© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?

Se llama tener un caballo los dientes taladrados cuando algunos chalanes, por ocultar la vejez, le han taladrado los dientes extremos y puesto en sus oquedades unas falsas manchas negras que aparentan su frescura. Por diestramente que se haga no puede ocultarse si se examinan las rayas que hace en el diente el buril.

 

Si el caballo árabe es bueno, un jinete puede recorrer con él 80, 100, y hasta 120 kilómetros en una jornada. Y esto durante cinco o seis días seguidos. Bastando dos de reposo para que el caballo ande de nuevo otro tanto.

Los viajes que hace el caballo árabe no son por lo general tan largos. En cambio, recorren a veces en un solo día un espacio mucho mayor con una pesada carga.

Al decir de ellos, todo buen caballo árabe debe llevar a un hombre adulto con sus armas, el tapiz donde se echa, los víveres para ambos y una bandera durante todo el día, y sin comer ni beber.

 

Parada a raya y disparos. Fantasía árabe.

¿Cuántos días puede caminar el caballo árabe?

Así respondió de su puño y letra Abd-el-Kader al general Daumas:

“Me pregunta Vd. cuántos días puede caminar un caballo árabe sin descansar y sin padecer demasiado. Sabed que el caballo árabe sano de todos sus miembros, que come la cebada que necesita su estómago, puede todo lo que exige su jinete. Sobre este particular los árabes dicen: Dale cebada y abusa.

Pero sin abusar del caballo, se puede exigir que haga todos los días de 64 a 72 Km. Es la distancia de Mascará a Kudiat-Aghelizan por el uad Mina. Un caballo que hace ese camino todos los días y que come la cebada que quiere, puede continuar sin cansarse tres o cuatro meses sin necesitar de un día de descanso.

 

Distancia que puede recorrer un caballo árabe en un día.

“Me pregunta Vd. qué distancia puede recorrer un caballo en un día.

No puedo decirlo de un modo exacto. Esa distancia debe ser aproximadamente de 200 a 250 Km., como de Tleracen a Mascará. Hemos visto gran número de caballos hacer en un día el camino de Tlemcen a Mascará. Pero el caballo que hiciera esa marcha debería descansar el día siguiente y andar mucho menos.

La mayor parte de nuestros caballos iban de Orán a Mascará y podían hacer el mismo viaje dos o tres días seguidos. Hemos salido de Saida a cosa de las ocho de la mañana, para caer de repente sobre los Arbáa, acampados en Aain Tukria. (Entre los Ulad-Aiad, cerca de Taza), y los hemos alcanzado al amanecer. Vd. conoce el país y sabe el camino que tuvimos que hacer”.

 

¿Cuánto necesita comer el caballo árabe?

“Me pide Vd. ejemplos de la sobriedad del caballo árabe. Y pruebas de su fuerza para aguantar el hambre y la sed.

Sabed que cuando estábamos acampados al embocadero de la Meluia, hacíamos razzias en el Djebel-Amur. Siguiendo el camino del Sahara apretando nuestros caballos el día del ataque en una corrida a galope de 5 o 6 horas de un solo aliento. Ejecutando nuestra expedición, ida y vuelta, en 20 o 25 días, cuando más. Durante todo ese tiempo nuestros caballos no comían más cebada que aquella que habían podido llevar con sus jinetes. Unos ocho piensos ordinarios. No encontrábamos paja, sólo alfa y chiehh, o yerba en el verano.

Nuestros caballos no bebían a veces en uno o dos días. En una circunstancia no encontramos agua en tres días.

A veces están tres meses sin comer ni un grano de cebada. Y no ven la paja más que cuando van a comprar granos al Tell. Y cuando algunas tribus del Sahara no son admitidas, los caballos pasan el año entero sin haber probado ni un grano de cebada. Es cuando suelen dar dátiles a sus caballos.

