¿Es necesario herrar los cascos a los caballos?

La  eterna polémica: ¿realmente es necesario herrar los cascos del caballo o lo hacemos por inercia?

La naturaleza es demasiado sabia para hacer nada imperfecto. Cuando creó al caballo le dio suficiente defensa en sus cascos para pisar la yerba y el terreno blando al que estaba destinado. Pero no para arrastrar grandes pesos ni caminar o correr sobre empedrados o asfaltados que fabricó e inventó el hombre.

El creciente interés por los caballos descalzos no es nada nuevo. En los siglos anteriores nunca han faltado quienes veían el arte de herrar como abusivo y perjudicial. Hombres de a caballo y veterinarios.

Duros de cascos

No negaremos que la naturaleza ha suministrado a los pies del caballo todo lo necesario para que pueda andar y correr. Sin necesidad de nuestra intervención.

Tampoco que los persas, etíopes, tártaros y otros pueblos que están continuamente a caballo, ignoraron e ignoran en buena parte el uso de las herraduras. Ni que en muchos lugares de América se sirven de los caballos desherrados.

En nuestra misma península, a los asnos, a quienes se les ha exigido cuanto pueden dar de sí sus fuerzas, apenas se les herraba. No podemos ignorar que las mulas cabañiles, llegaban a Madrid desde todos los puntos cargadas de mercancías, sin llevar herraduras. Ni que a muchos caballos les habituamos a andar sin ellas. Y tampoco que los griegos y los romanos llevaron la victoria desde el Indo hasta las columnas de Hércules.

Atravesaron las montañas mas escarpadas de Asia y Europa sin haber herrado los pies de los caballos.

Caballos mongolesSiempre hay algún pero

Sin embargo, a pesar de estas muy poderosas razones, sometidos los caballos a prestar siempre su completa obediencia al hombre, y éste agotando -particularmente en la guerra- todas sus fuerzas, sus cascos habrían padecido mucho si no se les hubiera provisto de una defensa de hierro.

El escudo

La herradura añadió a los pies del caballo la consistencia necesaria y proporcionada al trabajo penoso y a las fatigas. Pero esta misma herradura que se pone sólo como defensa, aunque se trate de un material tan fuerte como el hierro, si carga sobre una parte del casco más que sobre la otra, si le comprime, si el herrador apura el casco quitándole lo que no debe, la herradura se convertirá en la cosa más perjudicial del mundo.

El caballo con la mejor conformación de cascos perecerá a manos de un herrador inexperto. No puede dudarse de que de las herraduras procede un gran número de dolencias que padecen los caballos. Y casi todas sus cojeras, que son en ellos mucho más frecuentes y graves que en cualquier otra especie animal.

Libres más fuertes

Jamás se ha visto en el campo padecer a los caballos el sin fin de achaques de que adolecen en nuestras caballerizas. Jamás ha dejado un potro de seguir a sus compañeros por no poderse sostener sobre los cascos. Y porque dejado en libertad siempre conserva un casco terso, liso y reluciente.

Nunca se le ha visto con cuartos, ceños, razas ni sobrepuestos y otras mil dolencias.

Se ha dicho que “no hay casco que sea malo si fuera bueno el herrador. Ni casco que sea bueno, si el herrador fuese malo”.

En libertad, sin la intervención del hombre, sería un milagro encontrar un caballo con los cascos enfermos. Una herradura mal puesta basta para destruir al mejor caba­llo e inutilizarle para mucho tiempo. Cuantas enfermedades padece este generoso animal en sus cascos proviene de la mala herradura. Y de la impericia de algunos herradores.

No son para siempre

Cada cuarenta o cincuenta días deben levantarse las herraduras. Para echarse nuevas si se necesitan, o para amoldar las viejas al casco. Pasado este plazo, no hay herradura que no moleste. Como el casco crece y el hierro no, la herradura va quedando estrecha por alguna parte, causando perjuicios al animal.

Al contrario de lo que muchos creen, los árabes ponen casi siempre herraduras a sus caballos. Sea en los pies de delante o en los cuatro pies, según el terreno que habitan. Los que hierran los cuatro cascos son los habitantes de los parajes pedregosos, que son la mayoría.

En la primavera, cuando los envían a los pastos, tienen la costumbre de quitárselas. Dicen que no se debe poner obstáculo a la renovación de la sangre, que se verifica en esta estación.

 

EL PIE DEL CABALLO Y SUS PARTES

Es necesario examinar con cuidado todas las partes de la mano y del pie del caballo. Son el fundamento de todo su ser. Deben ser proporcionados a la estructura del cuerpo y de los remos del animal. Ni demasiado grandes ni pequeños.

Los caballos abultados de cascos son pesados generalmente, y propensos a desherrarse. Y los de cascos pequeños los tienen regularmente doloridos. Los talones se les cierran, y se hacen fácilmente encanutados.

La forma de la tapa, que es la parte exterior que rodea la mano o el pie del caballo, debe ser casi redonda. Un poco más ancha de abajo que de arriba. Y tener el casco reluciente, liso, correoso, y de color oscuro. El casco blanco es normalmente vidrioso y quebradizo, y las robladuras de los clavos le hacen saltar fácilmente.

Siempre que el casco no está liso, bien unido e igual, y que se notan ciertas elevaciones alrededor de la tapa, es señal de estar alterado el casco. Sobre todo si estas elevaciones, que se conocen con el nombre de ceños, siguen hasta su parte posterior.

Después de que una parte del casco de la tapa haya saltado por accidente o enfermedad, se forma otra nueva. Se llama reposición de casco o casco nuevo.

Siempre problemas…

Se nota en que esta parte es más débil, áspera y desigual. Nunca se hace tan sólida como la antigua.

Cascos embabuchadosCuando la parte inferior de la tapa es demasiado ancha y tendida por delante o por los lados, se llaman a los cascos derramados. Este defecto es muy considerable y causa que las ranillas toquen en tierra, se trillen y contundan, y hagan la mayor parte de las veces cojear al caballo.

Al contrario sucede cuando la tapa se recoge y estrecha hacia los candados sin seguir la redondez del casco hasta los pulpejos. A este defecto -que es importante- se llama de cascos encanutados.

En éste los candados comprimen al tejuelo, que es un hueso poroso contenido en el centro del casco, rodeado de una carne que comunica el jugo nutricio a todas sus partes. En este caso se halla el tejuelo con mucha opresión. Y como es parte sensible, padece dolor y hace cojear al caballo.

…problemas,

Los caballos que tienen los cascos encanutados están expuestos a padecer mucho de cuartos, que son unas rajas o soluciones de continuidad. Se les hacen en la cuarta parte de la tapa, en la parte de adentro o en la de afuera. Muchas veces van desde la corona hasta el hierro.

Igualmente se les forman sobrepuestos, que consisten en sobreponerse un candado sobre otro. Con unión al parecer de los pulpejos, lo que hace también resentirse el caballo.

Parecida a los cuartos es la raja, que no se diferencia del cuarto más que en el sitio. Se trata de una abertura vertical que se hace en medio de la tapa por la parte de adelante. Esto es más común en el ganado mular que en los caballos.

Después de examinar el casco por el exterior conviene levantarlo y examinar sus partes interiores. Son las ranillas y la palma.

El casco de las ranillas debe estar bien nutrido. Aunque no debe ser esta zona ni muy gruesa ni muy ancha, que es lo que se llama descubierto de ranillas. Es un defecto común a los caballos que tienen el talón bajo y tocan en tierra con él y las ranillas. Van siempre blandeando, y hasta cojeando.

… y más problemas.

Lo mismo pasa si las ranillas son demasiado pequeñas y secas. Es lo que se nota en los caballos que tienen los cascos encanutados. Su imperfección es además señal de estar privadas estas partes del correspondiente nutrimento.

La palma es el casco situado en el hoyo de la mano o del pie del caballo. Entre los candados y las ranillas. Debe ser firme y gruesa. No debe, de ninguna manera, ser debilitada por algún instrumento.

Siempre que el interior del casco no está hueco y acopado y que la palma sea más alta que la tapa, es un defecto considerable. Se llama a los caballos palmitiesos o preñados de palmas.

Estos cascos no solamente son difíciles de herrar. Los animales no sirven para montar ni para el de tiro.

LOS CASCOS DEL CABALLO. EL HERRAJE

 

DESCRIPCIÓN DEL CASCO

El taller del herradorPara su estudio, el casco del caballo se divide en seis zonas. Punta. Talón. Hombros de adentro y de afuera. Cuarta parte de adentro y cuarta parte de afuera.

