© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?

 

Muchos caballos andaluces, árabes y de otros países cálidos, aunque tienen generalmente la caña delgada son de excelentes brazos y piernas. El clima consolida esta parte y aumenta su fuerza. En los países fríos y húmedos, el que tiene la caña delgada carece de fuerza en sus remos.

 

Cabalgada con nieve

 

La elección del caballo

Partimos de la base de que el que va a emprender una larga cabalgada o marcha, ya esté familiarizado con los caballos, y que sabe montar. Es decir, que tiene una cierta experiencia con los caballos. Que puede darse cuenta de cuándo un caballo está cojo o enfermo, y entiende lo mínimo de su alimentación y de primeros auxilios.

De no ser así, se pondrían él y su caballo en un riesgo inaceptable al embarcarse en tal aventura.

El caballo no debe ser ni demasiado viejo ni demasiado joven. Una buena edad estaría entre los seis y los dieciséis años. Debe ser tranquilo, que no se asuste con el tráfico y que se le pueda atar y trabar. Para una larga cabalgada no elijas un caballo de belleza espectacular. Algunos caballos se han seleccionado para ser admirados por su estampa, no para admirar su comportamiento.

El caballo ideal

Debe ser uno al que le guste viajar, que pueda comer y beber casi cualquier cosa. Que tenga buenos pies, sanos y fuertes, y que sea feliz cada vez que cambia de lugar. Es decir, que tenga un buen estado mental. No que pertenezca a una raza determinada.

Trata de encontrar un caballo que no sea demasiado grande ni demasiado pequeño. No tiene sentido elegir un caballo de 1,70 a menos que uno sea excepcionalmente alto.

Algunas razas pequeñas son más fuertes y resistentes que los caballos más grandes.

Ten en cuenta que un caballo para este tipo de cabalgadas no debería llevar más peso que el de su quinta parte.

Fortaleza

El caballo ideal tiene que ser lo suficientemente fuerte como para llevarle en condiciones adversas durante meses. Y debe tener el coraje emocional para enfrentarse a las dificultades de la travesía.

Considera la posibilidad de que lo inspeccione un veterinario para comprobar su corazón, las patas y los ojos. Hazle entender que lo emplearás para una larga cabalgada. No para correr o saltar. Es su resistencia lo que debe garantizarse.

Si eres propietario de un caballo, pregúntate si es el apropiado para una cabalgada larga. ¿Tiene la suficiente resistencia física y emocional que necesitará? Si tienes dudas, lo mejor es dejarlo en casa y buscar otro.

 

Entrenamiento para la cabalgada

Lo primero que deberías hacer es asegurarte de que tanto tu caballo como tú estéis en las mejores condiciones de forma. Un caballo con sobrepeso o en bajas condiciones estará expuesto a sufrir heridas por el roce de la silla, a un golpe de calor o a fatigarse en exceso.

Mes y medio o dos antes de emprender el viaje deberíais prepararos los dos para que ambos podáis disfrutar de una experiencia extraordinaria.

Antes de salir, intenta entrenar por los caminos cercanos. Puedes empezar sobre terreno llano con sesiones de trote de cinco o diez minutos, seguidos de otros tres al paso. Repite este proceso varias veces cada vez que salgas de paseo.

Después de la primera semana ve aumentando el tiempo del trote y métele por algunas cuestas no demasiado empinadas.

La técnica en nuestra ayuda

Si quieres comprobar con más exactitud la evolución del entrenamiento, deberías hacerte con un pulsómetro. Te indicará cuándo le estás exigiendo demasiado al caballo.

La frecuencia cardíaca equina, en términos generales, para un animal sano, adulto y en reposo, un promedio debería estar entre las treinta y las cuarenta pulsaciones por minuto.

Un ritmo cardíaco bueno está entre las cien y las ciento cuarenta pulsaciones. Nunca le obligues a que llegue a las ciento ochenta.

Al principio

En los primeros días no se le debe obligar a hacer mucho camino ni se le ha de dar mucha comida. Según vaya acostumbrándose al entrenamiento se le pueden aumentar las dos cosas. Llega al final a etapas de veinte o veinticinco kilómetros sin descanso. Que tenga tiempo suficiente de descansar hasta el día siguiente. Comprueba si la silla, la brida y las herraduras no le han producido heridas y todo marcha bien.

Algunos ajustes para que no se haga tan dura la cabalgada

En cuanto a tu comodidad, unos pocos ajustes en la silla la harán un poco más confortable. Puedes ponerle una zalea de lana de las muchas que ofrece el mercado para cualquier tipo de silla.  Aportan comodidad sin sacrificar el contacto con el cuerpo del caballo.

Unas buenas alforjas de grupa o de arzón (pistoleras) son imprescindibles.

Descansa

Para que no se te entumezcan los pies y las piernas por la cantidad de horas que vas a estar sobre el caballo, prueba con unos estribos acolchados y cerrados por delante. Un buen remedio es sacar los pies y dejar colgando las piernas libremente algún rato.

Mejor para los dos: desmontar y caminar un trecho.

Un buen caballo de silla que marche al paso puede llevar por lo menos -sin ningún problema- una carga igual o algo superior al tercio de su propio peso. Es decir, unos ciento setenta kilos para un caballo de quinientos, incluidos los arreos y las alforjas.

No siempre lo joven es mejor

Un caballo joven puede haber adquirido ya todo su desarrollo, pero eso no quiere decir que tenga todavía toda su fuerza. Normalmente no la alcanzará hasta que tenga siete u ocho años.

El buen caballo, en las condiciones que hemos dicho, por terreno casi horizontal, debería hacer unos cuarenta o cuarenta y cinco kilómetros en siete u ocho horas. Descansando una o dos veces. El caballo mantendrá diariamente esta marcha sin fatigarse.

El caballo, por término medio, anda aproximadamente en un minuto:

A buen paso 97 metros. (5,8 Km/h.).

Al trote corto 195. (12 Km/h).

Y al galope corto 312 metros. (19 Km/h).

Un jinete con un caballo en una forma extraordinaria puede cubrir hasta cien km. diarios. Esta cifra es teórica. En realidad, a caballo se suele viajar al paso y no mucho más aprisa que un hombre a pie.

También conviene adiestrar al caballo para montarse por la izquierda o por la derecha. Podrías verte en situaciones apuradas donde no tuvieras más posibilidad que hacerlo así.

¿Sabías esto?

 

Los caballos tienen dos pequeños puntos ciegos. Directamente detrás y delante.

Alimentando a los caballos, con nieve después de la cabalgada

Planificación de la cabalgada

Antes de nada, respóndete a estas cuatro preguntas:

¿Qué comerá el caballo durante la cabalgada y dónde conseguirás su comida?

¿Dónde dormir y alojar al animal?

¿Podrás reemplazar una herradura si tu caballo la pierde?

¿Eres consciente de que en un viaje largo puede ser que tengas que sacrificar al caballo si se rompe una pierna o le golpea un vehículo?

Distancias.

Debido a las dificultades que conlleva el viaje, la distancia a recorrer diariamente variará dependiendo del terreno, del clima, de la disponibilidad de agua, pasto, etc.

Si el caballo y tú estáis en forma, puedes aspirar a un promedio de unos cuarenta kilómetros al día.

Horas de viajar

Dale a tu caballo una buena alimentación de grano al amanecer. Mientras come, recoge el campamento y toma un desayuno ligero. Tan pronto como hayas terminado, ensíllalo y ponte en marcha.

Dale a tu caballo descansos frecuentes, y considera dejarle unos diez minutos de descanso y pastoreo cada hora.

Al comenzar poco después de amanecer, habrás completado la etapa de ese día a primera hora de la tarde. Sólo los jinetes expertos entienden que se necesita la tarde para hacer acuerdos con los lugareños, para encontrar un buen campamento, y para obtener la comida. Tu trabajo comienza cuando acaba el del caballo.

Descansos durante la cabalgada

La mayoría de los jinetes con experiencia convienen en que un día libre a la semana no es bastante para el caballo o el jinete. El caballo no tiene tiempo suficiente para descansar y reponerse.

Recomendamos dos días de descanso cada siete más o menos. O más frecuentemente si se está a mucha altitud, con muchos calores, o en terrenos abruptos y duros para el caballo.

Al montar tiende a ser lento. Usa principalmente el paso y mantén una separación razonable entre los cambios de aire. Deja que el caballo descanse como se ha indicado.

 

Equipamiento

La montura

La silla que elijas debe ser lo más ligera posible. No economices en ella. Las baratas les suelen salir caras al caballo. Si no encaja correctamente, no corregirás el problema añadiéndole rellenos después de producida una herida.

Una buena almohadilla de gel recubierta de materiales naturales como la lana, es una buena inversión.

Una silla, aunque sea ligera, si no está correctamente ajustada podría poner fuera de combate a tu caballo y destrozar tu viaje. Puedes poner entre la mantilla y la silla una manta impermeable para que no sea tan dura y para usarla bajo el saco de dormir.

La montura debería tener múltiples enganches en forma de D donde sujetar otras cosas.

La silla de montar puede causar unas llagas terribles. Una vez más, asegúrate de que esté bien ajustada para tu caballo. Considera usar una silla ajustable, que la podrás adaptar si el caballo pierde o gana peso en el camino. También tienen la ventaja de valer para distintos caballos, algo importante en viajes realmente largos.

¡Mucho cuidado con las heridas!

Las heridas de la silla son el mayor peligro para los jinetes de travesías largas. Se cree que al menos el 80% de las sillas no encajan correctamente. La mayoría han sido diseñadas para el deporte, no para los viajes.

Deberás empapar bien los cueros del equipo previamente en aceite de pata de buey antes de salir. Con la pasada de un trapo, todo se mantendrá flexible y en buen estado, hasta en las condiciones de más humedad.

