¿Es necesario herrar los cascos a los caballos?

© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?


Los caballos tienen la capacidad de reconocer sonidos a grandes distancias, y reconocer voces familiares.

 

La  eterna polémica: ¿realmente es necesario herrar los cascos del caballo o lo hacemos por inercia?

La naturaleza es demasiado sabia para hacer nada imperfecto. Cuando creó al caballo le dio suficiente defensa en sus cascos para pisar la yerba y el terreno blando al que estaba destinado. Pero no para arrastrar grandes pesos ni caminar o correr sobre empedrados o asfaltados que fabricó e inventó el hombre.

El creciente interés por los caballos descalzos no es nada nuevo. En los siglos anteriores nunca han faltado quienes veían el arte de herrar como abusivo y perjudicial. Hombres de a caballo y veterinarios.

Duros de cascos

No negaremos que la naturaleza ha suministrado a los pies del caballo todo lo necesario para que pueda andar y correr. Sin necesidad de nuestra intervención.

Tampoco que los persas, etíopes, tártaros y otros pueblos que están continuamente a caballo, ignoraron e ignoran en buena parte el uso de las herraduras. Ni que en muchos lugares de América se sirven de los caballos desherrados.

En nuestra misma península, a los asnos, a quienes se les ha exigido cuanto pueden dar de sí sus fuerzas, apenas se les herraba. No podemos ignorar que las mulas cabañiles, llegaban a Madrid desde todos los puntos cargadas de mercancías, sin llevar herraduras. Ni que a muchos caballos les habituamos a andar sin ellas. Y tampoco que los griegos y los romanos llevaron la victoria desde el Indo hasta las columnas de Hércules.

Atravesaron las montañas mas escarpadas de Asia y Europa sin haber herrado los pies de los caballos.

Caballos mongolesSiempre hay algún pero

Sin embargo, a pesar de estas muy poderosas razones, sometidos los caballos a prestar siempre su completa obediencia al hombre, y éste agotando -particularmente en la guerra- todas sus fuerzas, sus cascos habrían padecido mucho si no se les hubiera provisto de una defensa de hierro.

El escudo

La herradura añadió a los pies del caballo la consistencia necesaria y proporcionada al trabajo penoso y a las fatigas. Pero esta misma herradura que se pone sólo como defensa, aunque se trate de un material tan fuerte como el hierro, si carga sobre una parte del casco más que sobre la otra, si le comprime, si el herrador apura el casco quitándole lo que no debe, la herradura se convertirá en la cosa más perjudicial del mundo.

El caballo con la mejor conformación de cascos perecerá a manos de un herrador inexperto. No puede dudarse de que de las herraduras procede un gran número de dolencias que padecen los caballos. Y casi todas sus cojeras, que son en ellos mucho más frecuentes y graves que en cualquier otra especie animal.

Libres más fuertes

Jamás se ha visto en el campo padecer a los caballos el sin fin de achaques de que adolecen en nuestras caballerizas. Jamás ha dejado un potro de seguir a sus compañeros por no poderse sostener sobre los cascos. Y porque dejado en libertad siempre conserva un casco terso, liso y reluciente.

Nunca se le ha visto con cuartos, ceños, razas ni sobrepuestos y otras mil dolencias.

Se ha dicho que “no hay casco que sea malo si fuera bueno el herrador. Ni casco que sea bueno, si el herrador fuese malo”.

En libertad, sin la intervención del hombre, sería un milagro encontrar un caballo con los cascos enfermos. Una herradura mal puesta basta para destruir al mejor caba­llo e inutilizarle para mucho tiempo. Cuantas enfermedades padece este generoso animal en sus cascos proviene de la mala herradura. Y de la impericia de algunos herradores.

No son para siempre

Cada cuarenta o cincuenta días deben levantarse las herraduras. Para echarse nuevas si se necesitan, o para amoldar las viejas al casco. Pasado este plazo, no hay herradura que no moleste. Como el casco crece y el hierro no, la herradura va quedando estrecha por alguna parte, causando perjuicios al animal.

Al contrario de lo que muchos creen, los árabes ponen casi siempre herraduras a sus caballos. Sea en los pies de delante o en los cuatro pies, según el terreno que habitan. Los que hierran los cuatro cascos son los habitantes de los parajes pedregosos, que son la mayoría.

En la primavera, cuando los envían a los pastos, tienen la costumbre de quitárselas. Dicen que no se debe poner obstáculo a la renovación de la sangre, que se verifica en esta estación.

¿Sabías esto?

 

 

 

El record de longevidad de un caballo lo tiene Old Billy, con 62 años. (1.760-1.822).