“Con un caballo árabe que al pernoctar se sacude, orina, escarba el suelo con el pie y relincha cuando se acerca al pienso y después, metida la cabeza en el bozal, muerde con furia tres o cuatro veces el grano, no hay necesidad de pararse en el camino.” No es raro ver caballos que hacen 225 o 270 Km. en veinticuatro horas.

Las razias

Una tribu que sabe que preparan a una razia contra ella, envía vigías para observar a sus enemigos. Montados sobre yeguas “hijas de judío”, llamadas así por lo diestras y astutas que son. Esos jinetes no llevan más que una ración de cebada para la cena del caballo. Viajan alternando el paso. Cuidando las caballerías con habilidad.

Van a emboscarse a cosa de 130 Km. Si por sus observaciones temen algo contra los suyos, vuelven al instante a prevenir a la tribu para que huya sin demora. De lo contrario se vuelven más despacio. Y aun así, llegan a sus tiendas antes de la oración, después de haber andado sus 200 o 250 Km. en veinticuatro horas. Si hay pelea el día siguiente, el caballo toma parte en ella.

Jinetes árabes al pasoEn esto de marchas extraordinarias hechas por caballos del desierto, citan hechos que parecerían fabulosos si los héroes no existieran aun, y si los testigos no estuvieran presentes para confirmar lo que dicen.

Marchas increibles

Entre mil citaré uno que me ha contado un hombre de la tribu de los Arbáa. Estas son sus palabras:

‘Vine con mi padre y las gentes de mi tribu para comprar granos. Esto era en tiempo del bajá Ali. Los Arbáa habían tenido terribles contiendas con los turcos. Y como el interés del momento les obligaba a fingir una sumisión completa, para conseguir el olvido de lo pasado, convinieron que ganarían a peso de oro los que rodeaban al bajá. Y que a él le mandarían, no un caballo mediano, como solían hacer, sino un animal de lo más asombroso. Era una desgracia, pero Dios lo quiso así; fue preciso resignarse.

La elección cayó sobre una yegua gris-piedra-del-rio que pertenecía a mi padre y que era conocida en todo el Sahara. Le previnieron que se preparase para salir al día siguiente a llevarla a Argel.

No avergüences a mi barba blanca

Después de la plegaria de la tarde, mi padre, que se guardó de hacer ninguna observación, me llamó y me dijo:

—Ben-Zyan, ¿Eres tú el mismo hoy? ¿Dejarás a tu padre en el aprieto o le pondrás la cara encarnada?

—Le contesté: señor, en mí solo existe la voluntad de usted. Mande, y si sus órdenes no son ejecutadas, seré vencido por la muerte.

—Escúchame. Esos hijos del pecado quieren quitarme mi yegua para arreglar sus negocios con el Sultán. Ya sabes, mi yegua gris, que siempre ha hecho la felicidad de mi tienda, la de mis hijos, la de mis camellos. Mi yegua gris, que nació el mismo día que tu hermano el menor.

— ¡Habla!… ¿Sufrirás que avergüencen a mi barba blanca?. La dicha y la felicidad de tu familia están en tus manos. Mordjana (así se llamaba la yegua) ha comido su cebada. Si eres verdaderamente mi hijo, cena, toma tus armas, y después, a la caída de la noche, huye lejos. Intérnate en el desierto con el bien que todos amamos.

Tus deseos son órdenes

Sin contestar una palabra, besé la mano de mi padre, tomé mi cena, salí de Beruaguía. Dichoso de manifestar mi cariño filial y riéndome de antemano del chasco que se llevarían nuestros cheiks al despertarse. Anduve mucho tiempo, temiendo que me persiguieran. Pero Mordjana tenía tanto brío que más bien había que contenerla que excitarla.

(Beruaguía está a seis leguas al sur de Aledéfa. Suagui a treinta y una de Beruaguía, Sidi-bu-Zib, veinticinco más allá. Y al fin Leghrual, veinticuatro leguas más lejos, es decir, a ciento siete leguas al sur de Argel. Unos 430-480 Km.)