 Las alforjas

Aunque las clásicas de cuero son buenas y duraderas, son pesadas y necesitan mantenimiento. Las que se hacen con nuevos materiales de alta tecnología son más ligeras. No necesitan más atención que pasarles un trapo, y son impermeables.

La desventaja es que harán que el caballo sude por la zona de contacto con su cuerpo.

Las de lona son resistentes y también son una muy buena opción. El principal defecto del uso de las alforjas es que están diseñadas para jinetes de fin de semana, para un par de días. La tentación de llenarlas nos hace cargar demasiadas cosas que no son necesarias.

 La Carga

Hay un axioma en la caballería que dice “Cuanto más sabes, menos necesitas.” Casi todo el mundo comienza con demasiado equipo y desecha la mayoría a lo largo del camino. Para cabalgadas largas no se debería cargar a un caballo de carga con más de cincuenta kilos de peso muerto. Son mucho más difíciles de llevar que el peso de un ser humano.

La cantidad de equipo que necesitarás dependerá de las características del viaje.

Los elementos básicos pueden ser:

La tienda de campaña, un encendedor y el saco de dormir. Una bolsa de plástico plegable para recoger agua y refrescar al caballo. Cepillos, una navaja suiza. (Que tiene, entre otras muchas herramientas, un gancho para limpiar la palma. Y para desprender los guijarros atascado en la ranilla, que cuesta mucho extraer sin la herramienta apropiada).

Una cazuela, una muda, cinta americana y un trozo de alambre. También un martillo y un par de herraduras de repuesto con sus clavos. Una manta para debajo la silla, un pretal y una baticola. Podrías necesitar un machete corta ramas o una hachuela. 

S.O.S cabalgada

Y sobre todas las cosas, un kit de primeros auxilios para ti y para tu caballo. 

Los mapas no son tan necesarios como hace pocos años, por la generalización del GPS.  

Es importante colocar el mayor peso sobre las espaldas del caballo. Sólo carga en las alforjas de la grupa lo más ligero. No molestarás los riñones al caballo y le evitarás roces.  

Un buen anclaje, se puede hacer con un trozo de ángulo de hierro puntiagudo. Con un agujero en la parte superior para sujetar la cuerda del caballo.

El peso de las alforjas debe estar bien repartido entre los dos lados.

También deberías llevar una pequeña reserva de agua y de avena.

Morito feliz antes de la cabalgadaRecuerda: el mejor equipo del mundo no te ayudará si no conoces a tu caballo. Y si no antepones siempre sus necesidades. Nada puede sustituir  una buena relación con el caballo.

Él lo primero…

En un descampado, si has de llegar a un lugar donde puedan socorrerte, son esenciales dos cosas: agua y un buen calzado. Si formas parte de un grupo, tus compañeros podrán aportarte agua. Pero si tu animal se lesiona, se desbarranca o muere, puedes tener que caminar largas horas. Esto es imposible con un calzado inadecuado. En el mercado hay magníficas botas camperas o de caza.

… y luego tú.

En un descampado (y siempre), no puedes preocuparse de ti antes de haber atendido a tu caballo. Sin él no eres más que unos cuantos kilos sobre dos frágiles piernas. Habrás desperdiciado casi media tonelada de músculos sobre cuatro patas dispuestas a obedecerte. Aunque el animal muera en el intento.

Necesitarás unas botas o polainas adecuadas para protegerte las piernas del roce de las aciones de los estribos. Y un cinturón donde sujetar las cosas que vas a necesitar tener a mano. Además de un chaleco con múltiples bolsillos. Un traje o un poncho impermeable, una linterna y una toalla. Pantalones adecuados para montar, un jersey algo grueso, guantes, y chaparreras o zahones.

 

Cabezada de cuadra multiusos

Si se ha de amarrar a un caballo, se debe usar una cabezada de cuadra a la que se le adosan las riendas y el filete con unos mosquetones. 

En un apuro, una cuerda también nos podría servir de filete. Con un simple nudo ballestrinque cuyas dos asas se introducen en la boca, o cruzando la cuerda dentro de la boca del caballo. Habrás de manejar las riendas con mayor cuidado para no hacerle daño. También se puede dirigir a un caballo con las riendas sujetas a las argollas inferiores de la cabezada. 

¿Sabías esto?

 

El record de ganancias lo tiene el campeón estadounidense Cigar, nacido en 1.990. Entre 1.993 y 1.996 ganó 10 millones de dólares en premios. También es el caballo que más ha ganado en un año: 4,9 millones en 1.996.

 

La cabalgada

En primer lugar se aconseja viajar acompañado. No recomendaremos, en modo alguno, una larga cabalgada a caballo sin compañía. No sería agradable para los amigos o familiares, que se quedan siempre con inquietud. Ni es prudente exponerse sin ayuda a los accidentes que acechan a caballos y jinetes.

Cada vez que hagas lo que sea con el caballo, antes de montarlo debes planificar tus actos y tomar precauciones. Aunque el caballo te parezca muy manso.

Al instalarle por primera vez una baticola, por ejemplo, tenlo muy asegurado para que no reaccione si la rechaza. Si consigues que la acepte la primera vez, es casi seguro que no habrá que preocuparse más del asunto.

Cabalgada de vuelta de Valderejo

Al paso, la única manera de cabalgar es el paso vivo. Con el jinete bien montado y el animal caminando con ganas y casi deseando trotar. O dispuesto a hacerlo al menor estímulo.

Esto se consigue manteniéndole la cabeza algo levantada. Con una suave y elástica tensión de las riendas. Impulsando intermitentemente al animal con la pelvis y la presión de las pantorrillas y tacones. Sólo lo necesario.

Ojo con las grandes extensiones

Si cabalgas por un sendero, el animal lo seguirá. A campo traviesa es más peligroso galopar. El caballo puede cambiar de trayectoria y desestabilizarte. En los espacios abiertos los caballos tienden a desbocarse con mayor facilidad. 

No intentes mantener el galope en una curva. Reduce el aire al trote. Galopar una curva requiere mucho más equilibrio. Y no sabemos si puede aparecer de repente un trapo ondeando al viento. O un vehículo, una bandada de pájaros, un charco o una mancha en el suelo, que asusten al caballo. 

Recuerda mantener siempre tus pies apoyados sólo sobre el tercio anterior del estribo. No dejes que entren hasta el tacón y sostén una ligera presión sobre ellos. La suficiente para no perderlos. 

Que no se te embale

Para detener el galope, siéntate sobre la silla y deja de acompañar el movimiento del caballo con tu pelvis. Aprieta las piernas y estira las pantorrillas hacia adelante presionando fuerte sobre los estribos. Da repetidos y suaves tirones a las riendas (no un único tirón fuerte). 

Cuando el caballo quiere volver a galopar, impídeselo con tironcitos de las riendas. Si insiste o está muy excitado, hazle que marche en círculo. ¿Crees que lo que quiere es reunirse con el resto de caballos? (Si marcháis en grupo). Acércate con la mayor prudencia. 

Si yo no quiero, tú no corres

¿Crees que no puedes detenerle? Hazle galopar en círculo y se lo vas estrechando cada vez más. Para hacer esto puede que no sea suficiente con tirar de la rienda interior. Puede seguir galopando con la cabeza girada hacia un lado.

Para que entre al círculo, aplica de manera intermitente la rienda interior. Y presiónale con los tacones por detrás de la cincha de la misma mano. 

 El problema de una caída y quedarse el pie atrapado en el estribo es que el caballo suele arrancar. Al arrastrar al jinete se asusta más, porque siente que algo le está reteniendo. Acelera su huida y arrastra al jinete de espaldas por el suelo.

Dada la forma del pie, es imposible liberarlo del estribo, hagas lo que hagas.  Hasta puede costarte la vida.

No te quedes estribado

La solución es relativamente simple: si el jinete conserva la serenidad deberá girar su cuerpo para deslizarse sobre el suelo con el pecho. El pie se liberará inmediatamente.

Una mejor solución es llevar estribos pertrechados con un tope de seguridad. Hará imposible que el pie penetre más de lo necesario, evitando quedar estribado.

Llevar al caballo del ramal es necesario si se cabalga por senderos difíciles. En lugar de conducirle con las riendas, es preferible usar una cuerda de un par de metros amarrada a la cabezada.

El animal deberá caminar siempre detrás de ti. A un metro o metro y medio, para evitar que te arrolle si se asusta. No debe caminar a tu lado, porque es casi seguro que te acabará pisando.

El caballo debería estar entrenado para detenerse cuando tú lo hagas.

Empieza tú la marcha

Para iniciar la marcha, si lo llevas con la mano izquierda (la cuerda sostenida de tal forma que puedas soltarla sin que se enrede con tu mano ni en tu cuerpo, y que no se arrastre por el suelo para que no se enrede en las manos del caballo), comienzas tú. Así irás un paso por delante de él y podrás controlarlo mejor.

Si se empieza a acercar, levanta la mano de la cuerda por encima de su cabeza y debería quedarse atrás. Si no obedece bien, repite la maniobra.

Esta vez vuélvete hacia él en actitud agresiva. Bien erguido. Los hombros hacia atrás y la cabeza levantada, desafiante. Nunca te debe sobrepasar el caballo.

Si lo anterior tampoco resulta, levanta los brazos y dale una orden verbal agresiva. Si ya se ha adelantado, estarás en una posición muy precaria que debe ser corregida.

No te desboques, colega

Cuando un caballo se desboca, lo que le impulsa a correr es tan fuerte que le impele a lanzarse a una carrera irracional. Desprecia las órdenes de las riendas. Y hasta de los obstáculos o peligros que pudiera haber en su camino.