Y se compone de cuatro partes principales: la tapa, el saúco, la palma y las ranillas.

La tapa es la parte exterior del casco. La más dura y compacta. Es la que sostiene y recibe la herradura.

El saúco es la parte intermedia que tiene interiormente la tapa con las demás del casco. Le sirve como una especie de médula, de donde le viene el nombre.

La palma es la parte de abajo del casco, menos en la porción que ocupan las ranillas. Resguarda la palma carnosa que tiene dentro el casco.

La ranilla no es un pequeño batracio

La ranilla es la parte en forma de V que ocupa la parte trasera de la palma.

Las partes internas principales del casco son los huesos coronario, tejuelo y navicular, el tendón de Aquiles y la palma carnosa. De la conservación de estas partes, muy sensibles y delicadas, depende la conservación del casco.

La corona debe acompañar la redondez del cas­co. Sin ser más ni menos elevada que éste. Lo primero indica una gran sequedad en el casco y lo segundo al­guna enfermedad.

El casco debe ser terso, liso y reluciente y no notarse en él ninguna hendidura, raja, cercos ni cosa equivalente. Todas son seña­les de enfermedad.

Andar y observar

Debe observarse, que si al andar el caballo apoya solamente sobre la punta del casco, por este vicio se le llama topino. Y si por el contrario carga so­bre el talón, se le dice pando. Estos defectos son muy importantes. Si carga o gasta el lado de adentro, se lla­ma izquierdo. Y si más el lado de afuera, estevado.

Cuando tiene el caballo el casco bien redondo y pro­porcionado, se le dice casquiacopado. Y si aunque fuera de buena calidad lo tuviera más estrecho, casquimuleño. Cuando la palma es convexa en lugar de cóncava, este de­fecto hace al animal palmitieso. Si la parte baja del casco es demasiado tendida, se le llama casco derrama­do. Cuando se estrecha hacia los talones, es el casco encanutado. Y si un lado carga sobre el otro, sobrepuesto.

La cuartilla ha de ser de un largo y volumen proporcionado. Si es larga, se cansa el caballo, y se llama largo de cuartillas. Cuando es corta, carecerá de cierta elasticidad en sus movimientos. Y si son en extremo cortas, se dice que el brazo es estacado.

La Corona

Conviene que sea también lisa y unida, como la cuartilla. Y que acompañe la redondez de la tapa todo alrededor del casco. Cuando sobrepuja o disminuye, está expuesto el casco a padecer resecaciones, ceños, razas, galápagos y otros accidentes.

La parte trasera de la corona son los pulpejos. Es el sitio donde se producen los alcances. Son los golpes que recibe un caballo en los pies por otro caballo que le sigue de cerca. O el que él se da a sí mismo agarrándose los pulpejos de las manos con los pies.

Pasa también a los caballos que se hierran con ramplones y clavos agudos de cabeza para caminar sobre el hielo. Al rozarse la parte superior de la corona con los ramplones o con los clavos de la herradura se hacen una herida. Puede causar los mayores estragos.

Pulpejos en apuros

Se hacen en los pulpejos gabarros, grietas y respigones.

El gabarro es una llaga cancerosa, y tan evidente que omitimos su definición. Y pasando a los otros dos defectos, se dirá que las grietas son unas separaciones o soluciones de continuidad verticales del cuero de los pulpejos. Y los respigones unas separaciones horizontales del cuero y de la carne que se une con el casco.

Son siempre ásperas, costrosas y expelen -aunque poca- una materia sutil. Causan muchos dolores al animal y le conducen muchas veces a no poderse mover. Semejantes defectos son considerables. De larga y difícil curación. Es por lo que conviene examinar y reconocer los pulpejos y las coronas con el mayor cuidado.

El Menudillo…

El menudillo debe ser nervioso y grueso. Proporcionado a los remos del animal, sin que tenga vejigas, rozaduras ni hinchazón. El caballo que tiene el menudillo delgado lo tiene generalmente demasiado flexible. Está expuesto a padecer de vejigas, y no puede soportar un gran trabajo.

Pero es buena cualidad para un caballo de picadero  tener el menudillo un poco flexible. En este caso son los movimientos mucho más suaves. En el picadero no se usan ni estropean tanto los caballos como en otros ejercicios.

… y las cuartillas.

Cuando la cuartilla del brazo del caballo es demasiado corta y la rodilla, la caña y la corona le caen a plomo de manera que casi no tiene flexibilidad el menudillo, los llaman de brazos estacados. En realidad están tiesos y envarados como una estaca. Con el tiempo y el trabajo se vuelven casi siempre estos caballos topinos, y hasta emballestados. Es porque el menudillo empuja hacia adelante pareciendo salirse de su lugar.

Generalmente todos los caballos que tienen los brazos estacados están expuestos a tropezar, y a caerse. Y los que son muy cortos de cuartillas se hacen fácilmente estacados. Y con el tiempo, topinos y emballestados, si se les dejan muy altos los talones.

Cuando un caballo es demasiado largo de cuartillas es peor que si fuese estacado. Es una señal de debilidad y un defecto de formación que no tiene enmienda. A los que tienen los brazos estacados se les puede remediar por la herradura cogiéndolos a tiempo.

Algunos no las doblan

Pero hay algunos caballos largos de cuartillas que no las doblan mucho cuando marchan. Denota fuerza en estas partes, y que el vigor del nervio impide que la juntura del menudillo se doble demasiado.

Semejantes caballos son mucho más cómodos para el caballero que los cortos de cuartillas. Pero se estropean más fácilmente y no son buenos sino para un día de paseo. O para la ostentación.

Alguna vez uno de los lados de la cuartilla está más abultado que el otro. Es un defecto de forma que no puede corregirse por medio de la herradura, como algunos antiguos creyeron.

El pelo de la cuartilla debe estar liso, y no rizado cerca de la corona. Daría a entender que tiene el caballo en esta parte una especie de roña harinosa, llamada Tiñuefa, que causa hinchazón en la corona.

ENFERMEDADES DEL CASCO

Alcance de herraduraLa mayoría de las enfermedades que padece el caballo en los cascos las adquiere en nuestras cuadras. Deben atribuirse al mal método o poco conocimiento con que se les hierra.

La profesión de herrador requiere estudios que pocos hacen. Exige un grado de destreza, de finura y de prudencia tan grande, que el que no tenga estas cualidades inutilizará a cuantos caballos caigan en sus manos. Todo caballo mal herrado enfermará de los cascos.          

Aseo

Es un abuso tener a los caballos con los cascos siempre en fianzas o sobre estiércol. El calor de éste reseca los cascos, les priva de una parte de su saúco, hace que la tapa se desprenda del saúco y se quede fofa y sin sustancia. Y si esta costumbre es tan perjudicial, ¿qué diremos de los que dejan que el estiércol llegue hasta debajo de las manos sin cambiarlo o barriéndolo mal?

¿No es lógico que fermente y exponga a las ranillas a la putrefacción?

Sólo la víspera de llevarse el caballo a herrar se le debe poner en fianzas para ablandarle algo los cascos y que trabaje más fácilmente el herrador. Y sólo la buena herradura es la que conserva el casco. No el estiércol ni otras zarandajas que se gastan.

Jamás debe dejarse estiércol en las caballerizas, ni en su vecindad o cercanías. Sus emanaciones corrompen el aire, y es muy nocivo para la conservación del caballo.

La caballeriza debe estar muy ventilada. En un pequeño recinto, como el que suelen tener las cuadras, pronto está el aire impregnado con las exhalaciones de los animales. Para purificarlo y que respire el caballo aire saludable, es preciso renovarlo sin cesar.

Enfermos…

El cuarto es una solución de continuidad que se advierte en la tapa del casco. Aparece hacia atrás, en el lado de adentro o el de afuera. O por decirlo mejor, en la cuarta parte del casco, de donde le viene el nombre. Cuando esta solución no rompe más que la tapa, se llama cuarto simple. Cuando penetra interiormente, contundiendo el saúco, y en términos de verterse sangre por ella, se le llama cuarto compuesto.

La mucha sequedad del casco, y más que nada, una herradura mal puesta y estrecha, es la causa de esta enfermedad.

El hormiguillo es una especie de carcoma o polilla que destruye el saúco hasta verse por la tapa. Procede de contusiones, que la ponen como un pedazo de madera apolillado.

