¿Sabías esto?

Se llama ‘diente limado’ cuando los chalanes han limado al caballo denticonejuno los gavilanes que forman sus dientes superiores para engañar a cualquiera que no sea entendido.


Historia de los hierros o marcas de las yeguadas hasta el Siglo XIX

© 2018 Luis Miguel Urrechu

Desde tiempo inmemorial se tiene en España la costumbre, que se extendió a todas partes, de marcar a los potros. Esta práctica de poner sello o hierro es tan antiquísima que no se conoce su origen, aunque Opiano hablando de la cría de caballos en su Libro 1º de Venatione, dice que los antiguos inventaron diferentes maneras de hacerlo, y entre ellas, una era quemarles en la edad tierna con un hierro candente. El tal Opiano escribió, según parece, en el imperio de Septimio Severo, emperador romano desde el 193 al 211, con lo que se demuestra la antigüedad de la práctica.

La primera medida legislativa que se encuentra para que los dueños de las yeguadas estén obligados a tener hierro o sello propio es del año 1.671. Carlos II la reiteró en 1.695, mandando que se marcaran todos los potros y potrancas cuando tuvieran un año de edad, en los meses de febrero y marzo. Los que después de esta época se encontraban sin hierro eran decomisados.

Felipe V reprodujo íntegra la orden en 1.726; pero veinte años más tarde, por una Cédula del 8 de mayo, mandó que se hiciera en todo el reino, en la época del destete, y que se marcara en la cadera derecha de los potros, porque aunque ya estaba ordenado solamente para Andalucía, Murcia y Extremadura, se debería hacer en las demás partes de España por todos los que se dedicasen a la cría de caballos.

Yeguada Militar

Hierro de la Yeguada Militar de España

Habiéndose notado en el reinado de Carlos II la mucha saca que hacían de yeguas para otras provincias con objeto de echarlas al garañón para producir mulas, y que lo hacían con las mejores, mandó en 1.671 y 1.695 rajar la oreja derecha a todas las potrancas como unos cuatro dedos, antes del día de san Miguel del año en que nacieran. Como además de no cumplirse la orden se inventaron mil fraudes, mandó Felipe V en 1.726 que se cortase a las yeguas y potrancas la punta de la oreja derecha como unos tres dedos, en el mismo plazo de tiempo, dando por perdidas a las hembras que no tuviesen la marca. El 27 de marzo de 1.742 se sustituyó la amputación de la punta de la oreja por la marca o hierro provincial, formada por las iniciales A. M. E. que equivalían a Andalucía, Murcia y Extremadura, teniendo encima una corona. Esta marca o hierro debía ponerse en la cadera izquierda; de modo que tenías dos, la marca del dueño en la cadera derecha, y la marca provincial en la izquierda.

Había tres modos de hacer esta operación: por incisión, por un corrosivo, o con un hierro candente. A la señal que queda se la da generalmente el nombre de “hierro”.

En Hungría se marcaban los potros antes de los ocho días de edad, haciéndoles una incisión de tal o tal forma en la piel. Aunque la cicatriz permanece indeleble, era muy difícil trazar con exactitud las figuras. Hartmann, citando a Winter y a Loeheneisen, describía el siguiente método de marcar a los potros con un corrosivo:

“Tómese óxido de cobre verde (cardenillo) onza y media; óxido de arsénico sulfurado rojo (rejalgar), media onza; muriato oxigenado de mercurio (solimán) una onza; ácido nítrico (agua fuerte) diez onzas. Mézclense todos estos ingredientes y déjense juntos tres días antes de hacer uso de ellos. En el sitio en que se quiere marcar se esquila perfectamente, o mejor todavía se afeita el pelo, y con un pincel mojado en cualquier tinte que marque bien, se dibuja la figura con la mano libre o con un patrón; después con el pincel empapado en el corrosivo se cubre la figura tres veces consecutivas en el espacio de veinticuatro horas, curando la llaga con agua de cal. Otros, para marcar de este modo se sirven solamente del ácido nítrico, y de aceite común para curar la herida”.

Este método de marcar por corrosión, parece que debe ser muy ventajoso para que salgan las señales con exactitud, bien sea sirviéndose del corrosivo que propone Hartmann o de otros muchos, quizá más adecuados, usando un patrón conveniente y trazando sobre él la figura con el mismo cáustico, como se hacen las letras sobre el papel o sobre la pared con plantillas o estarcidos.

No era posible ver marcas más distintas ni mejor acabadas que las que usaban los ingleses. El más rápido, seguro –tal vez el mejor– y el único que se usaba en España, era a fuego; pero generalmente el hierro estaba tan mal trabajado, la figura tan mal trazada, y su aplicación se hacía con tan poco cuidado, que además de no distinguirse muchas veces al cabo de algún tiempo, rara vez tenía la regularidad y limpieza que adorna y gusta en todo.

Por lo general se marcaba a los potros a los dos o tres años; la Ordenanza imponía la pena de cien ducados a los infractores. No debían marcarse antes, porque como crecían se borraban las figuras hasta el punto de no distinguirse.

Las marcas podían dividirse en principales y accesorias. Las principales consistían generalmente en las armas de los dueños de las yeguadas, o en una parte de ellas, o en las letras iniciales de su nombre, o del país etc., y las accesorias en las letras iniciales de los nombres de los padres del potro, o de la nación de que eran originarios. Estas marcas accesorias no se usaban en España; pero se recomendaban en las yeguadas bien ordenadas que se querían establecer de razas extranjeras.

En otras naciones las usaban del modo siguiente, prefiriendo la patria de donde es originario el potro a lo demás. A significa árabe, B berberisco, E español, I inglés, F francés etc., o bien se componía la marca de dos letras; una mayúscula y otra minúscula, como por ejemplo Ab, Eb; la primera indicaba la nación: Arabia y el nombre del semental: Bucéfalo, o España y Babieca, etc.

Las marcas se podían variar indefinidamente, hasta por el lugar en que se ponían. Los extranjeros solían ponerlas en las carrilladas, tablas del cuello, cruz, etc.; pero nosotros, como queda dicho, aplicábamos el hierro a las partes laterales de las piernas.

¿Sabías esto?

 

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