Con jinetes novatos, esto suele ocurrir sólo en dos situaciones:

Cuando se está retornando al corral y el jinete no adivina a tiempo sus intenciones y toma medidas correctivas, perdiendo él mismo el control.

Y cuando, galopando, el animal se acelera para ponerse adelante de los otros.

Si no estás preparado para ello, no te coloques por delante de los demás. 

Un clásico

La situación típica es la siguiente: vuelta a casa de una cabalgada. Dos o más jinetes inexpertos inician un galope que creen que será tan controlable como el que pudieron haber hecho a la ida. Los caballos se van excitando galopando en grupo y se van acelerando.

¡Antes de que el jinete lo sepa, no responderán a sus órdenes, por mucho que se tire de las riendas! 

Gran parte de los jinetes que montan por instinto no saben la diferencia entre galopar y dejar que el caballo corra. El galope suave o medio galope es hasta donde debe llegar un novato.

Es un aire ligero, poco desestabilizador y que no agota al caballo. Es el apropiado para recorrer una larga distancia en el menor tiempo posible sin abusar del animal. Pero requiere contacto.

Casi siempre hay algún enterado

Cuando se galopa todos en línea, no falta el enterado de guardia que inmediatamente nos deja atrás. No sabe que galopar no es simplemente dejar que el caballo corra como quiera.

El caballo debe ir a la velocidad que el jinete quiere. Se le puede pedir con el manejo apropiado de las riendas.

En cuanto veas que intenta acelerarse, impídeselo traccionando un poco y de manera intermitente cada una de las riendas. Luego incrementando la tensión.

No esperes hasta que el caballo se haya adelantado mucho, porque entonces sí que se tendrás problemas. Podrías arrastrar a los demás jinetes al desastre de un desbocamiento colectivo. 

A menos que haya una explosión, truenos y relámpagos, o algo similar que le provoque una imperiosa necesidad de huir, el caballo suele avisar. Se pone más ansioso en el galope y más duro de riendas.

Vas al paso o trotando y te has quedado retrasado del grupo. El animal se empieza a inquietar. Da saltitos con las manos y levanta el hocico… ¡arréglatelas para unirte al grupo!.

Si esta no es la causa, aplícale un valium de giros estrechos y acaríciale cuando se tranquilice.

Atento al hocico

No te olvides de controlar la posición del hocico presionándoselo hacia abajo con las riendas bien cortas. Tensiónalas simétricamente con las dos manos. Evita estimularle con los talones o las espuelas. 

Cabalgada encima del mundo

No es frecuente que un caballo se desboque incontrolablemente. Si no resulta la maniobra del giro amplio que hemos dicho más arriba, no es fácil ofrecer soluciones a los jinetes poco expertos.

La clave es la prevención. Lo recomendable es sentarse lo más profundo que se pueda. El cuerpo inclinado hacia atrás y los pies hacia delante, para poder hacer fuerza (de manera intermitente y sólo cuando sea oportuno) sobre las riendas sin desestabilizarse.

Si esta posición desestabiliza al jinete, tratará de mantenerse sobre dos puntos, casi sin tocar la silla. Como cuando en un hipódromo se pide al caballo todo lo que puede dar. Si no tienes experiencia ¡Ni se te ocurra intentarlo! 

Prevenir antes que curar

No conseguirás nada sólo con tirar de las riendas si el caballo ya está desbocado. Si no hay espacio para hacerlo galopar en un círculo amplio, intenta breves y repetidas tracciones. Repetidas de una y otra rienda. Hasta que la velocidad se reduzca lo suficiente para tirar fuerte y decididamente de una de ellas. Bien baja y alejada del cuello, para que el caballo cambie de rumbo sin desestabilizarse.

Si el caballo no está entrenado para ceder los posteriores, continuará su rumbo con la cabeza ladeada. Por eso debes evaluar a tu animal en cuanto lo montes por primera vez. Para conocer sus reacciones.

¿Estabas domado o sólo lo parecías?

Algunos caballos ‘domados’ (que soportan a un jinete), no están realmente domados. Sólo puede considerarse domado un caballo cuando un jinete capacitado puede hacer que se sitúe exactamente en la posición o dirección deseada. 

 Si a un acompañante se le desboca el caballo, no intentes perseguirlo. No hay nada que puedas hacer para ayudarle. Probablemente sólo conseguirás que el otro animal se estimule aún más.

El héroe de película que salva a la hermosa joven de una loca carrera descontrolada es sólo una ficción. Imposible en la vida real. 

Es frecuente que, yendo un grupo de caballos al galope, a tu caballo le apetezca adelantarse a los demás. Que se acelere cada vez más sin que puedas detenerlo de la manera habitual. Sobre todo si antes has abusado de la tensión de las riendas.

El animal, como se ha insensibilizado de ellas, encoge el cuello y adelanta las patas traseras (se reúne). Esto produce un galope brusco y que empieces a dar saltos sobre la silla. O bien que se lance a un temible galope tendido.

Úsese en caso de emergencia

En cuanto creas que va a pasar esto recurre al ‘freno de emergencia’ . O a la maniobra del círculo amplio. Tira sin brusquedad e intermitentemente de una rienda y sepárala del cuello. A la vez le sueltas un poco la otra y la empujas contra el cuello. (Por eso, entre otras cosas, es bueno llevar una rienda en cada mano).

Presiona con el talón interior detrás de la cincha hasta que el animal entre al círculo y lo mantenga.

El círculo no sólo le disminuye los bríos, sino que le devuelve al grupo. El caballo moderará su avance y podrás volver a controlarlo.

Puede ser un poco más difícil mantenerse sobre la silla cuando gira. Aunque mucho menos que cuando galopa sin control. El gran problema del giro amplio es que, como hemos dicho, el caballo puede no obedecer sólo con el estímulo de las riendas.

¡A tu sitio!

Continúa su loca carrera con la cabeza lateralizada. Por eso debes obligarle a meterse al círculo. Desplazando las ancas hacia el exterior con un decidido estímulo de tu pierna y talón interior por detrás de la cincha.  

En definitiva, aunque te equivoques y el animal no esté desbocado. Si no tienes más recurso, ponlo en un círculo amplio en cuanto veas que te cuesta moderar su velocidad.

El problema es que hay lugares en los que no hay espacio suficiente para trazar un círculo amplio.

Cuídate del galope tendido, especialmente si no conoces bien al caballo. Nunca lo permitas de vuelta a la querencia. Y menos cabalgando con compañía.

Que no se me desmande nadie

Si estás liderando un grupo y un compañero sobrepasa el límite de la prudencia, retén inmediatamente a su caballo. Que mantenga la cadencia que tú le marques.

Cuando se galopa en grupo, asegúrate de que el animal responde a las riendas. Desacelerále de vez en cuando con tracciones de una de ellas. No le permitas acelerarse más allá de lo prudente, ni que se adelante a los otros animales.

Si no responde, gíralo 90º antes de que se embale. O aplícale el “freno de emergencia” si lo domináis bien tú y tu caballo. ( Ver más abajo).

Si todo tu grupo se acelera con imprudencia, retén a tu caballo. (Quedará muy excitado). Tranquilízalo con giros cortos y repetidos. Con eso se distraerá al animal y le demostrarás que mandas tú.

Si el resto del grupo se desbocó, cabalga en otra dirección. Pero con el caballo bien controlado con un contacto categórico. Es probable que continúe excitado. 

Por nada en el mundo permitas que tu caballo se lance tras los otros. Llevarle la contraria en estas condiciones no degenerará en una parada brusca de manos ni en corcoveos.

¿Y ahora qué hacemos?

No es muy difícil evitar un desbocamiento. Pero cuando se ha producido es muy difícil de controlar.

Aunque el galope tendido en el campo abierto tiende a estimular excesivamente al animal, por lo menos tienes la posibilidad de ponerlo en un círculo amplio. Esto es imposible en un sendero con barreras a ambos lados.

No conocemos ningún truco mágico para detener una escapada en estas condiciones. Lo que sí es cierto es que el culpable de que estas cosas ocurran es siempre el jinete. Aunque nos cueste aceptarlo.

¡Riendas… piernas… y piernas!.

No permitas que pierdan el contacto con el caballo. Aunque estés corriendo a galope tendido. Si lo haces, el animal irá por y hacia donde le parezca más natural.

Acabó la cabalgada. Última luz en Lejarzo

Al grano

En conclusión: un grupo de caballos debe ir siempre liderado por un jinete experimentado. Que sea buen conocedor y capaz de dar las órdenes precisas para abortar o terminar un desbocamiento. Los menos avezados deben aceptar su liderazgo. 

No sobreestimes tu capacidad ni subestimes la posibilidad de una reacción inesperada del caballo. Si no estás seguro, no dejes de agarrarte a su crin. Con o sin montura. 

¿Hemos sido presentados?

No montes caballos desconocidos sin informarte de sus mañas.

Nunca te descuides de mantener el contacto con el caballo. El animal más pacífico puede de pronto querer liberarse de la carga.

No acorrales a tu animal sin darle una posibilidad de escape controlable. Sin éste, puede expresar una violencia impresionante.

Piensa como un caballo y sabrás que pueden sentir claustrofobia, etc. Nunca te descuides, evalúa siempre qué es lo que hará el caballo ante un suceso inesperado. Mantente siempre en condiciones de controlarlo.

Abortar una acción que no se le ha mandado no es difícil. Controlar a un caballo que ha decidido por sí mismo lo que quiere hacer, requiere mucha capacitación.

Si no te sientes cómodo con tus aparejos corrígelo inmediatamente. Una cincha suelta es muy peligrosa. Especialmente al galope y en un giro brusco.

Cuando la silla no está firme en cualquier circunstancia, detente para ajustarla. Las monturas sólo son seguras si están bien firmes. 

En una cabalgada, siempre el casco.