Los ceños son unas desigualdades en forma de cordones que circundan el casco desde un talón a otro. Regularmente anuncian mala calidad del casco. Otro tanto de lo que se ven por fuera, crecen los ceños por dentro, comprimen las partes blandas dentro del casco y causan dolor al caballo.

de tantas…

La raza es lo mismo que el cuarto, con la diferencia de que éste sale en las manos, y aquélla casi siempre en los pies. Se distingue en que el cuarto se abre en un lado, y la raza es una rotura que se forma en la delantera del casco, empezando de la corona. La raza es más común en el ganado mular.

Los sobrepuestos son una enfermedad que no debería conocerse. Ni la del cuarto, si no hubiera herradores malos. El sobrepuesto se forma siempre que, ahuecándose los candados o pulpejos, se llegan a cerrar y a estrecharse. El uno cruza o carga sobre el otro, y deja no sólo imperfecta la mano, sino dolorida y sin firmeza.

El higo u hongo es un saliente de carne que se hace en las ranillas. De naturaleza cancerosa, es muy peligrosa y larga de curar cuando tiene mucha profundidad.

El recalentamiento o escalentamiento que se hace en las ranillas, es una úlcera de la que destila un líquido espeso y fétido. Los pies del caballo están más expuestos a padecerlo que las manos si no se tiene aseado su sitio de estiércol u orines, que causan una putrefacción.

… y tantas cosas.

La espundia es una carnosidad esponjosa, de donde toma el nombre. Es igualmente blanda y porosa. Tiene poca raíz, y se forma en las ranillas, en cuya parte viene a ser el higo u hongo. Sin embargo se nota con más frecuencia desde el menudillo para abajo, y en tiempo de verano.

Los empeines salen en la corona del casco. Cuando se nota en ésta el pelo erizado y cierta caspa y líquido espeso que destila, son señales seguras de esta enfermedad.

El gabarro se forma en las partes laterales de la corona y la cuartilla o sobre los pulpejos. Se manifiesta por un tumor y una úlcera dolorosa que hace cojear al caballo. Por lo general sale en los pies.

Si no afecta más que a la piel, se llama gabarro simple o aguaja, y no es de gran peligro. Pero si ocupa alguna porción tendinosa de esta parte, se llama gabarro tendinoso. Y si se manifiesta cerca de la corona, sobre uno de los talones, acometiendo el cartílago lateral, se le dice gabarro coronado o cartilaginoso. En ambos casos deben temerse fatales consecuencias.

El galápago es una rotura transversal que se nota en la parte delantera de la corona del casco. Con una excrecencia de carne callosa que tiene algún parecido con la cabeza de una tortuga.

caballos romanos¡Cuidado con esto!

El alcance se manifiesta en los talones por una contusión o llaga superficial. En este caso se llama alcance simple. Pero si los tendones han padecido y hay cojera, se llama alcance sordo. Y si se extiende por la corona del casco, se le dice alcance coronado o de la corona. Normalmente se produce por darse el caballo con el pie un golpe o alcance en la mano.

Desarado se dice cuando en la corona se despega el casco entero o una parte de él. Corre por entre el borde de la corona y el pelo una materia viscosa y purulenta.

La escarza es una apostemilla que se forma en el saúco y la palma.  Procede de haberse sentado al caballo la herradura. O de haberle quedado alguna piedrecilla entre la palma y la herradura. De la contusión resulta la supuración, y por consiguiente, la escarza.

El pelo es del mismo estilo, sólo que no pasa del saúco. Se llama así por la pequeñez de su orificio.

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CLASES DE CASCOS Y FORMAS DE HERRAR PARA CORREGIRLOS

Bajos de talones

Hay dos especies de talones bajos. Algunos caballos tienen el talón bajo y gruesas las ranillas, y otros tienen el talón bajo y cerrado. Los de talones bajos y ranillas gruesas son siempre malísimos cascos.

Para suplir este defecto se acostumbra a engrosar los callos de la herradura y echar los clavos más gruesos de cabeza en los talones.

Pero esto dura solamente mientras es nuevo el hierro, por lo cual es preciso poner ramplones a esta especie de caballos. O herraduras de boca de cántaro, para evitar que toquen la tierra con las ranillas. Para que el jugo nutricio se comunique hacia el talón, no se les debe abrir los candados, sino cortar llanamente las ranillas, fortificando así el talón.

Conviene además, cuando se les hierra de nuevo, cortarles un poco la punta del casco, inclinando los clavos hacia afuera para evitar lastimarles. Más abajo describiremos las herraduras y sus diferentes tipos.

Un clavo saca a otro clavo

En cuanto a los caballos que tienen los talones bajos y cerrados, conviene aplicarles una herradura a la italiana. Con los callos rectos y gruesos por la parte de adentro, para ensanchar y empujar hacia fuera el talón a medida que vaya creciendo. Nunca abrirles los candados y cortarles la punta del casco a cada nuevo herraje.

Como esta especie de herraduras causará en los primeros días algún dolor en los cascos del caballo, es muy conveniente ponerle en fianzas. Es decir, ponerle la mano o el pie en estiércol humedecido con agua.

Cascos de tropa de caballos

Cascos derramados

Se llaman Cascos derramados a los que son anchos, llanos y muy esparcidos por la parte de adelante y de los lados. Provoca que toquen en tierra las ranillas y la cojera al caballo por dolerse de estas partes.

Es es un defecto considerable, sobre todo en los potros, porque los cascos se les derraman cada día más y más si no se remedia con prontitud. Lo que más conviene a esta suerte de caballos es darles unos hierros cuyos vuelos y lumbres sean más rectos o recogidos que los lados y puntas de los cascos.

Dirigiendo los clavos someros, hacia fuera. Y cortando con el pujavante cada vez que se les hierra, la parte de la tapa que sobresale de la punta y de los lados para ir recogiendo poco a poco los cascos hasta traerlos a su posición.

Como es difícil en este tipo de herraje dejar de cargar algo la herradura sobre la palma, conviene poner en el casco, después de herrado el caballo, un emplasto o puchada astringente. Y no hacerle trabajar durante algunos días para que se vaya acostumbrando poco a poco a este herraje.

Si el jugo nutricio se dirigiese mucho hacia la palma y el casco se cerrase del lado de los talones, habría que servirse de la herradura italiana. Para ensanchar los talones e impedir a la palma empujar demasiado. Y hacer pasar el jugo nutricio hacia el talón. En este caso no deben ser rectos ni recogidos los vuelos de la herradura.

Cascos preñados de palmas o palmitiesos.

Los cascos preñados de palmas son los que tienen la palma más alta que la tapa. Esta imperfección, muy común en los caballos criados en tierras húmedas y pantanosas, proviene de que el jugo nutricio empuja mucho hacia la punta del casco y a la palma, en lugar de pasar al talón.

Por eso todos los cascos con este defecto, aunque se ensanchen de los lados, se cierran siempre hacia el talón, que se halla privado del correspondiente nutrimento.

Según la estructura de estos cascos, las herraduras que más les convienen son las italianas. Con los callos no estrechos, sino tendidos y gruesos hacia la parte de adentro. Para abrirlos y obligar a que el jugo nutricio superfluo, que se halla en la punta y palma del casco, pase al talón.

Conviene también por la misma razón recoger la lumbre de la herradura cada vez que se hierra de nuevo al caballo. Y dirigir hacia fuera o clavar someros los clavos de adelante.

Cuando el remedio es peor que la enfermedad

Hay algunos herradores que usan para esta especie de cascos herraduras cóncavas o ahuecadas. Este método es malísimo. En lugar de aliviar los cascos, los arruina más adelante. Porque tomando la forma del hierro, se dirige siempre el jugo hacia la palma. Esto desfigura más y más el casco y hace marchar al caballo con poca seguridad, por apoyarse solamente en el medio de la herradura.

Así y todo, se ven algunos cascos en que la palma se eleva más en un lado que en otro. En este caso es necesario ahuecarles la herradura para poder servirse de estos animales. 

Muchos herradores desgobiernan al caballo en la cuartilla para detener por arriba el jugo nutricio superabundante que se inclina hacia la palma. Algunas veces le beneficia. Pero a los caballos que son tan preñados de palmas que no se les puede enmendar su imperfección por este medio, lo mejor es ejercitarlos en un terreno suave.

Puede haber esperanza en que restablezcan, observando para herrarlos el método que antes se ha insinuado.

Antiguos herradores militaresCascos encanutados.

