© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?


Durante el siglo XVI, la inflación y la mayor demanda de caballos hicieron que su precio fuera extremadamente alto. El siempre costoso caballo andaluz se hizo aún más, y a menudo era imposible encontrar uno para comprar a ningún precio.


EL CHALÁN

La palabra chalán deriva del francés “chaland“. En Hispanoamérica tiene distintos significados que en España. Por ejemplo, en Perú se llama así a los entrenadores de caballos de paso o de andadura. En Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Panamá se dice del domador y adiestrador de caballos. También es sinónimo de buen jinete. En México el término se refiere al ayudante de algunos oficios que poco tienen que ver con el mundo de los caballos.

ChalanesEn España tiene un significado distinto, aunque relacionado. Se entiende por chalán al tratante de caballos, burros o mulos con especial habilidad, persuasión y astucia para los tratos. En la conciencia popular se le relaciona frecuentemente con un individuo con la habilidad suficiente para darte gato por liebre, o venderte una mula ciega.

COSAS DE GITANOS

Era y es una profesión muy común entre nuestros gitanos españoles. En el S. XIX se cuidó muchísimo la cría de caballos por la crisis que los numerosos conflictos bélicos produjeron en la cabaña nacional. Fernando VII ordenó que los chalanes gitanos llevasen siempre la documentación con las características de los caballos que intentaban vender y un registro de sus ventas.

Muy mala fama han tenido los tratantes gitanos. Hoy la mayor parte de las veces es una mala fama injustificada. La mayoría de los que actualmente han sido víctimas de fraude no lo ha sido por los gitanos especialmente. La familia del primer santo gitano, Ceferino Giménez Malla, alias «El Pelé» se dedicaba al chalaneo de caballos. Dicen que había pocos hombres tan honrados como él. Era igualmente querido por payos y por gitanos, que acudían a él para solucionar sus conflictos por su prudencia y sabiduría. El dinero que ganó como tratante, lo repartía a menudo con los más pobres.

Simples aficionados

Con todo, nuestros chalanes españoles no eran precisamente los que más engañaban a los confiados compradores. El viajero inglés Richard Ford, que viajó por España de 1.830 a 1.833 nos cuenta en su libro “Viajes por España”, hablando de los chalanes españoles:

“Los lectores de Don Quijote pueden estar ciertos de que la raza de Ginés de Pasamonte (un gitano pícaro, condenado a galeras que robó el burro a Sancho Panza) no se ha extinguido; los chalanes españoles o tratantes en caballos tienen muchos conocimientos. Pero el más listo es un niño comparado con la perfección de bellaquería a que llega un profesional inglés en materia de transformar, arreglar y pintar un caballo.” 

Chalanes de caballosVeamos las principales picardías de las que se valían los chalanes para sus engaños:

TEÑIDO

Una de las más inocentes y populares tretas consistía en teñir las sienes de los caballos de capa oscura, que al envejecer es donde primero aparecen los pelos blancos, para hacerlos pasar por más jóvenes.

RÍETE DEL BOTOX

Cuando los caballos tienen las cuencas de los ojos muy hundidas indican vejez. Se pensaba que también era un signo de ser hijos de padres viejos. Se llamaban a estas cuencas “cuencas de vieja“. Esto no siempre es cierto. Hay padres viejos cuyas crías carecen de este defecto, y otros que lo tienen aunque procedan de padres jóvenes. Este “defecto” proviene de la elevación de los huesos que rodean la cavidad, o de la poca cantidad de tejido adiposo que sirve de almohadilla al ojo.

Los chalanes que se daban al fraude, que son de los que hablaré, acostumbraban a ocultar este defecto durante dos o tres días haciendo un agujerito en la piel sobre la cuenca e introduciendo por medio del cañón de una pluma o de una paja la cantidad de aire necesaria. Aprovechaban aquellos días para vender el caballo y ver si podían engañar a algún comprador poco inteligente. El apaño duraba poco, porque el aire introducido se infiltraba. Era fácil de advertir el fraude por la incisión. Al tiempo de reconocer el ojo se percibe el enfisema artificial, notándose la piel crepitante al frotarla, produciendo un ruido parecido al de una piel reseca que se frotase del mismo modo.

LIPOSUCCIÓN

Algunos bienintencionados albéitares, y chalanes, más bien extranjeros que nacionales, cuando las cuencas eran muy convexas, solían extraer una parte de la gordura, creyendo que el defecto era accidental. Lo llamaban desengrasar el ojo. No eran raros los accidentes graves, por la naturaleza del tejido sobre el que operaban. Ambas prácticas en los ojos ya se habían abandonado a mediados del siglo XIX.

No era por comodidad

Cuando el barboquejo del caballo estaba herido, los chalanes acostumbraban a disimularlo y ocultarlo, protegiendo la cadenilla de la barbada con un cuerpo blando para amortiguar su acción, o sustituyéndola por una correa.

Discrepancias de chalán

CIRUGÍA ESTÉTICA

Era bastante frecuente cometer algunas bribonadas para ocultar los defectos de las orejas. Si las tenían muy separadas o caídas acostumbraban a cortar cosa de veinte o veinticinco milímetros de piel cerca de su base interna, y a coser los bordes de la herida con puntos de sutura. Esto era absolutamente inútil. Además de la cicatriz que quedaba, el peso de la oreja estiraba la piel, ésta cedía y la flamante oreja nueva recobraba la misma posición que tenía antes de la operación; pero bien servía para engañar a los incautos durante un tiempo.

