© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?


La silla inglesa y la que impropiamente se llama rasa, pues una y otra fueron inventadas por los ingleses, son de las que más uso se hace para la caza, sobre todo en Francia y en Inglaterra.

 

Higiene y cuidado de los miembros.

 

Herrando a la bestia. Grabado

Hay cuatro reglas que deben observarse para el buen herraje de los caballos que tienen buenos cascos:

PUNTA ADELANTE, TALÓN ATRÁS. ABRIR POCO O NADA LOS CANDADOS. USAR LOS CLAVOS MÁS DELGADOS DE ASTA. HACER LAS HERRADURAS MUY LIGERAS, SEGÚN LOS CASCOS Y CUERPO DEL CABALLO.

Las cuatro reglas

Primera

Según la primera de estas reglas, conviene echar los clavos a la punta de las manos, y no al talón, para no enclavar al caballo. Porque el talón de las manos es más débil que la punta y tiene menos casco. Y al contrario, han de echarse los clavos al talón de los pies, y no a la punta, porque la punta es más débil en los pies que el talón.

Segunda

La segunda regla, que es abrir poco o nada los candados, quiere decir que no conviene cortar ni ahondar mucho el interior de la mano o del pie del caballo del lado de los talones. Esto debilita mucho el casco y en lugar de ensancharse por este medio, se recogen y estrechan mucho más, sobre todo si no se les deja descanso en los callos de la herradura.

Tercera

La tercera regla es la de emplear los clavos más delgados de asta; porque los muy gruesos abren al clavarlos o al redoblarlos un gran agujero en el casco y le hacen fácilmente saltar. Aparte de que los clavos gruesos son más expuestos a enclavar que los otros, sobre todo a los caballos que son pobres de cascos.

Se emplean los clavos gruesos en los caballos de coche, porque sus cascos son mayores y de más resistencia, pero deben ser delgados de asta y con proporción al tamaño y grueso de la herradura.

Y cuarta.

La cuarta regla de un buen herraje es usar las herraduras más ligeras, según los cascos y cuerpo del animal; porque las muy pesadas estropean los nervios, cansan y fatigan al caballo y se sueltan con el menor esfuerzo o con cualquier piedra en que tropiecen.

 

Reglas particulares para el buen herraje

Además de estas cuatro reglas generales, hay otras cinco particulares no menos esenciales:

La primera es que acompañe la herradura la circunferencia del casco hasta cerca del talón, para que el caballo marche a su gusto. Y que los callos de la herradura no salgan mucho por detrás fuera del plomo del talón, porque cuando salen demasiado se alcanzan las herraduras de las manos con los pies. Se deshierran con facilidad y tienen -sobre todo corriendo- mucho riesgo de caerse.

La segunda regla es que asiente la herradura solamente sobre la tapa y no sobre la palma. Al ser más tierna produciría dolor y cojearé el caballo. Por lo mismo, conviene recoger algo el vuelo interior de la herradura y no clavar altos los clavos. Es decir, que los clavos no se arrimen muy adentro o no participen de la palma.

No hay dos sin tres

La tercera regla es poner los clavos con igualdad y de manera que no se internen unos más que otros. Así evitaremos que comprima alguno la parte sensible del casco.

La cuarta regla es la de redoblar las puntas de los clavos después de puestos. Esto para asegurar la herradura y que el caballo no se hiera ni se roce. Les sucede a los caballos que tienen el herraje antiguo y usado. Se les hunden los clavos y resaltan las puntas en el casco a medida que se desgastan las cabezas.

La quinta y última regla de todo buen herraje es: después de herrado, cortarle y limarle suavemente todo el círculo bajo el casco. Se hace para allanarlo y darle una forma igual y redonda, y quitarle las puntas de las robladuras.

 

Cascos a prueba de acero

Hay caballos tan duros de cascos que no es posible echarles ningún clavo sin que se doble. A estos conviene tenerlos antes en fianzas para que se les enternezca el casco. Así se podrán herrar con más facilidad.

Hay algunos herradores -entre muchos otros realmente buenos- que se ceban al hacer el casco. Disminuyen y quitan los talones, ciñendo la herradura y cerrándola de callos, que afligen a los candados. Y de acopados los hacen patimuleños, cuando de ser bañando la herradura se hacen acopados.

Además de que les suele salir por tapas delgadas, sequedad y descuido, y cerrarles la abertura de talones que la naturaleza les dio para expeler los humores. Esto causa a los caballos dolor y resentimiento en las piedras y al apoyar y cargarse en el freno. No hay peor cojera que la de la disminución del casco.

Si se observan estas cuatro reglas, podremos decir que se ha hecho al caballo un buen herraje.

¿Sabías esto?

Los ponis eran muy útiles para arrastrar peso en los pequeños túneles mineros.