EL "AGUABLANCA"

© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?


Algunos chalanes, sobre todo en Alemania, para hacer parecer a los caballos de más edad, les arrancaban a los dos años y medio los dientes de leche. Como los de en medio, los inmediatos y los extremos salen en su lugar, los vendían como si tuvieran cuatro y cinco años, cuando no tenían más que tres y no podían aguantar la menor fatiga.


El aguablancaMuchos tratados antiguos de veterinaria recomiendan para ocasiones especiales relacionadas con la salud del caballo, que se añadiera a su dieta “Aguablanca” (agua blanca). Entonces todo el mundo sabía prepararlo, pero hoy es muy raro que un criador de caballos sepa en qué consiste.

Aunque el nombre nos sugiere una especie de bálsamo de Fierabrás milagroso que lo cura todo, se trata en realidad de un preparado que se hacía con salvado de trigo, agua y opcionalmente un poquito de sal. Era para el ganado una especie de “dieta” que se les daba siempre que tuvieran que alimentarles sin forzar su aparato digestivo.

Salvado de trigo son las cortezas que se obtienen como subproducto en la refinación de la harina. Es muy rico en fósforo, hierro, y en otras vitaminas y nutrientes. Tiene muchas propiedades nutricionales, con un elevado contenido de vitamina K.

El aguablanca se prepara del modo siguiente:

En un cubo de agua se echa una medida de salvado equivalente a la cuarta parte del total de la bebida. Se amasa con fuerza de modo que se separe completamente la parte harinosa. Se pone sobre otro cubo un pedazo de tela fuerte para colarlo. Se vierte este líquido y se retuerce el trapo para exprimir toda el agua. Con este procedimiento se obtiene una bebida untuosa y blanca: el agua blanca.

Sobre el residuo, no es más que la corteza leñosa del grano, una sustancia indigesta que no conviene a los animales jóvenes, pero que puede darse a los cerdos o a las aves.

Potro y yegua negra

El mejor estado para un caballo padre es que no esté ni muy gordo ni muy flaco, porque estando gordos son perezosos, pesados y poco aptos para la generación; y si están muy flacos son débiles o son incapaces de resistir las grandes fatigas de la monta.

Un mes antes de que se dedicasen a cubrir a las yeguas se les aumentaba la ración de comida; pero teniendo siempre presente, que nunca conviene que el caballo padre esté muy gordo. Les daban aguablanca, y durante la monta se les excitaba el apetito con sal, lavándoles la boca con ésta y vinagre, como era la costumbre; pero no se les debía aumentar en exceso la ración, sino en muy poca cantidad y preferiblemente dejarles con la misma. Cuanto más, se les añadía un cuartillo de cebada repartido en los tres piensos.

Para las yeguas, después del parto aconsejaban, si el tiempo era fresco, enmantarla y darle algunos cubos de aguablanca templada. En los climas fríos se tenía a la recién parida en la caballeriza, manteniéndola con primor, sin sacarla a pastar hasta los ocho días; y no muy lejos, para que no se fatigase el potro ni se expusiera a los efectos de un mal temporal. Esta práctica es muy buena, con tal de que no se la alimente con exceso, pues las penalidades del parto suelen conllevar la debilidad del estómago.

En cuanto al alimento del potro, hasta los dos meses, se encarga la madre de todo; pero es entonces cuando se hace necesario comenzar por separar de cuando en cuando al potro de su madre y ponerle forraje, granos machacados, aguablanca, y si es posible heno fino y tierno hasta fortalecer gradualmente sus órganos digestivos. Con estos cuidados el potro llegará preparado a la época del destete y su constitución no experimentará ningún desorden como consecuencia del cambio de alimentación.

Para destetarlos lo mejor es, siempre que se pueda, soltarlos en los potriles, donde con la libertad, la yerba y la compañía de los demás se olvidan pronto de sus madres.

Caballo bebiendo aguablancaEn cuanto se vea que los potros se han habituado a esta nueva situación, se les podrá poner en libertad, teniendo siempre cuidado de que no puedan encontrarse con sus madres en los pastos. El aguablanca tibia se les daba a todo pasto, pues beben mucho. Algunos días se añadía al aguablanca cierta cantidad de leche de cabra o de vaca, o algunos puñados de harina de cebada, que formaban un sustituto muy adecuado.

A los potros que han lactado en la dehesa, y que su primer alimento sólido ha sido la yerba verde, les cuesta más trabajo habituarse a la paja o heno cuando a fines de otoño se les encierra en la caballeriza. Los criadores que al terminar esta estación no puedan hacer sin problemas el paso del verde al seco, tendrán cuidado de abrevar abundantemente a los potros teniendo siempre a su alcance aguablanca ligeramente salada; previniendo así la inapetencia, constipados y la alimentación imperfecta.

Los forrajes secos, dados a los potros de uno a dos años en mucha cantidad ensanchan los órganos digestivos, dilatan el abdomen, estrechan el pecho por la inclinación del diafragma, etc.; este inconveniente es muy grave en los caballos que se destinan a la silla o al tiro ligero.

Al potro, que no se le exige ningún trabajo, que se encuentra fatigado por la dentición, que su crecimiento le debilita y cuyo estómago no ha adquirido toda su fuerza, se le daban alimentos con sustancia y de fácil asimilación, eligiendo la mejor paja, aguablanca en abundancia y un poco de avena o cebada partida.

A las yeguas en celo y sobreexcitadas, se reemplazaba la cebada por las empajadas y aguablanca.

No era el bálsamo de Fierabrás, pero tenía una función muy importante en la dieta de los animales debilitados.

¿Sabías esto?

 

Cuidado con dar mucha cebada a un caballo; y más de darle agua después. El cólico podría estar asegurado.