© 2018 Luis Miguel Urrechu

 

¿Sabías esto?

Los Remolinos son ciertos pelos vueltos, o a contrapelo que tienen los caballos en la frente, en los ijares y en otras partes. Se creía que para ser de buen presagio, debían estar donde no pudiera vérselos el animal. Por esto eran buenos los de la frente, garganta, etc. Y de mal pronóstico los que puede ver el caballo doblando el cuello y volviendo la cabeza


Cuando se sospeche la eventualidad de un envenenamiento se ha de llamar inmediatamente a un veterinario, que tiene los medios para confirmarlo y los remedios para sanarlo, si fuera posible. Se le debe aportar la mayor cantidad de información que se sea capaz de identificar.

Puede suponerse un envenenamiento provocado cuando un animal presenta de pronto cierto número de los síntomas siguientes:

Olor nauseabundo.

Infesto.

Sequedad en todas las partes de la boca, que a veces está espumosa. La lengua y las encías suelen estar pálidas, de un color amarillo limón, estrías rojizas o negras.

Signos de dolor, que se aumentan por la presión en la extensión del tubo digestivo, sobre todo en las fauces y el estómago.

Aliento muy maloliente.

Esfuerzos inútiles para vomitar en el caballo y en animales que no suelen efectuar esta acción.

Constipación o defecación de materias más o menos abundantes, de color y naturaleza variables.

Risa de caballosDificultad para respirar.

Tos más o menos agitada.

Pulso muy variable.

Mucha sed. A veces parece que las bebidas aumentan los dolores.

Frialdad o calor intenso en la piel y en los extremos.

Sudores fríos y pegajosos.

Dificultad para orinar.

Sangre en la orina.

Pérdida de la vista y del oído; algunas veces los ojos están encendidos y saltones.

Dilatación de la pupila, agitación, movimientos convulsivos de los músculos de la cara, mandíbulas y extremidades.

Rigidez general del cuerpo; parálisis o muchísima debilidad en los remos.

Erecciones fuertes y dolorosas, etc., etc.

A veces la muerte en caso de envenenamiento no está precedida de los síntomas que se observan, pues el arsénico blanco, por ejemplo, mata a los animales sin producir más síntomas que síncopes ligeros. 

 

ENVENENAMIENTO POR SUSTANCIAS IRRITANTES, CORROSIVAS O CÁUSTICAS

Son venenos de esta clase los ácidos minerales y vegetales concentrados, los álcalis cáusticos, el cloro, iodo, fósforo, sales de arsénico, de mercurio, de cobre, de plomo, de plata, ranúnculo de los prados, etc. Sólo se tratará de las sustancias que con más frecuencia suelen emplearse.

Los venenos de esta clase aplicados al exterior y a cierta profundidad debajo de los tegumentos producen fenómenos locales de inflamación, que suelen después dar lugar a la alteración, perforación o escarificación. Sin embargo, destruyen a veces la vida en corto tiempo, dejando apenas señal de su acción local, lo cual indica la rápida absorción de su principio venenoso; para ello es preciso que las sustancias sean solubles. Dados interiormente producen la constricción de la faringe, sequedad extraordinaria en la boca, faringe y esófago, presentándose los síntomas que caracterizan a la inflamación del estómago o intestinos y demás enunciados.

La parálisis de las extremidades posteriores se observa rara vez, a no ser al fin de la enfermedad o cuando se les ha dado mucha cantidad de veneno. Poco tiempo antes de morir, el animal cae casi insensible o muere en medio de los movimientos convulsivos.

 

ENVENENAMIENTO POR ÁCIDOS

Los ácidos concentrados, tanto minerales como vegetales, y particularmente los ácidos sulfúricos, nítricos, clorhídrico, tártricos, oxálico, etc. producen pústulas en las partes con las que se ponen en contacto, cuyo color varía en razón del ácido que las ha formado. Estas escaras existen desde la boca hasta el estómago. La membrana mucosa de esta víscera se desprende por capas o se reduce a un detritus blanduzco cuyo color es parecido al de las escaras.