Las consecuencias más frecuentes y más graves se deben a golpes de la cabeza contra el suelo. La cabeza es muy pesada. Aunque uno caiga sobre un costado, ésta suele golpear el suelo. Si lo hace sobre una piedra, mejor no imaginarlo.

No es un gran pecado si sólo se trata a “andar a caballo”. Si vas a intentar maniobras más exigentes o vas a montar en un caballo difícil, a menos que sea en la playa, usa un casco. Los huesos de la cabeza son sagrados y hay que protegerlos. También te protegerá eficazmente de la lluvia y de las ramas de los árboles. 

No te creas invencible. Si montas por deporte en vez de salir a pasear al caballo, te esperan algunos porrazos.

¿Sabías esto?

 

Entre las yeguas, la que más ha ganado es Hokuto Vega (nacida en 1.990).
Entre 1.993 y 1.997 cosechó 8,3 millones en el Japón.

Soñando la cabalgada. Caballos con nieve

 

INCIDENTES

En ciertas ocasiones deberás corregir algunas conductas del caballo durante una cabalgada. Cuando tengas que castigarle, no lo hagas nunca pegándole. Oblígale a hacer algo que le resulte desagradable, como por ejemplo girar en corto.

No le dejes que se comporte mal y “castígalo” si es necesario. siempre debes ser tú quien mande, pero evita enfrentarte a él.

No hay problemas

Si durante la cabalgada se asusta por algún objeto, oblígale a acercarse para que vea que no tiene nada que temer cuando está contigo. Lo mismo si se niega a cruzar un arroyo. Insiste sin castigos dolorosos, pero estate dispuesto a “ordenarle” cambiar el rumbo.

Muy a menudo el caballo se negará categóricamente a enfrentarse a lo que le asusta.

Para evitar estos inconvenientes, cuando en una cabalgada se viaja en compañía de otros caballos, es probable que el animal decida imitar a otro que no tenga ese problema. También si le llevas del ramal.

Deberemos acercar al animal al obstáculo para que lo reconozca y vea que no le pasa nada. Que comprenda que no hay peligro. Pero si al miedo que ha sentido le agregamos el estrés del castigo, los asociará. Se reafirmará en que tenía razones para asustarse, y lo repetirá siempre.

No te enfades con tu caballo. Prémiale cuando venza al miedo. El caballo debe confiar en su jinete y no temerle. Por eso no es bueno dejar un caballo bien educado a cualquiera, porque ya aprendió a confiar.

Todo por la borda

Si un tontorrón lo monta y le pega porque se asusta o porque no hace lo que el jinete quiere. O si le fuerza demasiado y se cae, se golpea o tiene algún otro accidente, la pobre capacidad de análisis del caballo le hará perder de inmediato la confianza en los humanos. La próxima vez que te acerques se preparará para un mal trato.

Una sola bofetada o golpe abusivo te hará perder muchas horas tratando de recuperar su confianza.

La compañía y la permanente atención del dueño marcan la diferencia entre un animal malo y uno tierno y confiado.

 

Amarrar a un caballo

Hay que cuidar que las riendas no caigan al suelo. Para que no las pise o se enrede en ellas y a la vez conserve la posibilidad de bajar la cabeza para comer lo que encuentre. Una fácil alternativa es sujetarlas en el ahogadero. 

Nunca amarres a un caballo directamente al cuello. Si se asusta o se rebela le resulta muy fácil levantar la cabeza y retroceder con extrema violencia. Aunque el nudo no sea corredizo, se dañará la piel del cuello.

No dejes de llevar una buena navaja para cortar lo que sea cuando debas hacerlo. Podrías salvar la vida de tu caballo. En el descampado dependes de tu caballo y no puedes perderlo.

Si lo amarras a un árbol con las riendas, cualquier estímulo poderoso (un susto o las ansias de acercarse a un pasto más tierno) puede hacer que se libere rompiendo la brida o las riendas. Usa una jáquima-rienda o cabezada de cuadra-rienda.

El burro nunca por delante de la carga

Si no dispones de ellas, amárralo con una cuerda firme al cuello con un nudo no corredizo. Para que no se ahorque si intenta liberarse. Nunca, nunca dejes de ponerle las riendas antes de ensillarlo. Y nunca, nunca dejes de tenerlas bien aseguradas cuando lo ensillas. Así podrás controlar cualquier mal comportamiento.

Antes de la cabalgada

Las riendas se ponen antes que la silla y se retiran después. Aunque el caballo esté amarrado. 

Nunca amarres al caballo a algo que pueda arrastrar. Sólo átalo a algún elemento inmóvil y con una cuerda que se pueda cortar fácilmente. Si el caballo tiene una reacción de pánico y no consigue mover lo que le retiene y la cuerda no se parte, se aterrará. Retrocederá con el hocico levantado y con una fuerza y violencia que no te imaginas si no lo has presenciado.

¡Que no cunda el pánico!

Si el animal entra en pánico, hasta un punto de amarre sólido y una cuerda resistente pueden provocar un escándalo mayúsculo. Y hasta lesionar al animal. Lo ideal sería amarrarle a algo sólido, pero mediando una zona elástica. Algunos ramales que nos ofrece el mercado ya la traen.

Así, su intento por liberarse se encontraría con una resistencia progresiva, similar a la que le aplicarías en esas condiciones. El intento de liberarse tendría menos posibilidad de éxito.

Basta con una vez que el caballo se salga con la suya para que aprenda que así se libra del jinete.

 

Al llegar al destino de la cabalgada

Cuando se llega cerca de nuestra posada se les debe acortar el paso. Que entren frescos y serenos. Deben aflojarse las cinchas, sacarle la baticola, soltarle el pretal y quitarle la silla.

Hay que cuidar de lavarle las piernas y los brazos  hasta la parte superior de los corvejones y las rodillas.

Nunca el vientre, porque se expondría el caballo a torozones. También a la contracción y estrangulación del vaso espermático si el caballo fuese entero.

Es casi siempre mortal, y no ocurre tanto en Francia  -por ser la mayoría de los caballos capones- como en Italia, en España y en otros países.

Lavar los brazos y las piernas con agua fría al caballo es excelente. Si se les frota en lugar de lavárselos, se precipitan y se fijan en estas partes los humores producidos por el ejercicio. Y al contrario, el agua fría conserva sanos los remos.

Caballos calientes

Cuando un caballo está muy caliente por haber corrido o estar sofocado, o por haber cabalgado con un tiempo caluroso, lo mejor es desembridarle. Quitarle la silla en un lugar donde no corra viento. Ponerle el desbabador. Raerle el sudor y enjugarle inmediatamente con un paño la cabeza, alrededor de las orejas.

Y hacer lo mismo entre los brazos y muslos. Lavándole y limpiándole después los ojos, la parte exterior e interior de los ollares, los labios, los belfos, el barboquejo y el ano. Todo con una esponja mojada en agua clara.

Esta limpieza es de gran beneficio al caballo. Todas estas partes se cargan mucho de polvo con el sudor. Forma una especie de masa que se le introduce por los poros y le causa graves daños.

Después es conveniente frotarle con un poco de paja el lomo.

Caballo abrevando

Para que se seque más pronto, ponle encima la manta. Lávale luego los brazos y las piernas, como antes hemos dicho. Echale la cama de paja fresca para incitarle a orinar. Le serenará y hará descansar mucho al caballo.

Los pies, los pies…

No es menos útil quitarle la tierra y las piedras que se le hayan podido meter entre los cascos y las herraduras. Comprueba si en éstas falla alguna cosa.

Cuando un caballo se echa nada más que llega a la posada, es buena indicación de que tiene algún dolor en los cascos. Bien por tenerlos naturalmente débiles o doloridos, o porque las herraduras le molestan.

Si se le nota caliente el casco, se le debe quitar la herradura y mirar si asienta sobre la palma. Se aprecia a simple vista. El hierro está más reluciente en la parte con la que oprime.

En este caso debe hacérsele nuevamente el casco. Y modificar la herradura para que marche más a gusto.

Es también esencial, después de haberle quitado la brida, lavarla y secarla siempre con algún trapo. Esto la conservará limpia e impedirá que se agarre la grasa y porquería a la embocadura y que el caballo pierda el apetito.

Después se ha de mirar el basto de la silla. Si estuviese muy sudado se  secará al sol o a la lumbre. Antes de volver a ponérsela se cepillará o se sacudirá muy bien con una vara para que suelte la porquería y el sudor.  Evitará  mataduras al caballo.

No te des a la bebida

Nunca se debe dar de beber al animal hasta que esté bien seco y sereno, porque nada hay tan peligroso. Conviene, antes de que beba, darle un puñado de paja.

Como resultado de la fatiga o de una larga cabalgada, se le hinchan al caballo los extremos de sus remos. En cuanto haya concluido el viaje se le quitarán los dos últimos clavos de cada mano. Se le limpiarán bien las ranillas y se le pondrá en fianzas un día o dos, haciéndole el casco después. Este es un remedio excelente para darle descanso.

Si fuese en tiempo de calores y existiese cerca algún rio, es muy útil también llevarle por la mañana y por la tarde. Y dejarle durante una media hora cada vez en el agua hasta las rodillas y los corvejones. Es el mejor remedio para fortalecerle los brazos y las piernas.

¿Sabías esto?

Casi un año tardó, viajando a caballo, en atravesar la Argentina después de recorrer más de 7.500 kilómetros Gerardo Medina. Apodado “El tigre”, con 59 años, el 25 de mayo de 2015 partió desde La Quiaca. Avanzó entre veinte y cuarenta kilómetros diarios. Superó grandes tormentas y temperaturas bajo cero.

 

 

Con nuestro agradecimiento al Dr. D. Renato Aguirre Bianchi por sus aportaciones a este capítulo.

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CABALGADA. Viajar a caballo.

© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?

 

Muchos caballos andaluces, árabes y de otros países cálidos, aunque tienen generalmente la caña delgada son de excelentes brazos y piernas. El clima consolida esta parte y aumenta su fuerza. En los países fríos y húmedos, el que tiene la caña delgada carece de fuerza en sus remos.

 

Cabalgada con nieve

 

La elección del caballo

Partimos de la base de que el que va a emprender una larga cabalgada o marcha, ya esté familiarizado con los caballos, y que sabe montar. Es decir, que tiene una cierta experiencia con los caballos. Que puede darse cuenta de cuándo un caballo está cojo o enfermo, y entiende lo mínimo de su alimentación y de primeros auxilios.

De no ser así, se pondrían él y su caballo en un riesgo inaceptable al embarcarse en tal aventura.

El caballo no debe ser ni demasiado viejo ni demasiado joven. Una buena edad estaría entre los seis y los dieciséis años. Debe ser tranquilo, que no se asuste con el tráfico y que se le pueda atar y trabar. Para una larga cabalgada no elijas un caballo de belleza espectacular. Algunos caballos se han seleccionado para ser admirados por su estampa, no para admirar su comportamiento.

El caballo ideal

Debe ser uno al que le guste viajar, que pueda comer y beber casi cualquier cosa. Que tenga buenos pies, sanos y fuertes, y que sea feliz cada vez que cambia de lugar. Es decir, que tenga un buen estado mental. No que pertenezca a una raza determinada.

Trata de encontrar un caballo que no sea demasiado grande ni demasiado pequeño. No tiene sentido elegir un caballo de 1,70 a menos que uno sea excepcionalmente alto.

Algunas razas pequeñas son más fuertes y resistentes que los caballos más grandes.

Ten en cuenta que un caballo para este tipo de cabalgadas no debería llevar más peso que el de su quinta parte.

Fortaleza

El caballo ideal tiene que ser lo suficientemente fuerte como para llevarle en condiciones adversas durante meses. Y debe tener el coraje emocional para enfrentarse a las dificultades de la travesía.

Considera la posibilidad de que lo inspeccione un veterinario para comprobar su corazón, las patas y los ojos. Hazle entender que lo emplearás para una larga cabalgada. No para correr o saltar. Es su resistencia lo que debe garantizarse.

Si eres propietario de un caballo, pregúntate si es el apropiado para una cabalgada larga. ¿Tiene la suficiente resistencia física y emocional que necesitará? Si tienes dudas, lo mejor es dejarlo en casa y buscar otro.

 

Entrenamiento para la cabalgada

Lo primero que deberías hacer es asegurarte de que tanto tu caballo como tú estéis en las mejores condiciones de forma. Un caballo con sobrepeso o en bajas condiciones estará expuesto a sufrir heridas por el roce de la silla, a un golpe de calor o a fatigarse en exceso.

Mes y medio o dos antes de emprender el viaje deberíais prepararos los dos para que ambos podáis disfrutar de una experiencia extraordinaria.

Antes de salir, intenta entrenar por los caminos cercanos. Puedes empezar sobre terreno llano con sesiones de trote de cinco o diez minutos, seguidos de otros tres al paso. Repite este proceso varias veces cada vez que salgas de paseo.

Después de la primera semana ve aumentando el tiempo del trote y métele por algunas cuestas no demasiado empinadas.

La técnica en nuestra ayuda

Si quieres comprobar con más exactitud la evolución del entrenamiento, deberías hacerte con un pulsómetro. Te indicará cuándo le estás exigiendo demasiado al caballo.

La frecuencia cardíaca equina, en términos generales, para un animal sano, adulto y en reposo, un promedio debería estar entre las treinta y las cuarenta pulsaciones por minuto.

Un ritmo cardíaco bueno está entre las cien y las ciento cuarenta pulsaciones. Nunca le obligues a que llegue a las ciento ochenta.

Al principio

En los primeros días no se le debe obligar a hacer mucho camino ni se le ha de dar mucha comida. Según vaya acostumbrándose al entrenamiento se le pueden aumentar las dos cosas. Llega al final a etapas de veinte o veinticinco kilómetros sin descanso. Que tenga tiempo suficiente de descansar hasta el día siguiente. Comprueba si la silla, la brida y las herraduras no le han producido heridas y todo marcha bien.

Cabalgada por Sierra Salvada

Algunos ajustes para que no se haga tan dura la cabalgada

En cuanto a tu comodidad, unos pocos ajustes en la silla la harán un poco más confortable. Puedes ponerle una zalea de lana de las muchas que ofrece el mercado para cualquier tipo de silla.  Aportan comodidad sin sacrificar el contacto con el cuerpo del caballo.

Unas buenas alforjas de grupa o de arzón (pistoleras) son imprescindibles.

Descansa

Para que no se te entumezcan los pies y las piernas por la cantidad de horas que vas a estar sobre el caballo, prueba con unos estribos acolchados y cerrados por delante. Un buen remedio es sacar los pies y dejar colgando las piernas libremente algún rato.

Mejor para los dos: desmontar y caminar un trecho.

Un buen caballo de silla que marche al paso puede llevar por lo menos -sin ningún problema- una carga igual o algo superior al tercio de su propio peso. Es decir, unos ciento setenta kilos para un caballo de quinientos, incluidos los arreos y las alforjas.

No siempre lo joven es mejor

Un caballo joven puede haber adquirido ya todo su desarrollo, pero eso no quiere decir que tenga todavía toda su fuerza. Normalmente no la alcanzará hasta que tenga siete u ocho años.

El buen caballo, en las condiciones que hemos dicho, por terreno casi horizontal, debería hacer unos cuarenta o cuarenta y cinco kilómetros en siete u ocho horas. Descansando una o dos veces. El caballo mantendrá diariamente esta marcha sin fatigarse.

El caballo, por término medio, anda aproximadamente en un minuto:

A buen paso 97 metros. (5,8 Km/h.).

Al trote corto 195. (12 Km/h).

Y al galope corto 312 metros. (19 Km/h).

Un jinete con un caballo en una forma extraordinaria puede cubrir hasta cien km. diarios. Esta cifra es teórica. En realidad, a caballo se suele viajar al paso y no mucho más aprisa que un hombre a pie.

También conviene adiestrar al caballo para montarse por la izquierda o por la derecha. Podrías verte en situaciones apuradas donde no tuvieras más posibilidad que hacerlo así.

¿Sabías esto?

 

Los caballos tienen dos pequeños puntos ciegos. Directamente detrás y delante.

Alimentando a los caballos, con nieve después de la cabalgada

Planificación de la cabalgada

Antes de nada, respóndete a estas cuatro preguntas:

¿Qué comerá el caballo durante la cabalgada y dónde conseguirás su comida?

¿Dónde dormir y alojar al animal?

¿Podrás reemplazar una herradura si tu caballo la pierde?

¿Eres consciente de que en un viaje largo puede ser que tengas que sacrificar al caballo si se rompe una pierna o le golpea un vehículo?

Distancias.

Debido a las dificultades que conlleva el viaje, la distancia a recorrer diariamente variará dependiendo del terreno, del clima, de la disponibilidad de agua, pasto, etc.

Si el caballo y tú estáis en forma, puedes aspirar a un promedio de unos cuarenta kilómetros al día.

Horas de viajar

Dale a tu caballo una buena alimentación de grano al amanecer. Mientras come, recoge el campamento y toma un desayuno ligero. Tan pronto como hayas terminado, ensíllalo y ponte en marcha.

Dale a tu caballo descansos frecuentes, y considera dejarle unos diez minutos de descanso y pastoreo cada hora.

Al comenzar poco después de amanecer, habrás completado la etapa de ese día a primera hora de la tarde. Sólo los jinetes expertos entienden que se necesita la tarde para hacer acuerdos con los lugareños, para encontrar un buen campamento, y para obtener la comida. Tu trabajo comienza cuando acaba el del caballo.

Descansos durante la cabalgada

La mayoría de los jinetes con experiencia convienen en que un día libre a la semana no es bastante para el caballo o el jinete. El caballo no tiene tiempo suficiente para descansar y reponerse.

Recomendamos dos días de descanso cada siete más o menos. O más frecuentemente si se está a mucha altitud, con muchos calores, o en terrenos abruptos y duros para el caballo.

Al montar tiende a ser lento. Usa principalmente el paso y mantén una separación razonable entre los cambios de aire. Deja que el caballo descanse como se ha indicado.

 

Equipamiento

La montura

La silla que elijas debe ser lo más ligera posible. No economices en ella. Las baratas les suelen salir caras al caballo. Si no encaja correctamente, no corregirás el problema añadiéndole rellenos después de producida una herida.

Una buena almohadilla de gel recubierta de materiales naturales como la lana, es una buena inversión.

Una silla, aunque sea ligera, si no está correctamente ajustada podría poner fuera de combate a tu caballo y destrozar tu viaje. Puedes poner entre la mantilla y la silla una manta impermeable para que no sea tan dura y para usarla bajo el saco de dormir.

La montura debería tener múltiples enganches en forma de D donde sujetar otras cosas.

La silla de montar puede causar unas llagas terribles. Una vez más, asegúrate de que esté bien ajustada para tu caballo. Considera usar una silla ajustable, que la podrás adaptar si el caballo pierde o gana peso en el camino. También tienen la ventaja de valer para distintos caballos, algo importante en viajes realmente largos.

¡Mucho cuidado con las heridas!

Las heridas de la silla son el mayor peligro para los jinetes de travesías largas. Se cree que al menos el 80% de las sillas no encajan correctamente. La mayoría han sido diseñadas para el deporte, no para los viajes.

Deberás empapar bien los cueros del equipo previamente en aceite de pata de buey antes de salir. Con la pasada de un trapo, todo se mantendrá flexible y en buen estado, hasta en las condiciones de más humedad.

