© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?


La “Triple Corona de la Hipica” en los Estados Unidos la componen el Derby de Kentucky, Preakness Stakes y Belmont Stakes. Es la hazaña más grande de la hipica mundial. Sólo trece ejemplares la han conseguido, siendo el pura sangre Secretariat el más famoso.

 

De entre todas las partes del conocimiento del caballo, la herradura es una de las más útiles. De las que merecen mayor atención. Vemos cada día desgraciarse a los mejores caballos por los cascos, que son el fundamento de poner la herradura. Por haber sido mal herrados o por no haber sabido aplicarles en tiempo oportuno el remedio.

Si estudiamos casco del caballo observaremos que la naturaleza ha reforzado con esmero las partes que trabajan más. Y ha dejado más débiles las que sufren menos. Este estudio es el que debe guiar al herrador al asentar la herradura. Al fin no es otra cosa que una defensa que añade el hombre al casco del caballo para servirse en las penosas faenas a que le ha des­tinado. El casco de la mano del ca­ballo tiene:

Más espesor en la tapa de la punta que en los talones.

Más espesor, aunque menos que en la punta, en los hombros exteriores que en los interiores.

Menos consistencia en la ta­pa de la cuarta parte del casco exterior que en las demás.

Toda la parte interior del casco más dé­bil que lo restante.

La naturaleza es sabia, pero…

¿Por qué ha dado la naturaleza más consistencia a la tapa del casco en la punta y en el hombro exterior que a las demás partes?

Porque la punta sufre el primer punto de apoyo y asegura el empuje del animal en el suelo. Y porque los hom­bros exteriores apuntalan de una y otra parte la máquina entera.

Luego la herradura, para no contradecir a la na­turaleza, ha de ser algo reforzada en la lumbre, como lo es la parte del casco que se apoya. Lo ha de ser algo más en el hombro exterior que en el interior, porque esta parte del casco indica que trabaja más.

Y ha de ir adelgazando y disminuyendo de peso ha­cia los callos que apoyan sobre las cuartas partes del casco, por tener éstas las tapas más delgadas, indicándonos que trabajan menos.

…no siempre le hacemos caso.

¿Están todas las herraduras construidas bajo este sistema? Forzoso es decir que no. ¿Y cuál es la causa? Que no se estudia la naturaleza y se funciona por ru­tina. Así es que, algunas herraduras se construyen al revés de como se debería.

Hasta hace poco, todos clamaban por herraduras pesadas. Pero su volumen debe ser proporcionado a la fuer­za de los cascos o tapas que los han de sostener. Se daba a la herradura mucho peso, mucha anchura en la tabla. Y se acababa, para rematar, por situar las claveras muy juntas.

Precisamente hacia los ta­lones, donde no teniendo consistencia algu­na las tapas del casco ni pudiendo soportar el peso de la herradura, acababan por soltarla. Con la caída de las mismas partes que la habían de sostener.

Las consecuencias: enferma el animal de los cascos. Empeora ca­da vez que se le vuelve a poner una herradura nuev­a bajo el mismo ruinoso método. Y el mejor caballo se inutiliza a lo mejor de su vida.

En los cascos del caballo no es el mal de tanta gravedad. La tapa ahí es más delgada en la punta que en las cuartas partes. Como que el animal hace el empuje con los talones, y siempre tiene más espesor en los lados exteriores que en los interiores, por ser las partes de afuera sobre las que se apuntala el caballo de uno y otro lado.

Por consi­guiente, los cascos indican bien cuál deba ser la construcción de la herradura que les corresponde.

 

Descripción y partes de una herradura.

La herradura del caballo es una pieza plana de hierro redondeada por la parte de adelante. Está compuesta de los vuelos, la lumbre, los callos, la tabla, la luz o puerta, y alguna vez de un ramplón o dos.

Los vuelos, son las partes laterales exteriores de la herradura, y desde las claveras de adelante hasta las de atrás.