En general los síntomas consisten en los de una inflamación violenta del estómago e intestinos. (1)

 

ENVENENAMIENTO POR ÁLCALIS

Los álcalis, es decir, el amoniaco líquido, la potasa, sosa y tierras alcalinas, pueden producir también el envenenamiento. Los álcalis son fáciles de reconocer por su propiedad de enverdecer el jarabe de violeta y de volver al azul el tornasol enrojecido por los ácidos. El amoniaco se distingue en su olor fuerte y a orina. (2)

 

ENVENENAMIENTO POR EL ARSÉNICO BLANCO

El óxido blanco de arsénico, arsénico o ácido arsenioso es de todas las preparaciones arsénicas la que se emplea más frecuentemente para envenenar a los animales, pues ejerce un influjo fatal sobre todos los cuerpos organizados sin excepción y los mata generalmente en poco tiempo, sea cual sea la parte en que se aplique o administre, se encuentre en estado sólido o líquido; en este último caso, es decir, disuelto en agua, parece que obra con más intensidad.

Los principales síntomas que acompañan a la administración de este veneno son: abundante secreción de saliva, sed ardiente, pulso irregular y muy débil, vómitos o esfuerzos para vomitar, hipo, orina de sangre, sudor frio, convulsiones, fetidez del aliento etc. (3)

 

ENVENENAMIENTO POR ARSENIATO DE POTASA

Lo que se llama arseniato es la sal resultante de la unión del arsénico con una tierra salificable. Produce cólicos violentos, diarrea continua hasta la muerte, respiración dificultosa, pulso profundo, extremidades frías, vientre abultado, etc. (4)

 

ENVENENAMIENTO POR EL SUBLIMADO CORROSIVO

El sublimado de mercurio, o cloruro de mercurio, es uno de los que obran con más intensidad, produciendo la muerte en muy poco tiempo; se inyecte en las venas o se introduzca en el estómago. (5)

 

ENVENENAMIENTO POR LAS PREPARACIONES DEL COBRE

El cobre, metal por sí mismo inocente, debe considerarse como muy sospechoso por la facilidad con que pasa al estado de óxido, haciéndose venenoso. El cardenillo introducido en el estómago de un animal produce dolores muy violentos, mucha inquietud, furor, sudores fríos, convulsiones y la muerte. (6)

 

ENVENENAMIENTO POR NARCÓTICOS

Los venenos narcóticos tales que el acido hidrociánico, opio, morfina, beleño, etc. no producen alteración en la boca, pos-boca, ni esófago. Rara vez ocasionan vómitos y deyecciones; y cuando estas evacuaciones se efectúan no son tan terribles como en el envenenamiento por los irritantes.

Son absorbidos con rapidez; ejercen su acción sobre el sistema nervioso, particularmente encefálico, sin que los fenómenos de inflamación directa que producen sean los más palpables. Causan, sea aislados o reunidos los fenómenos siguientes: aturdimiento, somnolencia, vértigo, estado apoplético, movimientos convulsivos, debilidad o parálisis de los miembros posteriores y a veces dilatación o contracción del iris.

Los fenómenos de la acción narcótica son poco sensibles en los animales herbívoros, pues siendo poco irritable su sistema nervioso, se afecta débilmente y no hay que temer en ellos graves accidentes. Es muy raro que se emplee esta clase de venenos con intención de matar a los herbívoros domésticos, y dado el caso de dar alguno sería el acido hidrociánico o prúsico. (7)

 

ENVENENAMIENTO POR LOS NARCÓTICOS ACRES

Estos venenos determinan a la vez el narcotismo y la inflamación de las partes que tocan. Se consideran como tales la nuez vómica, acónito, tabaco, cebolla albarrana, digital, cicuta, tizón de centeno, etc.

No todos producen unos mismos síntomas, pues unos desarrollan accidentes nerviosos muy graves que cesan pronto para volver a presentarse algún tiempo después. La duración de los ataques y de los intervalos que los separan varía al infinito.

Durante el ataque los miembros están rígidos y agitados por movimientos convulsivos; los ojos están saltones, fuera de las órbitas; la lengua, encías y boca lívidas como en la asfixia; el pecho inmóvil, lo que produce la suspensión de la respiración. El vómito es muy raro en los animales capaces de hacerlo.

Otros venenos de esta clase actúan de un modo continuo, como los narcóticos. En el mayor número de casos se presentan al principio síntomas de una viva excitación del cerebro. Después los fenómenos del narcotismo y señales que indican la inflamación de la parte sobre la que se ha aplicado el veneno, debiendo sus efectos a una especie de álcali orgánico llamado estricnina.