 Las alforjas

Aunque las clásicas de cuero son buenas y duraderas, son pesadas y necesitan mantenimiento. Las que se hacen con nuevos materiales de alta tecnología son más ligeras. No necesitan más atención que pasarles un trapo, y son impermeables.

La desventaja es que harán que el caballo sude por la zona de contacto con su cuerpo.

Las de lona son resistentes y también son una muy buena opción. El principal defecto del uso de las alforjas es que están diseñadas para jinetes de fin de semana, para un par de días. La tentación de llenarlas nos hace cargar demasiadas cosas que no son necesarias.

 La Carga

Hay un axioma en la caballería que dice “Cuanto más sabes, menos necesitas.” Casi todo el mundo comienza con demasiado equipo y desecha la mayoría a lo largo del camino. Para cabalgadas largas no se debería cargar a un caballo de carga con más de cincuenta kilos de peso muerto. Son mucho más difíciles de llevar que el peso de un ser humano.

La cantidad de equipo que necesitarás dependerá de las características del viaje.

Los elementos básicos pueden ser:

La tienda de campaña, un encendedor y el saco de dormir. Una bolsa de plástico plegable para recoger agua y refrescar al caballo. Cepillos, una navaja suiza. (Que tiene, entre otras muchas herramientas, un gancho para limpiar la palma. Y para desprender los guijarros atascado en la ranilla, que cuesta mucho extraer sin la herramienta apropiada).

Una cazuela, una muda, cinta americana y un trozo de alambre. También un martillo y un par de herraduras de repuesto con sus clavos. Una manta para debajo la silla, un pretal y una baticola. Podrías necesitar un machete corta ramas o una hachuela. 

S.O.S cabalgada

Y sobre todas las cosas, un kit de primeros auxilios para ti y para tu caballo. 

Los mapas no son tan necesarios como hace pocos años, por la generalización del GPS.  

Es importante colocar el mayor peso sobre las espaldas del caballo. Sólo carga en las alforjas de la grupa lo más ligero. No molestarás los riñones al caballo y le evitarás roces.  

Un buen anclaje, se puede hacer con un trozo de ángulo de hierro puntiagudo. Con un agujero en la parte superior para sujetar la cuerda del caballo.

El peso de las alforjas debe estar bien repartido entre los dos lados.

También deberías llevar una pequeña reserva de agua y de avena.

Morito feliz antes de la cabalgadaRecuerda: el mejor equipo del mundo no te ayudará si no conoces a tu caballo. Y si no antepones siempre sus necesidades. Nada puede sustituir  una buena relación con el caballo.

Él lo primero…

En un descampado, si has de llegar a un lugar donde puedan socorrerte, son esenciales dos cosas: agua y un buen calzado. Si formas parte de un grupo, tus compañeros podrán aportarte agua. Pero si tu animal se lesiona, se desbarranca o muere, puedes tener que caminar largas horas. Esto es imposible con un calzado inadecuado. En el mercado hay magníficas botas camperas o de caza.

… y luego tú.

En un descampado (y siempre), no puedes preocuparse de ti antes de haber atendido a tu caballo. Sin él no eres más que unos cuantos kilos sobre dos frágiles piernas. Habrás desperdiciado casi media tonelada de músculos sobre cuatro patas dispuestas a obedecerte. Aunque el animal muera en el intento.

Necesitarás unas botas o polainas adecuadas para protegerte las piernas del roce de las aciones de los estribos. Y un cinturón donde sujetar las cosas que vas a necesitar tener a mano. Además de un chaleco con múltiples bolsillos. Un traje o un poncho impermeable, una linterna y una toalla. Pantalones adecuados para montar, un jersey algo grueso, guantes, y chaparreras o zahones.

 

Cabezada de cuadra multiusos

Si se ha de amarrar a un caballo, se debe usar una cabezada de cuadra a la que se le adosan las riendas y el filete con unos mosquetones. 

En un apuro, una cuerda también nos podría servir de filete. Con un simple nudo ballestrinque cuyas dos asas se introducen en la boca, o cruzando la cuerda dentro de la boca del caballo. Habrás de manejar las riendas con mayor cuidado para no hacerle daño. También se puede dirigir a un caballo con las riendas sujetas a las argollas inferiores de la cabezada. 

¿Sabías esto?

 

El record de ganancias lo tiene el campeón estadounidense Cigar, nacido en 1.990. Entre 1.993 y 1.996 ganó 10 millones de dólares en premios. También es el caballo que más ha ganado en un año: 4,9 millones en 1.996.

 

La cabalgada

En primer lugar se aconseja viajar acompañado. No recomendaremos, en modo alguno, una larga cabalgada a caballo sin compañía. No sería agradable para los amigos o familiares, que se quedan siempre con inquietud. Ni es prudente exponerse sin ayuda a los accidentes que acechan a caballos y jinetes.

Cada vez que hagas lo que sea con el caballo, antes de montarlo debes planificar tus actos y tomar precauciones. Aunque el caballo te parezca muy manso.

Al instalarle por primera vez una baticola, por ejemplo, tenlo muy asegurado para que no reaccione si la rechaza. Si consigues que la acepte la primera vez, es casi seguro que no habrá que preocuparse más del asunto.

Cabalgada de vuelta de Valderejo

Al paso, la única manera de cabalgar es el paso vivo. Con el jinete bien montado y el animal caminando con ganas y casi deseando trotar. O dispuesto a hacerlo al menor estímulo.

Esto se consigue manteniéndole la cabeza algo levantada. Con una suave y elástica tensión de las riendas. Impulsando intermitentemente al animal con la pelvis y la presión de las pantorrillas y tacones. Sólo lo necesario.

Ojo con las grandes extensiones

Si cabalgas por un sendero, el animal lo seguirá. A campo traviesa es más peligroso galopar. El caballo puede cambiar de trayectoria y desestabilizarte. En los espacios abiertos los caballos tienden a desbocarse con mayor facilidad. 

No intentes mantener el galope en una curva. Reduce el aire al trote. Galopar una curva requiere mucho más equilibrio. Y no sabemos si puede aparecer de repente un trapo ondeando al viento. O un vehículo, una bandada de pájaros, un charco o una mancha en el suelo, que asusten al caballo. 

Recuerda mantener siempre tus pies apoyados sólo sobre el tercio anterior del estribo. No dejes que entren hasta el tacón y sostén una ligera presión sobre ellos. La suficiente para no perderlos. 

Que no se te embale

Para detener el galope, siéntate sobre la silla y deja de acompañar el movimiento del caballo con tu pelvis. Aprieta las piernas y estira las pantorrillas hacia adelante presionando fuerte sobre los estribos. Da repetidos y suaves tirones a las riendas (no un único tirón fuerte). 

Cuando el caballo quiere volver a galopar, impídeselo con tironcitos de las riendas. Si insiste o está muy excitado, hazle que marche en círculo. ¿Crees que lo que quiere es reunirse con el resto de caballos? (Si marcháis en grupo). Acércate con la mayor prudencia. 

Si yo no quiero, tú no corres

¿Crees que no puedes detenerle? Hazle galopar en círculo y se lo vas estrechando cada vez más. Para hacer esto puede que no sea suficiente con tirar de la rienda interior. Puede seguir galopando con la cabeza girada hacia un lado.

Para que entre al círculo, aplica de manera intermitente la rienda interior. Y presiónale con los tacones por detrás de la cincha de la misma mano. 

 El problema de una caída y quedarse el pie atrapado en el estribo es que el caballo suele arrancar. Al arrastrar al jinete se asusta más, porque siente que algo le está reteniendo. Acelera su huida y arrastra al jinete de espaldas por el suelo.

Dada la forma del pie, es imposible liberarlo del estribo, hagas lo que hagas.  Hasta puede costarte la vida.

No te quedes estribado

La solución es relativamente simple: si el jinete conserva la serenidad deberá girar su cuerpo para deslizarse sobre el suelo con el pecho. El pie se liberará inmediatamente.

Una mejor solución es llevar estribos pertrechados con un tope de seguridad. Hará imposible que el pie penetre más de lo necesario, evitando quedar estribado.

Llevar al caballo del ramal es necesario si se cabalga por senderos difíciles. En lugar de conducirle con las riendas, es preferible usar una cuerda de un par de metros amarrada a la cabezada.

El animal deberá caminar siempre detrás de ti. A un metro o metro y medio, para evitar que te arrolle si se asusta. No debe caminar a tu lado, porque es casi seguro que te acabará pisando.

El caballo debería estar entrenado para detenerse cuando tú lo hagas.

Empieza tú la marcha

Para iniciar la marcha, si lo llevas con la mano izquierda (la cuerda sostenida de tal forma que puedas soltarla sin que se enrede con tu mano ni en tu cuerpo, y que no se arrastre por el suelo para que no se enrede en las manos del caballo), comienzas tú. Así irás un paso por delante de él y podrás controlarlo mejor.

Si se empieza a acercar, levanta la mano de la cuerda por encima de su cabeza y debería quedarse atrás. Si no obedece bien, repite la maniobra.

Esta vez vuélvete hacia él en actitud agresiva. Bien erguido. Los hombros hacia atrás y la cabeza levantada, desafiante. Nunca te debe sobrepasar el caballo.

Si lo anterior tampoco resulta, levanta los brazos y dale una orden verbal agresiva. Si ya se ha adelantado, estarás en una posición muy precaria que debe ser corregida.

No te desboques, colega

Cuando un caballo se desboca, lo que le impulsa a correr es tan fuerte que le impele a lanzarse a una carrera irracional. Desprecia las órdenes de las riendas. Y hasta de los obstáculos o peligros que pudiera haber en su camino.