Son los cascos encanutados, según ya dijimos, los que se cierran de talones y candados, oprimiendo demasiado al tejuelo. Esto impide al caballo marchar a su gusto y le hace casi siempre cojear.

Tienen más este defecto los caballos finos y criados en lugares áridos y secos. Por la falta de humedad sacan unos cascos sin la precisa sustancia y nutrimento. Por esto se cierran y estrechan hacia el talón.

Los cascos demasiado largos, secos y poco jugosos son normalmente encanutados. Puede también contraer un caballo este defecto por unas herraduras mal construidas y colocadas.

Los caballos que tienen los cascos encanutados pisan generalmente de punta para evitar el dolor que sienten en el talón. El motivo es por contraérseles el nervio. Es causa de hacerse corvos con el tiempo.

No abras los candados

Para corregir esta imperfección conviene rebajarles los talones cuando se les hace el casco sin abrirles los candados. Cortarles planamente las ranillas y dejarles la palma con más fortaleza hacia el talón.

Socavando los candados se debilitan los talones y se quita la fuerza al casco. Porque viniendo los talones a juntarse para llenar el hueco que resulta en los candados, comprimen al tejuelo y causan dolor en esta parte, que hace cojear el caballo.

Después de que se haya hecho el casco al animal de este modo, debe ponérsele una herradura italiana con los callos mucho más gruesos por la parte de adentro que por la de afuera.

Es lo indicado para ensanchar los talones y obligar a que el casco empuje hacia afuera y tome extensión. De manera que renovando muchas veces este hierro se ensancha necesariamente el talón y toma fuerza en esta parte.

Es preciso para esto que la parte de adentro del callo de la herradura sea dos veces por lo menos más gruesa que la de afuera. Y no tan ancha como se acostumbra, para que cargue poco sobre la palma.

Los caballos encanutados de cascos los tienen generalmente secos y poco jugosos. Es muy beneficioso tenerlos bastante tiempo en fianzas antes de herrarlos. Para que la humedad les ablande el casco, sea más fácil de hacerse, y pueda el talón extenderse. Se han curado muchos caballos de este defecto siguiendo dicho método.

Cuidado con los talones

Cuando fuese necesario hacer algún viaje con un caballo que tuviera los cascos encanutados, no se le debe quitar nada del casco de los talones. Importa mucho conservar estas partes con toda su fuerza para que pueda resistir el camino. Después se ha de volver a seguir el método dicho anteriormente.

Si tuviese el caballo los cascos encanutados de manera que fuese imposible poderlo remediar con el herraje, lo más seguro es despalmarle.

Siempre que se nota que un talón quiere cerrarse, se ha de poner al caballo una herradura cordobesa bien aligerada de hierro. Con el callo del lado del talón que se quiere cerrar más largo que lo corriente y un poco más grueso de la parte interior que de la exterior. Esto es, con declive hacia la parte de afuera.

Pero cuidando de que la parte interior del callo no cargue sobre la palmas. Y observando cuando se hace el casco a tales caballos, el mismo método que con los que tienen los cascos enteramente encanutados.

No abrirles los candados, cortarles llanamente las ranillas, cortarles la punta del casco siempre que se les hierre de nuevo, y clavarles someros los clavos de adelante.

Los caballos que padecen de cuartos, consecuencia casi siempre de la sequedad y de tener los talones cerrados, deben herrarse con herraduras de boca de cántaro. Pero si los talones continúan sin cerrarse, se usará de la herradura italiana, puesta como queda explicado.

Marroquíes herrando como puedenCorvos, estacados y topinos al principio de emballestados.

El modo mejor de herrar a los caballos corvos, estacados de brazos y topinos es rebajarles los talones sin abrirles los candados. Esto les hace doblar el menudillo y obliga a que el nervio tome extensión.

A los topinos conviene además ponerles la herradura hechiza, bien gruesa de la lumbre. Y echarles clavos de cabeza gruesa en la parte de adelante, y de cabeza pequeña en los talones. Semejantes caballos usan más el hierro por la lumbre que por otra parte.

Transición peligrosa

Cuando el caballo está en el aumento de topino o en el principio de emballestado o ancado, que es cuando empieza ya a trastornar la mano o el pie, no se le debe quitar nada del casco de los talones.

Se le ha de poner una herradura con galocha o con paletón, untándole después el nervio con el ungüento descrito más adelante. Y pasearle todos los días a un paso muy moderado en un buen terreno hasta que el menudillo haya recobrado su lugar.

Es el único modo de herrar y conducir a tales animales y de corregirles este grandísimo defecto. Rara vez se logra si en los principios no se ha puesto el mayor cuidado en corregirlo.

Y menos aun se consigue cuando, hallándose ya en tan mal estado los caballos, se les apuran los talones hasta lo vivo. Así hacen muchos herradores franceses, cuyo método es contrario a la misma idea que llevan de dar extensión a los nervios contraídos.

Que tropiezan, se rozan, estevados y que se alcanzan.

Cuando un caballo tropieza se acostumbra cortar la punta del casco y retraer el hierro de la lumbre para que no encuentre tan fácilmente las piedras. Pero este defecto -que es muy común en los caballos que son débiles de adelante- rara vez se corrige por la herradura.

En cuanto a los caballos que se rozan, en algunos nace este defecto de no estar habituados a marchar. Al llevar mal sus brazos y piernas, se los agarran con las herraduras y se rozan. Otros, por debilidad de lomo, arrastran las piernas en lugar de llevarlas firmes y levantadas.

También son causa muchas veces de este desorden las malas herraduras. Sea porque salen mucho por fuera del casco por ir demasiado bañadas, o porque las puntas de los clavos no están bien redobladas ni embutidas.

Hay también otros que suelen rozarse por cansancio. En estos el único remedio es el darles reposo.

De izquierdas

A los caballos Izquierdos, que se rozan de adelante, se acostumbra quitarles dos partes de casco en la parte de afuera de las manos y una en la parte de adentro.

Echarles los clavos más gruesos de cabeza a la parte de adentro, y engruesarles también el callo, el vuelo y la tabla de la herradura de este mismo lado. Dejándole corto y recogido el mismo callo hacia el talón y cuidando de que las robladuras de los clavos de la parte de adentro queden abotonadas para que no resalten sobre el casco.

El mismo método se observa en los pies. O bien se pone un ramplón pequeño por la parte de adentro de cada pie sin que sobresalga del casco, con lo que marchará más abierto y a su gusto.

Este es el único modo de herrar a esta especie de caballos. Pero si se rozan por mala costumbre, por debilidad o por cansancio, la herradura sola no puede quitarles este defecto.

Estevados

Hay algunos caballos que, sin rozarse, llevan tan mal cuando marchan sus manos y pies, que gastan mucho las herraduras por afuera. Estos son los que, como ya hemos dicho, llaman estevados.

A estos conviene quitarles dos partes de casco de la parte de adentro y de adelante, y una de la de afuera, dejándoles el huello con la posible redondez. Y ponerles unas herraduras con los callos, vuelos y tablas de la parte de afuera gruesos, y de la parte de adentro delgados.

Las cabezas de los clavos guardando la misma desigualdad, y sentándoles las herraduras bien recogidas y ajustadas de la parte interior y anterior del casco. Y bañadas de la parte exterior.

Otros hay que se alcanzan y se deshierran las manos con los pies. Su defecto nace de varias causas, como carecer de fuerza en los remos delanteros, tener muy largos o crecidos los cascos de las manos, ser muy largos de cuartillas, muy cortos de sillar, o de tener muy largos o mal sentados los callos de las herradas de adelante. Las herraduras mejores para esta especie de caballos son la de media luna y la cordobesa. Pero ésta, poco cargada de hierro y dejándosela bien azotada al talón.

De lo malo, lo peor

A los caballos que han estado aguados o infosados no conviene rebajárselos de adelante. Es para conservarles la palma en su fuerza y vigor. En estas ocasiones, empuja ésta y se aplana hacia la punta y el medio del casco.

Aunque por más precauciones que se tomen, una vez que la aguadura o infosura cayó sobre la palma del animal, es muy difícil restablecerle los cascos solamente con la herradura, por mucho cuidado que pueda haber.

En Alemania ponen ramplones a casi todos los caballos. Incluyendo a los que se destinan al picadero. Se basan en que está más firme y asegurado el caballo con ellos y en que le impiden resbalarse.