Dada la nuez vómica en una dosis un poco fuerte, produce en todos los animales desórdenes muy notables, que aunque presentan algunas diferencias según las especies, presentan unos caracteres que no permiten ignorar su causa. Estos son:

Contracciones al principio ligeras, después muy fuertes, de todos los músculos del cuerpo, y por lo tanto rigidez de la columna vertebral.

Movimientos espasmódicos de los dedos (en los animales que tienen cinco); pateo, rigidez del tronco y miembros, temblor, cerramiento de las mandíbulas, dilatación de la pupila, una exaltación de la sensibilidad que el animal salta cuando se le toca o sólo cuando se hace ruido, cae contra el pesebre y después de lado, respiración difícil y acelerada.

Los síntomas desaparecen por intervalos para volverse a presentar bien pronto; por último, la rigidez aumenta, el pecho queda inmóvil, la respiración cesa y el animal muere asfixiado.

En los animales carnívoros se necesitan cantidades más débiles que en los herbívoros para producir dichos fenómenos; muy poco mata al perro, pero se necesita a veces mucho para hacerlo en el caballo. Este veneno, en los perros es más dañino que los venenos minerales más activos, porque se opone al vómito, que es el medio por el que suelen librarse de las sustancias más perjudiciales.

Debe tenerse presente que hay venenos muy activos para ciertas especies, que no ejercen, por decirlo así, una acción dañina en los demás animales. Como queda dicho, para matar a un caballo se necesita gran cantidad de nuez vómica, mientras que una corta dosis de esta sustancia basta para envenenar al perro.

Las cabras comen la cicuta sin problemas, y los cerdos el beleño. Además de esta diferencia en la acción, hay otras circunstancias que en una misma especie hacen variar los efectos de los venenos por el estado particular de los animales a quienes se les administran. La edad, el volumen relativo del cuerpo, el estado de salud, de vacuidad o saciedad del estómago, la naturaleza de los alimentos de los que habitualmente hacen uso, etc. De aquí que muchos animales pueden tomar al mismo tiempo la misma sustancia venenosa, y unos envenenarse y morir, otros ponerse más o menos enfermos, y otros no experimentar ningún problema.

 

NOTAS:

(1) Es raro encontrar el cuerpo del delito en la abertura de los animales muertos por los ácidos; sin embargo, cuando se encuentran en el estómago e intestinos, es fácil demostrar su presencia, que se conoce en su sabor agrio, en la propiedad de entrar en efervescencia con los carbonatos y la de enrojecer los colores azules vegetales.

Asegurados de que el cuerpo es un ácido por medio del papel de tornasol, se comienza por oler el ácido: si el olor es de almendras amargas el ácido es el hidrociánico; si huele a azufre quemado, el ácido sulfuroso; si a huevos podridos, el ácido sulfúrico; el nítrico y el clorhídrico tienen un olor particular.

Suponiendo que pueda ocultarse, el primer reactivo que debe emplearse, es el agua de cal. Según el modo de obrar con este reactivo, se dividen los ácidos en dos clases: unos precipitan y otros no precipitan el agua de cal. Los primeros son, entre los más comunes, los ácidos oxálico, arsénico, fosfórico y tártrico.

Se subdividen aun en otras dos clases: la una formada del acido oxálico, que vertido en exceso en el agua de cal, no disuelve el precipitado. Para distinguirlos se recurre al nitrato de plata que los divide en dos series: la primera que precipita por el nitrato de plata, se compone del acido arsénico que lo precipita en color rojo ladrillo.

La segunda serie, que se compone de los ácidos fosfórico y tártrico, no precipita el nitrato de plata. Se distinguen el uno del otro evaporando el líquido y echando el residuo sobre carbones encendidos. Producirá un humo blanco y olor a caramelo si es el acido tártrico, y ningún efecto si es el fosfórico.

La clase formada por los ácidos que no precipitan el agua de cal la forman el sulfúrico, nítrico, clorhídrico y el agua regia (combinación de nítrico y sulfúrico). Puede añadirse el acido acético o vinagre radical, pero es fácil conocerlo en el olor. Estos ácidos deben ensayarse por las limaduras de cobre, con las que desprenden vapores amarillos rojizos si es el ácido nítrico o el agua regia, que se distinguirán entre sí por el nitrato de plata, que precipita el agua regalada en blanco, no produciendo efecto con el ácido nítrico puro.