Con jinetes novatos, esto suele ocurrir sólo en dos situaciones:

Cuando se está retornando al corral y el jinete no adivina a tiempo sus intenciones y toma medidas correctivas, perdiendo él mismo el control.

Y cuando, galopando, el animal se acelera para ponerse adelante de los otros.

Si no estás preparado para ello, no te coloques por delante de los demás. 

Un clásico

La situación típica es la siguiente: vuelta a casa de una cabalgada. Dos o más jinetes inexpertos inician un galope que creen que será tan controlable como el que pudieron haber hecho a la ida. Los caballos se van excitando galopando en grupo y se van acelerando.

¡Antes de que el jinete lo sepa, no responderán a sus órdenes, por mucho que se tire de las riendas! 

Gran parte de los jinetes que montan por instinto no saben la diferencia entre galopar y dejar que el caballo corra. El galope suave o medio galope es hasta donde debe llegar un novato.

Es un aire ligero, poco desestabilizador y que no agota al caballo. Es el apropiado para recorrer una larga distancia en el menor tiempo posible sin abusar del animal. Pero requiere contacto.

Casi siempre hay algún enterado

Cuando se galopa todos en línea, no falta el enterado de guardia que inmediatamente nos deja atrás. No sabe que galopar no es simplemente dejar que el caballo corra como quiera.

El caballo debe ir a la velocidad que el jinete quiere. Se le puede pedir con el manejo apropiado de las riendas.

En cuanto veas que intenta acelerarse, impídeselo traccionando un poco y de manera intermitente cada una de las riendas. Luego incrementando la tensión.

No esperes hasta que el caballo se haya adelantado mucho, porque entonces sí que se tendrás problemas. Podrías arrastrar a los demás jinetes al desastre de un desbocamiento colectivo. 

A menos que haya una explosión, truenos y relámpagos, o algo similar que le provoque una imperiosa necesidad de huir, el caballo suele avisar. Se pone más ansioso en el galope y más duro de riendas.

Vas al paso o trotando y te has quedado retrasado del grupo. El animal se empieza a inquietar. Da saltitos con las manos y levanta el hocico… ¡arréglatelas para unirte al grupo!.

Si esta no es la causa, aplícale un valium de giros estrechos y acaríciale cuando se tranquilice.

Atento al hocico

No te olvides de controlar la posición del hocico presionándoselo hacia abajo con las riendas bien cortas. Tensiónalas simétricamente con las dos manos. Evita estimularle con los talones o las espuelas. 

Cabalgada encima del mundo

No es frecuente que un caballo se desboque incontrolablemente. Si no resulta la maniobra del giro amplio que hemos dicho más arriba, no es fácil ofrecer soluciones a los jinetes poco expertos.

La clave es la prevención. Lo recomendable es sentarse lo más profundo que se pueda. El cuerpo inclinado hacia atrás y los pies hacia delante, para poder hacer fuerza (de manera intermitente y sólo cuando sea oportuno) sobre las riendas sin desestabilizarse.

Si esta posición desestabiliza al jinete, tratará de mantenerse sobre dos puntos, casi sin tocar la silla. Como cuando en un hipódromo se pide al caballo todo lo que puede dar. Si no tienes experiencia ¡Ni se te ocurra intentarlo! 

Prevenir antes que curar

No conseguirás nada sólo con tirar de las riendas si el caballo ya está desbocado. Si no hay espacio para hacerlo galopar en un círculo amplio, intenta breves y repetidas tracciones. Repetidas de una y otra rienda. Hasta que la velocidad se reduzca lo suficiente para tirar fuerte y decididamente de una de ellas. Bien baja y alejada del cuello, para que el caballo cambie de rumbo sin desestabilizarse.

Si el caballo no está entrenado para ceder los posteriores, continuará su rumbo con la cabeza ladeada. Por eso debes evaluar a tu animal en cuanto lo montes por primera vez. Para conocer sus reacciones.

¿Estabas domado o sólo lo parecías?

Algunos caballos ‘domados’ (que soportan a un jinete), no están realmente domados. Sólo puede considerarse domado un caballo cuando un jinete capacitado puede hacer que se sitúe exactamente en la posición o dirección deseada. 

 Si a un acompañante se le desboca el caballo, no intentes perseguirlo. No hay nada que puedas hacer para ayudarle. Probablemente sólo conseguirás que el otro animal se estimule aún más.

El héroe de película que salva a la hermosa joven de una loca carrera descontrolada es sólo una ficción. Imposible en la vida real. 

Es frecuente que, yendo un grupo de caballos al galope, a tu caballo le apetezca adelantarse a los demás. Que se acelere cada vez más sin que puedas detenerlo de la manera habitual. Sobre todo si antes has abusado de la tensión de las riendas.

El animal, como se ha insensibilizado de ellas, encoge el cuello y adelanta las patas traseras (se reúne). Esto produce un galope brusco y que empieces a dar saltos sobre la silla. O bien que se lance a un temible galope tendido.

Úsese en caso de emergencia

En cuanto creas que va a pasar esto recurre al ‘freno de emergencia’ . O a la maniobra del círculo amplio. Tira sin brusquedad e intermitentemente de una rienda y sepárala del cuello. A la vez le sueltas un poco la otra y la empujas contra el cuello. (Por eso, entre otras cosas, es bueno llevar una rienda en cada mano).

Presiona con el talón interior detrás de la cincha hasta que el animal entre al círculo y lo mantenga.

El círculo no sólo le disminuye los bríos, sino que le devuelve al grupo. El caballo moderará su avance y podrás volver a controlarlo.

Puede ser un poco más difícil mantenerse sobre la silla cuando gira. Aunque mucho menos que cuando galopa sin control. El gran problema del giro amplio es que, como hemos dicho, el caballo puede no obedecer sólo con el estímulo de las riendas.

¡A tu sitio!

Continúa su loca carrera con la cabeza lateralizada. Por eso debes obligarle a meterse al círculo. Desplazando las ancas hacia el exterior con un decidido estímulo de tu pierna y talón interior por detrás de la cincha.  

En definitiva, aunque te equivoques y el animal no esté desbocado. Si no tienes más recurso, ponlo en un círculo amplio en cuanto veas que te cuesta moderar su velocidad.

El problema es que hay lugares en los que no hay espacio suficiente para trazar un círculo amplio.

Cuídate del galope tendido, especialmente si no conoces bien al caballo. Nunca lo permitas de vuelta a la querencia. Y menos cabalgando con compañía.

Que no se me desmande nadie

Si estás liderando un grupo y un compañero sobrepasa el límite de la prudencia, retén inmediatamente a su caballo. Que mantenga la cadencia que tú le marques.

Cuando se galopa en grupo, asegúrate de que el animal responde a las riendas. Desacelerále de vez en cuando con tracciones de una de ellas. No le permitas acelerarse más allá de lo prudente, ni que se adelante a los otros animales.

Si no responde, gíralo 90º antes de que se embale. O aplícale el “freno de emergencia” si lo domináis bien tú y tu caballo. ( Ver más abajo).

Si todo tu grupo se acelera con imprudencia, retén a tu caballo. (Quedará muy excitado). Tranquilízalo con giros cortos y repetidos. Con eso se distraerá al animal y le demostrarás que mandas tú.

Si el resto del grupo se desbocó, cabalga en otra dirección. Pero con el caballo bien controlado con un contacto categórico. Es probable que continúe excitado. 

Por nada en el mundo permitas que tu caballo se lance tras los otros. Llevarle la contraria en estas condiciones no degenerará en una parada brusca de manos ni en corcoveos.

¿Y ahora qué hacemos?

No es muy difícil evitar un desbocamiento. Pero cuando se ha producido es muy difícil de controlar.

Aunque el galope tendido en el campo abierto tiende a estimular excesivamente al animal, por lo menos tienes la posibilidad de ponerlo en un círculo amplio. Esto es imposible en un sendero con barreras a ambos lados.

No conocemos ningún truco mágico para detener una escapada en estas condiciones. Lo que sí es cierto es que el culpable de que estas cosas ocurran es siempre el jinete. Aunque nos cueste aceptarlo.

¡Riendas… piernas… y piernas!.

No permitas que pierdan el contacto con el caballo. Aunque estés corriendo a galope tendido. Si lo haces, el animal irá por y hacia donde le parezca más natural.

Acabó la cabalgada. Última luz en Lejarzo

Al grano

En conclusión: un grupo de caballos debe ir siempre liderado por un jinete experimentado. Que sea buen conocedor y capaz de dar las órdenes precisas para abortar o terminar un desbocamiento. Los menos avezados deben aceptar su liderazgo. 

No sobreestimes tu capacidad ni subestimes la posibilidad de una reacción inesperada del caballo. Si no estás seguro, no dejes de agarrarte a su crin. Con o sin montura. 

¿Hemos sido presentados?

No montes caballos desconocidos sin informarte de sus mañas.

Nunca te descuides de mantener el contacto con el caballo. El animal más pacífico puede de pronto querer liberarse de la carga.

No acorrales a tu animal sin darle una posibilidad de escape controlable. Sin éste, puede expresar una violencia impresionante.

Piensa como un caballo y sabrás que pueden sentir claustrofobia, etc. Nunca te descuides, evalúa siempre qué es lo que hará el caballo ante un suceso inesperado. Mantente siempre en condiciones de controlarlo.

Abortar una acción que no se le ha mandado no es difícil. Controlar a un caballo que ha decidido por sí mismo lo que quiere hacer, requiere mucha capacitación.

Si no te sientes cómodo con tus aparejos corrígelo inmediatamente. Una cincha suelta es muy peligrosa. Especialmente al galope y en un giro brusco.

Cuando la silla no está firme en cualquier circunstancia, detente para ajustarla. Las monturas sólo son seguras si están bien firmes. 

En una cabalgada, siempre el casco.