La lumbre, es la parte redonda de adelante.

Los callos, son las partes que empiezan en los extremos de los vuelos de la herradura, que se notan desde la última clavera hasta el talón.

La tabla, es toda la parte llana que se encuentra en medio del semicírculo exterior o interior que forma la herradura, y aquella parte del hierro que asienta sobre la tapa del casco del caballo.

La luz o puerta, es el hueco o vacío, comúnmente semicircular, que forma todo el borde interior de la herradura.

El antiguo ramplón forjado

El ramplón, es la vuelta que se da hacia abajo en el fin de los callos de la misma herradura, principalmente para hacer levantar al caballo el talón.

Las herraduras de las manos se diferencian de las de los pies en que las primeras tienen claveras adelante, y no atrás cerca del talón; y las de los pies las tienen cerca del talón, y no adelante, cerca de la punta, porque las manos tienen más fortaleza de adelante que atrás y los pies tienen más en el talón que en la punta.

 Las claveras son los agujeros por donde ha de en­trar el clavo que sujete a la herradura. Deben estar hechas al tamaño de la espiga del clavo. Los clavos deben ser delgados de cuerpo, tableados, y no redondos ni cuadrados. Así el agujero que abren en la tapa es siempre pequeño y más parecido al modo como está unida la tapa con el sauco.

Los antiguos multiplicaron las especies de herra­duras. Con tan poca utilidad como se han multiplicado las especies de bocados. Tenían los nombres de hechiza, cordobesa, boca de cántaro, y otras que pondremos a continuación. Muchas de ellas más bien perjudiciales que de alguna utilidad.

Clases de herraduras

Los antiguos veterinarios distinguían diferentes clases de herraduras. Entre ellas señalaremos aquí, la italiana, la cordobesa, la herradura de boca de cántaro, la hechiza, la herradura de media luna y la herradura común.

La herradura italiana cierra más hacia los callos, lo que es perjudicial. Tiene más hierro en éstos que en la lumbre. Es la que es ancha de la lumbre y tiene la mayor parte del hierro en los callos.

La cordobesa es muy parecida a la común. Sólo se diferencia en tener también algo más cargados de hierro los vuelos que la lumbre. Aunque no tanto como los de la herradura Italiana.

La herradura de boca de cántaro es enteramente cerrada y vuelta por atrás. Como los callos están unidos, se parece verdaderamente a la boca de un cántaro. Tiene en óvalo la luz o puerta, para la ventilación de las ranillas y la palma del casco.

La hechiza es más gruesa en la lumbre que en los callos. Tiene su puerta generalmente cuadrada y es más gruesa de la lumbre que de los callos.

Alcance de herradura

De todas las clases y formas, pero de dudoso resultado

La herradura de media luna es la que tiene los callos más cortos que todas las demás. Sus defensores decían que “no estando en el caso de comprimir nunca los talones del caballo, es no sólo la menos expuesta a darle enfermedades, sino que es la más aparente para curarle de ellas, como se experimenta con los cuartos, sobrepuestos, razas etc.”, y abogaban por extender más su uso, “aunque al sentarla requiere de ciertos requisitos, que requieren un herrador prolijo e inteligente”.

La herradura más útil es la lla­mada vulgarmente común. Es llana, aunque un poco más reforzada por la parte de afuera que por la de adentro. Acompaña exactamente la redondez de un casco bien formado. También se la llama de callo con lumbre.

La herradura de la mano debe estar reforzada en la lumbre y en los lados u hombros. Más delgada o descargada de hierro en los callos. De un ancho proporcionado en la tabla. Más estrecha en los callos, para que no cargue sobre las ranillas.

Las claveras

Las claveras serán sólo siete. Repartidas con igualdad alrededor de la lumbre y distantes unas de otras todo cuanto lo permita el sitio que hayan de ocupar. Desde la tercera parte de la herradura hacia atrás, y máxime hacia la parte de adentro, no debe abrirse clavera alguna. La tapa del casco en esos sitios no tiene consistencia para recibir el clavo sin que le pueda dañar.