Los ácidos sulfúrico e hidroclórico que no desprenden vapores por las limaduras del cobre se distinguen por medio del agua de barita, que sólo precipita al primero.

(2) Estando líquido precipita en amarillo canario el hidroclorato de platina; en exceso precipita en blanco el sulfato de magnesia disuelto en agua. Su disolución en el agua destilada enverdece el jarabe de violeta, y no se enturbia por el contacto del gas ácido carbónico.

La sosa no se conoce más que en caracteres nevioleta y enrojece el color de cúrcuma. Absorbe el agua, desprendiendo calórico como la cal. Con el ácido sulfúrico y todos los sulfatos solubles, da un precipitado blanco, insoluble en el agua y en el acido nítrico.

(3) Las lesiones cadavéricas son variables.

Para reconocer la presencia del arsénico en las materias contenidas en el estómago es necesario filtrarlas y someter el líquido a la acción de los reactivos. Este líquido tiene un sabor acre, enrojece ligeramente la tintura de tornasol; las soluciones de cal y de barita forman precipitados blancos; el ácido hidrosulfúrico produce un precipitado amarillo que se disuelve con facilidad por la potasa cáustica o el amoniaco; los hidrosulfatos no forman precipitado con este líquido, pero si se añade un ácido, al momento se precipitan copos amarillos.

El sulfato de cobre amoniacal da en el acto un precipitado verde yerba. Saturando este líquido por un poco de potasa y tratándolo enseguida por el nitrato de plata, se produce un precipitado amarillo pálido. Colocando una lámina de zinc y acidulando el líquido con un poco de ácido sulfúrico, el arsénico se precipita en negro sobre la lámina.

Echando el arsénico blanco sobre las ascuas o en una chapa de hierro o cobre encendida, desprende vapores blancos espesos con olor a ajos.

(4) Echada esta sal sobre las ascuas, se hincha y despide un olor a ajo; su disolución lo precipita en rojo ladrillo por el nitrato de plata, en blanco azulado por el sulfato de cobre; y en rosa por el hidroclorato neutro de cobalto. Tratado por el ácido hidrosulfúrico a un suave calor, da lugar a un precipitado de sulfato amarillo de arsénico. Enrojece fuertemente el papel de tornasol y se precipita en amarillo por el cloruro de platina.

(5) En este caso desarrolla una violenta inflamación y el mayor número de los síntomas de los venenos irritantes, los cuales no son pruebas suficientes del envenenamiento, pues es necesario encontrar el cuerpo del delito, para lo que deben examinarse con cuidado las materias que se recojan del cadáver. Si son líquidas deben filtrarse, y si sólidas diluirlas en agua destilada y luego filtrarlas.

Este líquido precipita en blanco por el prusiato de potasa y por el amoniaco; en amarillo rojizo o en amarillo canario por el agua de cal, la potasa y sub-carbonato de potasa; en rojo por el hidriodato de potasa; y en negro por los hidrosulfatos. Metiendo en este líquido una lámina de cobre bien pulimentada o cuando menos perfectamente limpia, blanquea y adquiere por el frote el aspecto brillante de la plata.

(6) Se reconoce este veneno, si en los líquidos recogidos del estómago y filtrados se obtiene un precipitado rojo oscuro con el prusiato de potasa; verde azulado con el carbonato de sosa; verde con el agua de cal y el arsenito de potasa; azul con la potasa y el amoniaco. Si se introduce en el líquido una lámina de zinc o de hierro se pone roja por la precipitación del cobre.

(7) Para reconocerlo se satura el líquido que se sospecha que lo contiene con un poco de potasa y se añade una disolución de sulfato de cobre, de la que una parte se precipita por la potasa.  Basta verter algunas gotas de ácido hidroclórico, que disuelve el óxido de cobre, para que el líquido tome un aspecto lechoso más o menos marcado, que es lo que caracteriza la existencia de dicho veneno.

Echando en el líquido el nitrato de plata, se forma un cianuro de plata blanco, cuajado, pesado, insoluble en el ácido hirviendo y en el amoniaco. Lavado y secado este cianuro da la cantidad de ácido hidrociánico.

Siendo absorbidos los venenos vegetales, casi queda sin efecto el examen que se hace para descubrirlos en el cadáver.

¿Sabías esto?

 

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