Las consecuencias más frecuentes y más graves se deben a golpes de la cabeza contra el suelo. La cabeza es muy pesada. Aunque uno caiga sobre un costado, ésta suele golpear el suelo. Si lo hace sobre una piedra, mejor no imaginarlo.

No es un gran pecado si sólo se trata a “andar a caballo”. Si vas a intentar maniobras más exigentes o vas a montar en un caballo difícil, a menos que sea en la playa, usa un casco. Los huesos de la cabeza son sagrados y hay que protegerlos. También te protegerá eficazmente de la lluvia y de las ramas de los árboles. 

No te creas invencible. Si montas por deporte en vez de salir a pasear al caballo, te esperan algunos porrazos.

¿Sabías esto?

 

Entre las yeguas, la que más ha ganado es Hokuto Vega (nacida en 1.990).
Entre 1.993 y 1.997 cosechó 8,3 millones en el Japón.

Soñando la cabalgada. Caballos con nieve

 

INCIDENTES

En ciertas ocasiones deberás corregir algunas conductas del caballo durante una cabalgada. Cuando tengas que castigarle, no lo hagas nunca pegándole. Oblígale a hacer algo que le resulte desagradable, como por ejemplo girar en corto.

No le dejes que se comporte mal y “castígalo” si es necesario. siempre debes ser tú quien mande, pero evita enfrentarte a él.

No hay problemas

Si durante la cabalgada se asusta por algún objeto, oblígale a acercarse para que vea que no tiene nada que temer cuando está contigo. Lo mismo si se niega a cruzar un arroyo. Insiste sin castigos dolorosos, pero estate dispuesto a “ordenarle” cambiar el rumbo.

Muy a menudo el caballo se negará categóricamente a enfrentarse a lo que le asusta.

Para evitar estos inconvenientes, cuando en una cabalgada se viaja en compañía de otros caballos, es probable que el animal decida imitar a otro que no tenga ese problema. También si le llevas del ramal.

Deberemos acercar al animal al obstáculo para que lo reconozca y vea que no le pasa nada. Que comprenda que no hay peligro. Pero si al miedo que ha sentido le agregamos el estrés del castigo, los asociará. Se reafirmará en que tenía razones para asustarse, y lo repetirá siempre.

No te enfades con tu caballo. Prémiale cuando venza al miedo. El caballo debe confiar en su jinete y no temerle. Por eso no es bueno dejar un caballo bien educado a cualquiera, porque ya aprendió a confiar.

Todo por la borda

Si un tontorrón lo monta y le pega porque se asusta o porque no hace lo que el jinete quiere. O si le fuerza demasiado y se cae, se golpea o tiene algún otro accidente, la pobre capacidad de análisis del caballo le hará perder de inmediato la confianza en los humanos. La próxima vez que te acerques se preparará para un mal trato.

Una sola bofetada o golpe abusivo te hará perder muchas horas tratando de recuperar su confianza.

La compañía y la permanente atención del dueño marcan la diferencia entre un animal malo y uno tierno y confiado.

 

Amarrar a un caballo

Hay que cuidar que las riendas no caigan al suelo. Para que no las pise o se enrede en ellas y a la vez conserve la posibilidad de bajar la cabeza para comer lo que encuentre. Una fácil alternativa es sujetarlas en el ahogadero. 

Nunca amarres a un caballo directamente al cuello. Si se asusta o se rebela le resulta muy fácil levantar la cabeza y retroceder con extrema violencia. Aunque el nudo no sea corredizo, se dañará la piel del cuello.

No dejes de llevar una buena navaja para cortar lo que sea cuando debas hacerlo. Podrías salvar la vida de tu caballo. En el descampado dependes de tu caballo y no puedes perderlo.

Si lo amarras a un árbol con las riendas, cualquier estímulo poderoso (un susto o las ansias de acercarse a un pasto más tierno) puede hacer que se libere rompiendo la brida o las riendas. Usa una jáquima-rienda o cabezada de cuadra-rienda.

El burro nunca por delante de la carga

Si no dispones de ellas, amárralo con una cuerda firme al cuello con un nudo no corredizo. Para que no se ahorque si intenta liberarse. Nunca, nunca dejes de ponerle las riendas antes de ensillarlo. Y nunca, nunca dejes de tenerlas bien aseguradas cuando lo ensillas. Así podrás controlar cualquier mal comportamiento.

Antes de la cabalgada

Las riendas se ponen antes que la silla y se retiran después. Aunque el caballo esté amarrado. 

Nunca amarres al caballo a algo que pueda arrastrar. Sólo átalo a algún elemento inmóvil y con una cuerda que se pueda cortar fácilmente. Si el caballo tiene una reacción de pánico y no consigue mover lo que le retiene y la cuerda no se parte, se aterrará. Retrocederá con el hocico levantado y con una fuerza y violencia que no te imaginas si no lo has presenciado.

¡Que no cunda el pánico!

Si el animal entra en pánico, hasta un punto de amarre sólido y una cuerda resistente pueden provocar un escándalo mayúsculo. Y hasta lesionar al animal. Lo ideal sería amarrarle a algo sólido, pero mediando una zona elástica. Algunos ramales que nos ofrece el mercado ya la traen.

Así, su intento por liberarse se encontraría con una resistencia progresiva, similar a la que le aplicarías en esas condiciones. El intento de liberarse tendría menos posibilidad de éxito.

Basta con una vez que el caballo se salga con la suya para que aprenda que así se libra del jinete.

 

Al llegar al destino de la cabalgada

Cuando se llega cerca de nuestra posada se les debe acortar el paso. Que entren frescos y serenos. Deben aflojarse las cinchas, sacarle la baticola, soltarle el pretal y quitarle la silla.

Hay que cuidar de lavarle las piernas y los brazos  hasta la parte superior de los corvejones y las rodillas.

Nunca el vientre, porque se expondría el caballo a torozones. También a la contracción y estrangulación del vaso espermático si el caballo fuese entero.

Es casi siempre mortal, y no ocurre tanto en Francia  -por ser la mayoría de los caballos capones- como en Italia, en España y en otros países.

Lavar los brazos y las piernas con agua fría al caballo es excelente. Si se les frota en lugar de lavárselos, se precipitan y se fijan en estas partes los humores producidos por el ejercicio. Y al contrario, el agua fría conserva sanos los remos.

Caballos calientes

Cuando un caballo está muy caliente por haber corrido o estar sofocado, o por haber cabalgado con un tiempo caluroso, lo mejor es desembridarle. Quitarle la silla en un lugar donde no corra viento. Ponerle el desbabador. Raerle el sudor y enjugarle inmediatamente con un paño la cabeza, alrededor de las orejas.

Y hacer lo mismo entre los brazos y muslos. Lavándole y limpiándole después los ojos, la parte exterior e interior de los ollares, los labios, los belfos, el barboquejo y el ano. Todo con una esponja mojada en agua clara.

Esta limpieza es de gran beneficio al caballo. Todas estas partes se cargan mucho de polvo con el sudor. Forma una especie de masa que se le introduce por los poros y le causa graves daños.

Después es conveniente frotarle con un poco de paja el lomo.

Caballo abrevando

Para que se seque más pronto, ponle encima la manta. Lávale luego los brazos y las piernas, como antes hemos dicho. Echale la cama de paja fresca para incitarle a orinar. Le serenará y hará descansar mucho al caballo.

Los pies, los pies…

No es menos útil quitarle la tierra y las piedras que se le hayan podido meter entre los cascos y las herraduras. Comprueba si en éstas falla alguna cosa.

Cuando un caballo se echa nada más que llega a la posada, es buena indicación de que tiene algún dolor en los cascos. Bien por tenerlos naturalmente débiles o doloridos, o porque las herraduras le molestan.

Si se le nota caliente el casco, se le debe quitar la herradura y mirar si asienta sobre la palma. Se aprecia a simple vista. El hierro está más reluciente en la parte con la que oprime.

En este caso debe hacérsele nuevamente el casco. Y modificar la herradura para que marche más a gusto.

Es también esencial, después de haberle quitado la brida, lavarla y secarla siempre con algún trapo. Esto la conservará limpia e impedirá que se agarre la grasa y porquería a la embocadura y que el caballo pierda el apetito.

Después se ha de mirar el basto de la silla. Si estuviese muy sudado se  secará al sol o a la lumbre. Antes de volver a ponérsela se cepillará o se sacudirá muy bien con una vara para que suelte la porquería y el sudor.  Evitará  mataduras al caballo.

No te des a la bebida

Nunca se debe dar de beber al animal hasta que esté bien seco y sereno, porque nada hay tan peligroso. Conviene, antes de que beba, darle un puñado de paja.

Como resultado de la fatiga o de una larga cabalgada, se le hinchan al caballo los extremos de sus remos. En cuanto haya concluido el viaje se le quitarán los dos últimos clavos de cada mano. Se le limpiarán bien las ranillas y se le pondrá en fianzas un día o dos, haciéndole el casco después. Este es un remedio excelente para darle descanso.

Si fuese en tiempo de calores y existiese cerca algún rio, es muy útil también llevarle por la mañana y por la tarde. Y dejarle durante una media hora cada vez en el agua hasta las rodillas y los corvejones. Es el mejor remedio para fortalecerle los brazos y las piernas.

¿Sabías esto?

Casi un año tardó, viajando a caballo, en atravesar la Argentina después de recorrer más de 7.500 kilómetros Gerardo Medina. Apodado “El tigre”, con 59 años, el 25 de mayo de 2015 partió desde La Quiaca. Avanzó entre veinte y cuarenta kilómetros diarios. Superó grandes tormentas y temperaturas bajo cero.

 

 

Con nuestro agradecimiento al Dr. D. Renato Aguirre Bianchi por sus aportaciones a este capítulo.

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