Los que lo rechazan dicen que con los ramplones se contraen los nervios al caballo y que son causa muchas veces de que le salten cuartos y razas. Y de hacerse estacado de brazos, corvo, topino, y hasta emballestado, por causa de recogerse o de contraerse el nervio.

Aunque estas razones son ciertas, es preciso confesar que en algunas ocasiones son los ramplones absolutamente indispensables para enmendar algunos huellos imperfectos. Y para caminar por el hielo o por terrenos resbaladizos. Cuando deba preferirse la seguridad del jinete a la del caballo.

Forja de herradura

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HERRADURAS. DESCRIPCIÓN Y CLASES

De entre todas las partes del conocimiento del caballo, la herradura es una de las más útiles. De las que merecen mayor atención. Vemos cada día desgraciarse a los mejores caballos por los cascos, que son el fundamento de poner la herradura. Por haber sido mal herrados o por no haber sabido aplicarles en tiempo oportuno el remedio.

Si estudiamos casco del caballo observaremos que la naturaleza ha reforzado con esmero las partes que trabajan más. Y ha dejado más débiles las que sufren menos. Este estudio es el que debe guiar al herrador al asentar la herradura. Al fin no es otra cosa que una defensa que añade el hombre al casco del caballo para servirse en las penosas faenas a que le ha des­tinado. El casco de la mano del ca­ballo tiene:

Más espesor en la tapa de la punta que en los talones.

Más espesor, aunque menos que en la punta, en los hombros exteriores que en los interiores.

Menos consistencia en la ta­pa de la cuarta parte del casco exterior que en las demás.

Toda la parte interior del casco más dé­bil que lo restante.

La naturaleza es sabia, pero…

¿Por qué ha dado la naturaleza más consistencia a la tapa del casco en la punta y en el hombro exterior que a las demás partes?

Porque la punta sufre el primer punto de apoyo y asegura el empuje del animal en el suelo. Y porque los hom­bros exteriores apuntalan de una y otra parte la máquina entera.

Luego la herradura, para no contradecir a la na­turaleza, ha de ser algo reforzada en la lumbre, como lo es la parte del casco que se apoya. Lo ha de ser algo más en el hombro exterior que en el interior, porque esta parte del casco indica que trabaja más.

Y ha de ir adelgazando y disminuyendo de peso ha­cia los callos que apoyan sobre las cuartas partes del casco, por tener éstas las tapas más delgadas, indicándonos que trabajan menos.

…no siempre le hacemos caso.

¿Están todas las herraduras construidas bajo este sistema? Forzoso es decir que no. ¿Y cuál es la causa? Que no se estudia la naturaleza y se funciona por ru­tina. Así es que, algunas herraduras se construyen al revés de como se debería.

Hasta hace poco, todos clamaban por herraduras pesadas. Pero su volumen debe ser proporcionado a la fuer­za de los cascos o tapas que los han de sostener. Se daba a la herradura mucho peso, mucha anchura en la tabla. Y se acababa, para rematar, por situar las claveras muy juntas.

Precisamente hacia los ta­lones, donde no teniendo consistencia algu­na las tapas del casco ni pudiendo soportar el peso de la herradura, acababan por soltarla. Con la caída de las mismas partes que la habían de sostener.

Las consecuencias: enferma el animal de los cascos. Empeora ca­da vez que se le vuelve a poner una herradura nuev­a bajo el mismo ruinoso método. Y el mejor caballo se inutiliza a lo mejor de su vida.

En los cascos del caballo no es el mal de tanta gravedad. La tapa ahí es más delgada en la punta que en las cuartas partes. Como que el animal hace el empuje con los talones, y siempre tiene más espesor en los lados exteriores que en los interiores, por ser las partes de afuera sobre las que se apuntala el caballo de uno y otro lado.

Por consi­guiente, los cascos indican bien cuál deba ser la construcción de la herradura que les corresponde.

Descripción y partes de una herradura.

La herradura del caballo es una pieza plana de hierro redondeada por la parte de adelante. Está compuesta de los vuelos, la lumbre, los callos, la tabla, la luz o puerta, y alguna vez de un ramplón o dos.

Los vuelos, son las partes laterales exteriores de la herradura, y desde las claveras de adelante hasta las de atrás.

La lumbre, es la parte redonda de adelante.

Los callos, son las partes que empiezan en los extremos de los vuelos de la herradura, que se notan desde la última clavera hasta el talón.

La tabla, es toda la parte llana que se encuentra en medio del semicírculo exterior o interior que forma la herradura, y aquella parte del hierro que asienta sobre la tapa del casco del caballo.

La luz o puerta, es el hueco o vacío, comúnmente semicircular, que forma todo el borde interior de la herradura.

El antiguo ramplón forjado

El ramplón, es la vuelta que se da hacia abajo en el fin de los callos de la misma herradura, principalmente para hacer levantar al caballo el talón.

Las herraduras de las manos se diferencian de las de los pies en que las primeras tienen claveras adelante, y no atrás cerca del talón; y las de los pies las tienen cerca del talón, y no adelante, cerca de la punta, porque las manos tienen más fortaleza de adelante que atrás y los pies tienen más en el talón que en la punta.

 Las claveras son los agujeros por donde ha de en­trar el clavo que sujete a la herradura. Deben estar hechas al tamaño de la espiga del clavo. Los clavos deben ser delgados de cuerpo, tableados, y no redondos ni cuadrados. Así el agujero que abren en la tapa es siempre pequeño y más parecido al modo como está unida la tapa con el sauco.

Los antiguos multiplicaron las especies de herra­duras. Con tan poca utilidad como se han multiplicado las especies de bocados. Tenían los nombres de hechiza, cordobesa, boca de cántaro, y otras que pondremos a continuación. Muchas de ellas más bien perjudiciales que de alguna utilidad.

Clases de herraduras

Los antiguos veterinarios distinguían diferentes clases de herraduras. Entre ellas señalaremos aquí, la italiana, la cordobesa, la herradura de boca de cántaro, la hechiza, la herradura de media luna y la herradura común.

La herradura italiana cierra más hacia los callos, lo que es perjudicial. Tiene más hierro en éstos que en la lumbre. Es la que es ancha de la lumbre y tiene la mayor parte del hierro en los callos.

La cordobesa es muy parecida a la común. Sólo se diferencia en tener también algo más cargados de hierro los vuelos que la lumbre. Aunque no tanto como los de la herradura Italiana.

La herradura de boca de cántaro es enteramente cerrada y vuelta por atrás. Como los callos están unidos, se parece verdaderamente a la boca de un cántaro. Tiene en óvalo la luz o puerta, para la ventilación de las ranillas y la palma del casco.

La hechiza es más gruesa en la lumbre que en los callos. Tiene su puerta generalmente cuadrada y es más gruesa de la lumbre que de los callos.

De todas las clases y formas, pero de dudoso resultado

La herradura de media luna es la que tiene los callos más cortos que todas las demás. Sus defensores decían que “no estando en el caso de comprimir nunca los talones del caballo, es no sólo la menos expuesta a darle enfermedades, sino que es la más aparente para curarle de ellas, como se experimenta con los cuartos, sobrepuestos, razas etc.”, y abogaban por extender más su uso, “aunque al sentarla requiere de ciertos requisitos, que requieren un herrador prolijo e inteligente”.

La herradura más útil es la lla­mada vulgarmente común. Es llana, aunque un poco más reforzada por la parte de afuera que por la de adentro. Acompaña exactamente la redondez de un casco bien formado. También se la llama de callo con lumbre.

La herradura de la mano debe estar reforzada en la lumbre y en los lados u hombros. Más delgada o descargada de hierro en los callos. De un ancho proporcionado en la tabla. Más estrecha en los callos, para que no cargue sobre las ranillas.

Las claveras

Las claveras serán sólo siete. Repartidas con igualdad alrededor de la lumbre y distantes unas de otras todo cuanto lo permita el sitio que hayan de ocupar. Desde la tercera parte de la herradura hacia atrás, y máxime hacia la parte de adentro, no debe abrirse clavera alguna. La tapa del casco en esos sitios no tiene consistencia para recibir el clavo sin que le pueda dañar.

Las cuatro claveras de adelante ocuparán a igual distancia el primer tercio alrededor de la lumbre y hombros. Las dos claveras de afuera, y la de adentro, enfrente al medio de éstas, ocuparán el segundo tercio.

No ha de tener más largo que el necesario para defender la tapa. Sin asentar jamás so­bre los candados. Porque siendo las ranillas de natu­raleza flexible y esponjosa, necesitan comprimirse y dilatarse con el mismo piso y peso del caballo. Sin que haya estorbo que le quite el juego que le dio la naturaleza.