Las cuatro claveras de adelante ocuparán a igual distancia el primer tercio alrededor de la lumbre y hombros. Las dos claveras de afuera, y la de adentro, enfrente al medio de éstas, ocuparán el segundo tercio.

No ha de tener más largo que el necesario para defender la tapa. Sin asentar jamás so­bre los candados. Porque siendo las ranillas de natu­raleza flexible y esponjosa, necesitan comprimirse y dilatarse con el mismo piso y peso del caballo. Sin que haya estorbo que le quite el juego que le dio la naturaleza.

No son intercambiables

La herradura de la mano derecha no puedo servir para la izquierda, ni la izquierda para la derecha. Lo mismo sucede con los pies.

Los callos en la herradura, siendo largos y gruesos y con claveras en los talones, recargan la parte más débil del casco con un peso que le toca sostener a la punta. De aquí resulta el caerse la herra­dura. Y que las tapas delgadas en aquel sitio quedar acri­billadas y destruidas.

Pero si según el vicio inveterado, y como es necesario a este género de herraduras, van los agujeros de los clavos muy unidos y unos sobre otros, cuando esta parte no está construida para soportar ninguno, la destrucción del casco del caba­llo es casi segura e inevitable.

La herradura del pie es siempre más estrecha que la de la mano. Ha de ser ligera por la lum­bre. Reforzada hacia los talones. Sus claveras situadas hacia atrás, dejando la punta del casco del pie, que es aquí la parte débil, libre de clavos.

Se situarán éstos respectivamente en cada pie. Cuatro al lado de afuera a distancias iguales, y sólo tres a la parte de adentro. Repartidos los tres en el sitio que ocupan los cuatro de enfrente. Bajo el mismo principio establecido para las manos.

Antiguamente se echaban ocho clavos a cada herradura. Hoy en día sólo se gastan con siete. Y se ponen cuatro al lado de afuera y tres al de adentro.

Fortaleza diferente

Se ha observado que no sólo apoya el caballo con más fuerza sobre la parte de afuera, sino que es más débil la parte de adentro del casco. Igualmente, como la tapa en los brazos tiene más consistencia y espesor hacia la punta que hacia los talones, se echan los clavos alrededor de la lumbre en los brazos. Y más atrás, hacia los callos, en los pies. Porque en éstos es más fuerte la tapa en los talones que hacia la punta.

La clavera debe estar arreglada con precisión al tamaño del asta o espiga del clavo. Cuando es más ancha, con el esfuerzo y peso del caballo al andar, se zarandea el clavo dentro de ella. A los pocos días de herrado, como se sostiene el clavo sólo sobre el casco y no en la caja que debiera formarle la clavera, abre en la tapa un agujero. 

Nunca debe hacerse a la herradura por el canto exterior una especie de borde o relieve, que llaman relex o canteo. Esta costumbre es la más perjudicial. La herradura ha de ser plana y tendida. Cuando tiene este borde, forma una especie de caja donde queda encerrado el casco. Le quita la libertad para que se extienda si crece más que lo que da de sí la herradura.

Por consiguiente, hace entonces el casco lo que los dedos del hombre con un zapato estrecho: tomar todo el grado de elevación que le falta de longitud, y encogiéndose la tapa y despegándose del saúco, forma unas asperezas o desigualdades, llamadas ceños.

Las herraduras a fuego, o aplicadas calientes sobre el casco para que tuesten las desigualdades con el fin de que sirvan pa­ra dirigir luego el pujavante del herrador son las mejores. O mejor, las únicas para que quede el caballo bien herrado y la herra­dura asentada sobre un plano perfecto.

¿Sabías esto?

 

El vicepresidente de los EAU También es el promotor de la carrera de caballos más rica en premios del mundo, la Copa Mundial de Dubái.  Hay recompensas de hasta diez millones de dólares.