suponemos que tenían bastante sospecha los chalanes valencianos, que compraban piaras enteras de potros y caballos en las ferias de Andalucía, etc. y los llevaban al Reino de Valencia, donde los vendían o traspasaban a los extranjeros; por lo que era muy justo que las Justicias examinaran quiénes eran, y los chalanes les enseñasen documentos legítimos. No siendo así, no se permitían las ventas ni la saca de caballos:

“Prohíbo absolutamente en los cuatro Reinos de Andalucía, el de Murcia, y provincia de Extremadura la saca y extracción de yeguas y potrancas de cualquier edad, marca y calidad, aunque sea para tener un caballo de raza para padre fuera de aquellos reinos y provincia el que intentase extraerlos, derogando lo dispuesto que permitía su extracción y anulando todas las licencias que se hayan concedido hasta ahora. En caso de contravenir esta prohibición, mando que se decomisen y se den por perdidas las yeguas y potrancas extraídas, y que sean multados los extractores en 30 maravedís por cabeza; y si se verificase haber sido vendidas o entregadas por otro título a persona sospechosa de extraerla de aquellos territorios sin observar lo dispuesto en esta Ordenanza, quiero que se exija al dueño que últimamente la hubiere vendido o entregado, el precio o utilidad que hubiese percibido por su enajenación y 30 maravedíes más por cada cabeza, y que esta pena se duplique si ejecutase la extracción el mismo dueño que las hubiere criado, además de darse por perdidas las yeguas y potrancas y las penas de su contravención”.

Armas al enemigo

Lo que estaba prevenido mucho después de las promulgaciones de las Leyes referidas antes, es del Siglo XVIII, reprochando la inobservancia y encargando el cumplimiento de ellas en todo y por todos. La primera providencia de esta clase es del Rey Carlos II (El Hechizado) que dice:

“Siendo grande el número de caballos de estos Reinos de los que se nutren las tropas de los enemigos, además de los que se hallan en poder de los extranjeros en otras Cortes, lo consiguen con facilidad por los repetidos fraudes con que furtivamente los extraen y llevan a aquellas partes por el descuido con que los gobernadores de las fronteras celan esta importancia, de lo que se originan graves inconvenientes. Mando al Consejo, que dé las ordenes más eficaces para evitar la continuación de este daño, por el que se ocasiona con él a nuestra defensa, y se castigue con escarmiento la omisión o culpa”.

Movilización general

Sobre lo mandado recayeron otras Reales Resoluciones en 1.714, por las que se ordenaba expedir cartas circulares a todas las justicias ordinarias y militares de Andalucía y sus costas para que velasen la saca de caballos y castigasen severamente a los delincuentes. Las providencias eran de la forma siguiente:

“Expídanse cartas circulares al asistente de Sevilla y a los corregidores de toda Andalucía para que vigilen la saca de caballos con el cuidado, celo y aplicación que requiere negocio tan importante. Y para que mejor se logre impedir la extracción, el Capitán General de las costas de Andalucía dé las ordenes convenientes a sus subalternos de las fronteras de Portugal, y se castigue severamente a los que delinquieren”.

Gallegos avispados

Y en 1.726:

Saca de caballos y yeguas

“Y porque se cree que uno de los motivos de los que provienen los daños que se experimentan de la disminución de la cría y casta de caballos es por las yeguas y potros que se extraen para el Reino de Portugal, por haber quien hace granjería y comercio de este ganado, como hay. Porque muchos gallegos cuando salen de Andalucía y Extremadura para volver a Galicia sacan muchos potros de uno y de dos años, con testimonios de que los llevan por encargo de sus paisanos, y otros en pago de las soldadas que han ganado; y siguiendo su camino por entre términos de ambos Reinos los introducen después en el de Portugal por la Provincia de Traosmonte y entre los ríos Duero y Miño, Salvatierra, la Zarza, San Martín de Trebejo, Fuente-Guinaldo, Villar de las yeguas, Condado de Niebla, y otros parajes, prohíbo absolutamente la saca y extracción de los referidos potros, yeguas y caballos que así sacan y extraen de los Reinos de Andalucía, Murcia y Provincia de Extremadura, bajo las penas impuestas en el capítulo dieciocho de esta mi carta. Y mando a mi gobernador y capitán general del Reino de Galicia y a los comandantes generales, gobernadores de plazas, y particularmente a los de Zamora, Ciudad-Rodrigo, Alcántara, Badajoz, Jerez de los caballeros, Condado de Niebla, y a todos los demás comandantes generales, corregidores, alcaldes mayores y justicias de estos mis Reinos, que cada uno, en la parte que le tocare, dé las más estrechas órdenes y providencias que juzgaren convenientes a la puntual observancia de todo lo expresado, porque en ello se interesa mi Real servicio, utilidad pública y bien de mis vasallos”.

Es de notar la causa que motivó al anterior capítulo y la prohibición que contiene. El motivo fue el daño que se producía en la cría y casta de caballos por las muchas yeguas y potros que se sacaban para el Reino de Portugal por comerciantes o por los gallegos que cuando se volvían a su tierra recibían en pago de sus salarios o por otros motivos los potros, diciendo que eran encargos para sus paisanos de Galicia, pero que después los introducían en Portugal. Después de esto llegó la prohibición absoluta, y con las mismas penas, de hacer de esta forma la saca de caballos, potros y yeguas de Andalucía, Murcia y Extremadura.

¿Era necesario matarlos?

Por lo que toca a los casos prácticos que hay acerca de la ejecución de las penas contra los autores de la saca de caballos para los Reinos extranjeros, eran iguales a las del Ducado de Milán, que según testimonios no se aplicaban, por lo que algunos opinaban que en España se debería observar lo mismo, imponiendo contra los extractores otras penas que no fuesen de muerte.

De esta opinión participaba el político Bobadilla, diciendo que aunque los jueces se inclinaban por la práctica más benigna, vio él mismo ejecutar muchas veces la pena de muerte contra los pasadores de caballos a los Reinos de Aragón y Valencia. Esta práctica era todavía más rígida que la que debía haber contra los que sacaban o intentaban sacar yeguas y caballos a los Reinos extranjeros, circunstancias que no había en tiempos de Bobadilla, por ser ya una sola monarquía y un solo dominio las Coronas de Aragón y de Castilla, al haber escrito este autor en el reinado de Felipe III. Con lo que si contra los autores de la saca de caballos para Aragón y Valencia se practicaba la pena de muerte… ¡con cuánta más razón cuando se sacaba para los Reinos extranjeros!

La pena de muerte por decapitación con espada estaba reservada a los nobles. Para los villanos se aplicaba la ejecución vulgar por horca o por garrote (garrotazo). No confundir con la posterior ejecución por compresión del cuello (1.832), aunque se conservó el nombre. A partir de este año se ejecutaba con el “garrote ordinario” a la gente común; con el “garrote vil” para los delitos infamantes, sin distinción de clase; y se mantuvo el garrote noble para los hijosdalgos”, que iban conducidos a la ejecución en un caballo ensillado. Los de “garrote ordinario” en mula o en caballo, y los de “garrote vil” en burro, sentados hacia atrás o arrastrados.

Hemos tratado de la prohibición y penas de la saca del ganado yeguar de Andalucía, Murcia y Extremadura, y del caballar para fuera de los Reinos de España; pero como no fueron suficiente para frenar la malicia de muchos, se hizo necesario introducir el uso de los Registros, de los que hablaremos en otra ocasión.

Caballo cadenas