No son intercambiables

La herradura de la mano derecha no puedo servir para la izquierda, ni la izquierda para la derecha. Lo mismo sucede con los pies.

Los callos en la herradura, siendo largos y gruesos y con claveras en los talones, recargan la parte más débil del casco con un peso que le toca sostener a la punta. De aquí resulta el caerse la herra­dura. Y que las tapas delgadas en aquel sitio quedar acri­billadas y destruidas.

Pero si según el vicio inveterado, y como es necesario a este género de herraduras, van los agujeros de los clavos muy unidos y unos sobre otros, cuando esta parte no está construida para soportar ninguno, la destrucción del casco del caba­llo es casi segura e inevitable.

La herradura del pie es siempre más estrecha que la de la mano. Ha de ser ligera por la lum­bre. Reforzada hacia los talones. Sus claveras situadas hacia atrás, dejando la punta del casco del pie, que es aquí la parte débil, libre de clavos.

Se situarán éstos respectivamente en cada pie. Cuatro al lado de afuera a distancias iguales, y sólo tres a la parte de adentro. Repartidos los tres en el sitio que ocupan los cuatro de enfrente. Bajo el mismo principio establecido para las manos.

Antiguamente se echaban ocho clavos a cada herradura. Hoy en día sólo se gastan con siete. Y se ponen cuatro al lado de afuera y tres al de adentro.

Fortaleza diferente

Se ha observado que no sólo apoya el caballo con más fuerza sobre la parte de afuera, sino que es más débil la parte de adentro del casco. Igualmente, como la tapa en los brazos tiene más consistencia y espesor hacia la punta que hacia los talones, se echan los clavos alrededor de la lumbre en los brazos. Y más atrás, hacia los callos, en los pies. Porque en éstos es más fuerte la tapa en los talones que hacia la punta.

La clavera debe estar arreglada con precisión al tamaño del asta o espiga del clavo. Cuando es más ancha, con el esfuerzo y peso del caballo al andar, se zarandea el clavo dentro de ella. A los pocos días de herrado, como se sostiene el clavo sólo sobre el casco y no en la caja que debiera formarle la clavera, abre en la tapa un agujero. 

Nunca debe hacerse a la herradura por el canto exterior una especie de borde o relieve, que llaman relex o canteo. Esta costumbre es la más perjudicial. La herradura ha de ser plana y tendida. Cuando tiene este borde, forma una especie de caja donde queda encerrado el casco. Le quita la libertad para que se extienda si crece más que lo que da de sí la herradura.

Por consiguiente, hace entonces el casco lo que los dedos del hombre con un zapato estrecho: tomar todo el grado de elevación que le falta de longitud, y encogiéndose la tapa y despegándose del saúco, forma unas asperezas o desigualdades, llamadas ceños.

Las herraduras a fuego, o aplicadas calientes sobre el casco para que tuesten las desigualdades con el fin de que sirvan pa­ra dirigir luego el pujavante del herrador son las mejores. O mejor, las únicas para que quede el caballo bien herrado y la herra­dura asentada sobre un plano perfecto.

 

ENFERMEDADES DEL CASCO CAUSADAS POR LA HERRADURA

Enfermedades que puede causar la herradura.

Si la herradura es estrecha, no ensanchando por una y otra parte más que el casco desde la segunda clavera, y le añadimos que haya socavado el herrador­ las ranillas con el pujavante, sentando luego sobre los pulpejos los callos de la herradura a fuerza de martillo, resultará que el casco, comprimido por to­das partes saltará por la más débil, que es hacia las cuartas partes en las manos.

Padecerá el caballo de cuartos.
 

Moros herrando al aire libre

Si fuera en los pies, saltará por la punta, y tendrá el caballo razas.
Y si a una herradura estrecha y con los vi­cios ya indicados se le junta que haya ahue­cado el herrador el casco abriendo los candados -operación rui­nosísima que priva al casco de su principal jugo con­tenido en las ranillas, que deja sin defensa alguna las partes blandas y tendones principales contenido en el casco- sucederá que faltando entre ambos talones el apoyo que ha puesto la naturaleza, se cerrarán los pulpejos.
El uno cru­zará sobre el otro y el caballo padecerá de sobre­puestos.
 

Método para precaverse

Puede verse que todas estas enfermedades provienen de los vicios de la herradura. Por otra parte, ¿quién duda de que una herradura estrecha y mal asentada no atormente las partes internas del casco y no las exponga a que extravasándose la linfa se hagan depósitos que luego degeneren en muchas enfermedades?

No puede negarse que el caballo que tiene una herradura que le molesta jamás asienta la mano en el suelo con confianza. Si le duele en un lado, carga el peso al otro. De aquí el padecer los tendones, por una parte una extensión, y por otra una retracción que no deben, fatigarse los músculos y tendones, y arruinarse el animal llenándose de vejigas, porrillas, sobrepuntas, etc.

Deduciremos pues, que para que no tenga el caballo ceños se han de gastar las herraduras planas, tendidas y sin relieve. Que para que no padezca de sobrepuestos es esencial no abrir nunca los candados. Y para que no le salten cuartos ni razas, observar las reglas antecedentes, algunas otras que añadiremos, y preferir siempre la herradura corta y desahogada a cualquier otra.

No era incurable

Y es tan seguro este método para estas dos últimas enfermedades, que en el día de hoy el cuarto y la raza, que parecían incurables antiguamente, se curan sin otro remedio que herrar a media luna, acortar por la segunda clavera el callo de la herradura del lado enfermo, de manera que la parte enferma no apoye sobre el hierro.

Que los talones no estén apretados, y que puedan comprimirse y dilatarse al poner el caballo el casco en el suelo.

Añadiremos que en el caso de adaptarse el método de cortar un callo a la herradura por tener el caballo un cuarto, debe adelgazarse aquel callo en el sitio que se corte para que acabe en disminución y sin formar escalón.

 

VOCABULARIO DEL HERRAJE…

Árabes herrando

Los términos más en uso en son: Forjar, Estampar, Adobar, Traspuntar, Traspuntar someras las claveras, Traspuntar altas las claveras, Hacer el casco, Echar clavos, Clavar somero, Clavar alto, Enclavar, Acodar, Arrimar, Redoblar o Roblar, y Asentar.

Forjar, es dar la primera forma a la herradura, y estamparla o señalarla altas o someras las claveras, cuya primera operación en el hierro no hacen normalmente los herradores en España, y sí los herreros de oficio.

Estampar, es señalar con la estampa las claveras en la herradura.

Adobar, es ajustar o arreglar la herradura sobre la bigornia los clavos sobre ellas, y Traspuntar la misma herradura para clavarla después en el casco del caballo.

…para entender al herrador

Traspuntar, es hacer con el puntero los agujeros a la herradura. Traspuntar someras las claveras, es abrirlas hacia el borde exterior del mismo hierro.

Traspuntar altas las claveras, es abrirlas hacia el borde interior de la herradura, Hacer el casco, es cortarlo y arreglarle con el pujavante.

Echar clavos, es clavar la herradura a golpe de martillo en el mismo casco del bruto, o echarle uno u otro clavo cuando le falta.

Clavar somero, es dirigir el clavo hacia la parte de afuera del casco, cuando se sienta la herradura.

Clavar alto, es dirigir el clavo opuestamente; esto es, más hacia el centro del casco.

Enclavar, se dice cuando los clavos atraviesan, por mal dirigidos, el saúco y tocan en la palma.

Acodar es cuando al clavar cualquier clavo se dobla hacia la palma.

… y al aficionado.

Arrimar, es siempre que el asta del clavo, por mala proporción de su vuelta, comprime lo sensible del casco.

Redoblar o Roblar, es volver y abotonar las puntas de los clavos de la herradura sobre la tapa del casco, dando con el martillejo en las cabezas de los mismos clavos, y sufriendo sus puntas con la tenaza.

Asentar, es cuando por mal hecho o cortado el casco, por mal sentada o tableada la herradura, o por otros accidentes, comprime el hierro alguna parte de la palma del caballo. Y siempre que por dejarle muy oprimidos los callos de la herradura le contunden y maltratan los talones.

Hay seis tipos de hierros de los que normalmente se hace más uso: la herradura común, la Italiana, la cordobesa, la boca de cántaro, la hechiza, y la herradura de media luna.