Pasadas las dos terceras partes de la noche, me iba cogiendo el sueño. Me paré apeándome, cogí las riendas arrollándolas en mi muñeca. Puse mi fusil bajo mi cabeza y me dormí acostado blandamente sobre una de esas palmeras bajas tan comunes en nuestra tierra. Desperté al cabo de una hora. Mordjana se había comido todas las hojas de la palmera y nos fuimos.

Al amanecer estábamos en Suayui. Mi yegua había sudado y secado tres veces. Le di en los ijares con el talón, bebió en Sidi-bu-Zib, en el Uad-Etuyl. Y por la tarde hice mi plegaria en Leghruat, después de haberle dado un poco de paja para que esperase con paciencia la copiosa ración de cebada que le preparaba.

“Esto no es para vuestros caballos”

“Esas no son marchas para vuestros caballos” —me dijo Sid-ben-Zyan al concluir. “Para los caballos de los cristianos que van desde Argel a Blida – trece leguas (58 Km)- que es la distancia poco más o menos que hay desde mi nariz a mi oreja. ¡Y se figuran haber andado mucho!”

Ese hombre había andado ochenta leguas en veinticuatro horas. (De 320/360 Km.). Su yegua no comió más que las hojas de la palmera sobre la que se acostó su amo. Bebió una sola vez a mitad del camino. Me juró por la cabeza del Profeta que hubiera podido ir a pernoctar el día siguiente a Gardaya (200 Km más allá), si hubiese peligrado su vida.

Sid-ben-Zyan pertenece a una familia de morabitos de los Ulad-Salahh, fracción de la gran tribu de los Arbáas. Viene muy a menudo a Argel y puede contar esta historia al que quiera oírla. Produciendo si fuera necesario, testimonios auténticos.

Otro caso

Otro árabe llamado Mohamed-ben-Mokhtar, vino a comprar granos en el Tell, después de la cosecha. Sus tiendas estaban ya puestas sobre el Uadi Seghruan. Y él se ocupaba en comerciar con los árabes del Tell. El Bey Bu-Mezrag (el padre de la lanza) se arrojó de repente sobre él con una caballería numerosa para castigar uno de aquellos delitos imaginarios que sabían inventar los turcos para saciar su rapacidad.

Caballo árabe empinado

En medio de la razia

Nadie estaba prevenido. La razzia fue completa y los jinetes del Maklizen cometieron todas las atrocidades que acostumbran en semejantes casos. Mohamed-ben-Mokhtar montó rápidamente en su yegua bayo-tostada. Animal magnífico que admiraban y conocían todos los saharianos.

Viendo la gravedad del peligro, determinó sacrificar toda su fortuna para salvar a sus tres hijos. Puso a uno de ellos, de cuatro años, en la delantera de la silla. A otro de siete detrás sobre las ancas, agarrado a la silla. Y quería meter el otro en la capucha de su alquizel, cuando se opuso a ello su mujer diciéndole:

-“No, no te lo daré. No se atreverán a matar un niño de pecho. Vete. Lo guardo conmigo y ¡Dios nos protegerá!”

¡Corre, o cenaremos con Alá!

Mohamed-ben-Mokhtar arremetió y salió de la batalla. Pero perseguido encarnizadamente, tuvo que correr todo el día y toda la noche. Hasta que por la tarde del día siguiente entró en Laghruat, donde se halló seguro. Pocos días después supo que algunos amigos que tenía en el Tell habían salvado a su mujer.

Mohamed-ben-Mokhtar y su mujer viven aun, y los dos hijos que llevó sobre su silla son hoy en día los mejores jinetes de la tribu.

Testigos de confianza

Todos los antiguos oficiales de la división de Orán, saben que en 1.837, un general, teniendo el mayor interés en conseguir informes de Tlemcen, dio su propio caballo a un árabe para que los fuera a buscar. Este salió del Castillo Nuevo (edificado por los españoles, en el que vive el general que manda la provincia) a las cuatro de la mañana. Estaba de vuelta el día siguiente a la misma hora. Después de haber andado 70 leguas (unos 300 Km) sobre un terreno mucho más quebrado que el del desierto”.

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