Hay también otra herradura llamada de Gozne, que sirve para la mano o el pie de todo caballo. Se dobla y recoge en el medio de la lumbre y se ensancha o estrecha por medio de un gozne o tornillo, según el tamaño del casco. Ésta sirve para una cabalgada y para cuando el caballo ha perdido algún hierro.

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Las cuatro reglas. Higiene y cuidado de los miembros.

 

Herrando a la bestia. Grabado

Las cuatro reglas

Resumiendo lo dicho, hay cuatro reglas que deben observarse para herrar bien a los caballos que tienen buenos cascos:

PUNTA ADELANTE, TALÓN ATRÁS. ABRIR POCO O NADA LOS CANDADOS. USAR LOS CLAVOS MÁS DELGADOS DE ASTA. HACER LAS HERRADURAS MUY LIGERAS, SEGÚN LOS CASCOS Y CUERPO DEL CABALLO.

Primera

Según la primera de estas reglas, conviene echar los clavos a la punta de las manos, y no al talón, para no enclavar al caballo. Porque el talón de las manos es más débil que la punta y tiene menos casco. Y al contrario, han de echarse los clavos al talón de los pies, y no a la punta, porque la punta es más débil en los pies que el talón.

Segunda

La segunda regla, que es abrir poco o nada los candados, quiere decir que no conviene cortar ni ahondar mucho el interior de la mano o del pie del caballo del lado de los talones. Esto debilita mucho el casco y en lugar de ensancharse por este medio, se recogen y estrechan mucho más, sobre todo si no se les deja descanso en los callos de la herradura.

Tercera

La tercera regla es la de emplear los clavos más delgados de asta; porque los muy gruesos abren al clavarlos o al redoblarlos un gran agujero en el casco y le hacen fácilmente saltar. Aparte de que los clavos gruesos son más expuestos a enclavar que los otros, sobre todo a los caballos que son pobres de cascos.

Se emplean los clavos gruesos en los caballos de coche, porque sus cascos son mayores y de más resistencia, pero deben ser delgados de asta y con proporción al tamaño y grueso de la herradura.

Y cuarta.

La cuarta regla es usar las herraduras más ligeras, según los cascos y cuerpo del animal; porque las muy pesadas estropean los nervios, cansan y fatigan al caballo y se sueltan con el menor esfuerzo o con cualquier piedra en que tropiecen.

Reglas particulares

Además de estas cuatro reglas generales, hay otras cinco particulares no menos esenciales:

La primera es que acompañe la herradura la circunferencia del casco hasta cerca del talón, para que el caballo marche a su gusto; y que los callos de la herradura no salgan mucho por detrás fuera del plomo del talón, porque cuando salen demasiado se alcanzan los caballos las herraduras de las manos con los pies. Se deshierran con facilidad y tienen -sobre todo corriendo- mucho riesgo de caerse.

La segunda regla es que asiente la herradura solamente sobre la tapa y no sobre la palma, que al ser más tierna produciría dolor y haría cojear al caballo. Por la misma razón, conviene recoger algo el vuelo interior de la herradura y no clavar altos los clavos; es decir, que los clavos no se arrimen muy adentro o no participen de la palma.

La tercera regla es poner los clavos con igualdad y de manera que no se internen unos más que otros, para que no comprima alguno la parte sensible del casco.

La cuarta regla es la de redoblar las puntas de los clavos después de puestos con el fin de asegurar la herradura y de que el caballo no se hiera ni se roce. Como sucede a los caballos que tienen el herraje antiguo y usado, que se les hunden los clavos y resaltan las puntas en el casco, a medida que se desgastan las cabezas.

La quinta y última regla es: después de herrado el animal, cortarle y limarle suavemente todo el círculo bajo el casco para allanarlo y darle una forma igual y redonda, y quitarle las puntas de las robladuras que puedan quedar.

Cascos a prueba de acero

Hay caballos tan duros y secos de cascos que no es posible echarles ningún clavo sin que se doble o se acode. A estos conviene tenerlos antes en fianzas bastante tiempo para que se les enternezca el casco y puedan herrarse con más facilidad.

Hay algunos herradores -entre muchos otros realmente buenos- que apenas son aprendices y se ceban al hacer el casco. Disminuyen y quitan los talones, ciñendo la herradura y cerrándola de callos, que afligen a los candados. Y de acopados los hacen patimuleños, cuando de ser bañando la herradura se hacen acopados.

Además de que les suele salir por tapas delgadas, sequedad y descuido, y cerrarles la abertura de talones que la naturaleza les dio para expeler los humores, y que causa a los caballos dolor y resentimiento en las piedras y al apoyar y cargarse en el freno, y no hay peor cojera que la de la disminución del casco.

 

CUIDADO E HIGIENE DE LOS MIEMBROS Y DE LOS CASCOS

Refrescar los pies al caballo

Deben ser objeto de atención constante. Si se observa calor sobre una parte de ellos, se debe dar una ducha en todo el miembro. Cuando trabajen en terreno duro, y siempre que se pueda, se tendrá al caballo metido en el agua hasta las rodillas y corvejones durante unos diez minutos, siendo mejor si el agua es corriente, secándoles a la llegada y dándoles masaje.

Las cuartillas deben estar muy limpias para evitar las grietas, y en caso de presentarse, se les dará vaselina con subnitrato de bismuto; y si no bastara, se les aplicará una cataplasma con linaza.

Alcances durante la marcha

Cuando durante la marcha se toca algún caballo, se limará la parte de la herradura que sea preciso y se colocará una venda de contención, y al llegar al alojamiento, se reemplazará la herradura por otra convenientemente modificada para evitar que el accidente se repita.

Si los menudillos están inflamados y calientes, se ducharán y se les dará un baño. Cuando haya una herida se locionarán con agua salada, aguardiente alcanforado, tintura de árnica, y mejor agua sublimada, si la hay. Teniendo la precaución de templarla, y locionar  cada dos horas. Con este procedimiento y sin necesidad de polvos de ninguna clase, se curan toda clase de heridas con gran rapidez.

¡Cojera habemus!

Si un caballo empieza a cojear, su jinete desmontará enseguida para ver si alguna piedra o clavo es la causa. De ser así, sacará el clavo con precaución, y el herrador le echará aguarrás, o alcohol en su defecto, poniendo algodón y una cinta que lo sujete.

Terminada la marcha, se meterá el caballo en el baño, pues son buenos para todos los accidentes de los pies, clavaduras, contusiones, quemaduras de la palma, casco excesivamente rebajado, herradura sentada, etc.

Si hay cojera después de un accidente del casco, se pondrán por la noche cataplasmas de linaza, greda, malvas o salvado, procurando que estén siempre húmedas. Las cataplasmas son excelentes para todos los accidentes de los pies; mantienen la humedad del casco, ablandan la córnea y calman el dolor.

En caso de alcances, se cortarán los pelos aglutinados por la sangre seca, que irritan la herida; se lavará la llaga con agua salada, acidulada o alcoholizada, y si la córnea está desprendida se cortará con unas tijeras, alquitranando después la zona. Se puede proteger la herida con guata sujeta con una cinta.

Cuidados de los cascos

Conservar el casco en buen estado es más fácil que curarlo cuando está enfermo. Es necesario conservar el barniz  protector de la tapa; dejar a los pelos de la corona la suficiente longitud para que recubran y protejan el perioplo; favorecer la elasticidad del pie por un ejercicio suficiente; dar de cuando en cuando humedad al casco y no herrar con demasiada frecuencia.

La limpieza de los cascos debe hacerse diariamente, lavándolos con agua y quitando el lodo o estiércol que tengan. Los de córnea seca, vidriosa, encastillados o con ceños, deben engrasarse con frecuencia; y los que tengan mal olor y humedad en la ranilla, deben lavarse con alquitrán vegetal y aguarrás, o con hollín y vinagre.

Los baños de pies son convenientes para todos los accidentes de los cascos, como clavaduras, contusiones, quemaduras de la palma, congestión del casco y herradura sentada. Siempre que sea posible se darán en las corrientes de agua apropiada para ello, haciéndolo en las marchas con todo el ganado cuando se presente la ocasión.

Los baños de pies son buenos cuando se engrasa después con objeto de retener el agua que ha penetrado en el saúco; pero son perjudiciales si el agua puede evaporarse libremente, pues la sustancia córnea se endurece y reseca.

Las cataplasmas de harina de linaza ablandan la córnea, pero si aquélla está rancia, suelen salir granos en ésta.

Mejor con los cascos libres

Lo que produce mejores efectos en los cascos es tenerlos durante una temporada sin herraduras, y será mejor el remedio si el caballo desherrado está en una pradera húmeda.

A consecuencia de estar los cascos mal cuidados, la sustancia córnea se pone seca, dura y vidriosa, y se contraen en los talones, estando expuestos a los cuartos. En este caso, es necesario un tratamiento de baños y cataplasmas.

Por la mañana y por la tarde se dará en los cascos un baño de veinte minutos con agua caliente, y después una cataplasma de salvado y simiente de lino. Cuando las cataplasmas y baños han ablandado la sustancia córnea, se impedirá que el agua se evapore lavando el casco, secándolo con un mandil y engrasando la tapa con grasa de caballo.

Después se unta la tapa y la ranilla con alquitrán de Noruega, y se pone un pedazo de manta vieja de la misma forma y dimensiones que la parte del casco que abarca la herradura.

Cuando el caballo vaya a trabajar se le quita el pedazo de manta. A la vuelta se lavan y secan los cascos. Después se engrasan, se les unta con alquitrán y se vuelve a poner el pedazo de manta.

Con este procedimiento tan sencillo y económico se consigue que los cascos conserven su elasticidad, evitándose las deformaciones, cuartos y cojeras que los acompañan.

En caso de congestión del casco, se aflojará la herradura quitando algunos clavos; se paseará al caballo un poco y se dará a los cascos un baño de una hora. Se repiten los paseos y los baños hasta que marche el caballo con facilidad, poniendo después cataplasmas de linaza y greda.

El buen herrador no tiene precio

Siempre que se trate de conservar los cascos del caballo, lo primero será servirse de un buen herrador. El caballo que tiene los cascos enfermos, jamás se curará mientras no dé en manos de un experto.

Pero como hay ciertos medios que contribuyen al mejor resultado, podrán tenerse presentes las advertencias siguientes: 

No todo el mundo opina igual sobre el uso de las grasas, ungüentos y otros ingredientes para el casco. Hay quienes piensan que son inútiles, porque muchos caballos con quienes se emplean estos métodos, no dejan por eso de padecer de los cascos, y opinan que su efecto es semejante al del betún sobre la madera, que es preservarla del aire, lo que no conviene con los cascos. Nada fortalece al casco como la ventilación y el polvo.

Tener los caballos sobre estiércol reseca los cascos, afofa las tapas y las despega del saúco. Lavar los cuatro pies del caballo diariamente con agua fresca humedece la corona, le ayuda a crecer con más facilidad y es el protector más eficaz que puede emplearse.

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LOS ÁRABES, SU HERRADO

Pujavante

 

Los árabes y el herrado

Recurrimos otra vez a los conocimientos del General Daumas:

“La herradura árabe es muy ligera, de un hierro dulce y maleable. Para las herraduras de delante no ponen más que tres clavos de cada lado. La uña del casco queda libre y nunca ponen clavos en aquella parte, porque dicen que los clavos en la uña quitan la elasticidad del pie y causan al caballo cuando anda la misma sensación que cuando un hombre lleva el calzado corto.

No recortan la uña del caballo; dejan crecer el casco con libertad, porque el terreno pedregoso y el trabajo continuo bastan para gastarlo conforme va creciendo y pasando la herradura.

Los árabes no recortan el casco más que cuando los caballos han permanecido mucho tiempo atados delante de la tienda, sin trabajar. Ese método tiene también la ventaja de que si en las marchas pierde una herradura, como el caballo tiene dura la planta del casco y ofrece resistencia, puede continuar andando.

Dicen que con la costumbre que tenemos de recortar el casco, si llega a desherrarse el caballo, es preciso pararse o verlo cojear, echar sangre, sufrir, etc.

Si un caballo se alcanza le recortan los talones, le ponen herraduras ligeras en los pies de delante y pesadas en los de detrás. Cuando en marcha pierden una herradura de delante, si no tienen de repuesto ponen al pie desherrado una de las de detrás y descalzan el otro.

Al terminar las marchas

Después de una de esas largas marchas, cuando necesita un caballo herraduras, suelen ponerles un pedazo de fieltro entre el pie y la herradura.

En el desierto, todo jinete debe saber herrar a su caballo cuando está en marcha. Aunque tengan mucha habilidad en equitación, eso no basta para tener fama de buen jinete. Es preciso también saber herrar al caballo en caso necesario.

Cuando salen para una larga expedición cada jinete lleva en su djebira este material. Herraduras, clavos, un martillo, una tenaza, algunas correas para componer sus jaeces y una aguja gruesa.

Los árabes dicen que nuestras herraduras son demasiado pesadas, que deben cansar muchísimo las articulaciones de los caballos, particularmente en las marchas largas y rápidas:

«Mirad nuestros caballos. Tan pesados y tan fatigosos serían como los vuestros si no les pusiéramos herraduras ligeras que no les cargan los pies. Y si no fueran tan dulces que conforme se van gastando se unan con el casco incorporándose con él.»

Y cuando les contestaba yo que no habíamos notado en nuestras herraduras los inconvenientes que señalaban, decían:

« ¿Cómo pueden ustedes saberlo? Hagan como nosotros en un día el camino que tardan ustedes cinco o seis días en hacer y entonces verán ¡Grandes marchas son las de los cristianos con sus caballos!»

El herrador árabe

En cada tribu del desierto existe un duar separado, que llaman el duar de los maestros. Es el de los herradores. Un oficio dedicado entera y exclusivamente al caballo, indispensable al árabe, no podía menos de ser sumamente apreciado. Así es que los privilegios que gozan los herradores son numerosos e inapreciables.

El herrador fabrica las herraduras para los caballos, las agujas gruesas, las hoces, las hachetas y los azadones.

Gozan de las inmunidades siguientes.

El herrador no paga contribuciones. “El que trabaja el hierro y el que hace botas no pagan contribuciones”. Se halla exento de dar hospitalidad que, en ciertos casos pesa sobre todos. Tiene derecho a un beneficio “la costumbre del maestro”.

Cuando vuelven de comprar granos del Tell, cada tienda le regala una feutra de trigo y de cebada y otra de manteca. En la primavera recibe además un vellón de oveja.

Si matan un camello para la carnicería, le dan el pedazo desde la cruz hasta la cola.

En las razias y en las expediciones tiene parte en el botín aunque no haya estado presente. Por lo regular le dan una oveja, un camello, o más, según la importancia de las presas.

El más importante privilegio del que gozan los herradores, y la prueba de la protección es el perdón de la vida en las batallas.

Si el herrador está a caballo, con las armas en la mano, se expone a que lo maten como a cualquier otro jinete. Pero si se apea e hincándose de rodillas imita con su albornoz el movimiento del fuelle de su fragua, le perdonan.

Un herrador cuya tribu ha sido saqueada puede presentarse a los vencedores. Con sólo probar cuál es su oficio, le devuelven su tienda, sus hierros y sus herramientas.  

 

UNA RECETA

Antigua receta para hacer un ungüento y dialtea para untar los cascos. 

Sirve para hinchazones de rodillas, garganta y otras partes, y para madurar y abrir postemas. Con él se han de untar las coronas de los cascos, las ranillas y las palmas para que estén bien. No en los pies, porque lo están del estiércol y el orín.

Se puede hacer una cantidad que dure tres años o más

Comprar en la matanza de los puercos ocho libras de manteca y de todos los sebos para hacer las velas. En pella derretido, o las mismas libras de velas blancas, si no quisieren dar la pella.

Tres libras o cuatro de cera virgen. Libra y media de pez negra y otro tanto de pez griega, y otras dos de resina.

Media libra de incienso y almáciga. Dos libras de unto de caballo. Un jarro de trementina, no de los más pequeños, sino de los más grandes. Una escudilla y media de miel, y seis u ocho libras de aceite.

Las enjundias de puerco, estando enjutas y seco el pellejo, se lo quitarán. Y las peces, resina e incienso, se molerán. La cera se cortará a rebanaditas muy delgadas.

Todo junto se echará en una caldera o perol grande y se pondrá al fuego. No más que en cuanto se derrita. Para eso va molido y cortada la cera, para que se derrita con más brevedad.

Después lo apartarán de la lumbre. Antes que se hiele en la caldera lo echarán en una olla grande de más de una arroba. O en un tarro grande u otra vasija que lo sea, y lo pondrán al sereno para que amanezca helado”.

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