Cuando las orejas eran largas solían cortarlas. Era fácil de advertir. Si la operación había sido mal hecha, que era lo más habitual, se veía el borde del cartílago. Y aunque la amputación estuviera bien practicada, quedaría sin pelo lo que cortó el instrumento. Aunque siempre se podía recurrir a otros engaños para tratar de que el fraude pasara desapercibido.

Al caballo que tenía cortada una o los dos orejas le llamaban tronzo, que solía indicar que se había desechado por inútil, a no ser que la operación se hubiera practicado por una enfermedad.

TEÑIDOS A LO BESTIA

Al caballo que tiene estrella o lucero, se le llamaba y se llama marcado en la cabeza. Cuando no tenían esta apreciada marca solían hacerla artificialmente. Producían una herida por raspadura, por fuego, o por otro medio. Algunas veces daba lugar a la caída de los pelos y a la formación de una cicatriz desagradable. Otras veces, aunque volviera a crecer el pelo, no era jamás igual a los demás, pues no tenían ni el brillo ni el crecimiento del resto.

Esto se hacía también en las patas, afeitando la zona y frotándosela con abrasivos para que salieran pelos blancos que hacían pasar por naturales.

ASÍ CUALQUIERA

Los caballos que llevan la cola en trompa tienen mucha gracia marchando. Los chalanes ingleses, para imitarlo, inventaron la operación llamada amputación de la cola a la inglesa, que aunque se practicaba de muchos modos, consistía en seccionar al caballo los músculos depresores de la cola. No teniendo antagonistas, los músculos elevadores muestran toda su fuerza y la levantan mucho más.

Además de hacerlo con menos gracia por estar más alta o elevada, se notarían las cicatrices en su cara inferior. Nada que un buen maquillaje no pudiera ocultar si se lo proponían los chalanes. A veces esta operación no tenía como fin el fraude y era practicada por veterinarios a petición de los dueños de los caballos.

¿Sabías esto?

 

Para la fijación genética en nuestro Caballo Andaluz se ha usado y se usa la endogamia (1/2 hermanos y de parentesco cercano). Estos cruces provocan una mayor fijación.

 

Mano de santo

Algunos chalanes de mala fe, para que la cola fuera en trompa le introducían con el mayor disimulo y destreza un pedazo de jengibre, eléboro blanco, pimienta u otra sustancia excitante en el ano; la irritación que ocasionaba al animal le obligaba a levantar mucho la cola. La inquietud que sufría le hacía parecer más vivo y vigoroso; pero este falso vigor y elevación de la cola cesaban en cuanto la causa dejaba de obrar. Si se obligaba al caballo a estar quieto, tomaba la actitud de excrementar.

COJERA EN FRIO O EN CALIENTE

Hay caballos que inician la marcha con dificultad o cojeando. Esta actitud desaparece con un ejercicio más o menos largo. A estos caballos se les dice agarrados de las espaldas, espaldas frías o cojera de frio. Otros cojean a la primera fatiga, llamándoseles entrepetados o cojos en caliente. Si cuando marchan dirigen la mano hacia afuera formando una especie de semicírculo, se llama segar. Cuando se lleva al extremo y cojea mucho se dice entreabierto o abierto de pechos. Todos estos defectos son síntomas de enfermedades y no procedentes de vicios de conformación.

Los chalanes y vendedores de mala fe se valían de varios modos para ocultar la cojera en frio y la cojera en caliente. Es muy fácil. No tienen más que calentar al caballo con el ejercicio en el primer caso, y tenerle descansando en el segundo. Por tanto, era bueno examinarle de ambos modos para ver si descubrían los fraudes; pero como para lograrlo hay que hacer un examen especial, en todos los países se consideran vicios redhibitorios, que pueden anular legalmente el contrato.

El sebo lo tapa todo

El comprador inteligente, cuando reconocía el casco de un animal que quería comprar, miraba si tenía ceños o cinchos, que son unos cordones o círculos córneos. Según su mayor o menor elevación interior suelen hacer cojear al animal, hasta que van descendiendo por el crecimiento del casco. Cuando había soluciones de continuidad que comenzaban en el rodete de las cuartas partes o de las lumbres llamadas cuarto y raza, los chalanes acostumbraban a taparlas con sebo, pez u otra materia. Después untaban el casco con grasa y lo empolvaban.  

FALSA DEMOSTRACIÓN DE LA EDAD

Algunos charlatanes dicen poseer secretos para conocer la edad. Unos tentando la cola y deduciéndola por el número de nudos. Otros por el de pliegues en el labio posterior, entre su borde y la barbada, pretendiendo que se hace uno todos los años. Hay otras rarezas semejantes, tan falsas como la sabiduría y buena fe del que las practica. Para algunos ingenuos compradores era garantía suficiente para determinar la edad del caballo que se disponían a llevarse a su casa.

El fraude más frecuente consistía en contramarcar la edad en la dentadura.

Lo solían cometer algunos chalanes para hacer que un animal aparentase menos o más edad de la que en realidad tenía y que manifestaría el examen de su boca.

¡Que se me ponen los dientes largos!

Cuando un caballo de ocho, nueve, diez años o más no tiene los dientes muy largos, ha conservado sus aplomos o han variado poco, y tiene sus marchas libres, suelen los chalanes practicar sobre la tabla de los extremos, y algunas veces también en la de los medianos de la mandíbula posterior, cavidades ficticias para que el animal parezca más joven. A esta acción se llamaba burilar el diente o contramarcar la edad.

Esta maniobra la hacían con un buril. Escarbaban en el sitio que ocupó la cavidad antes que el diente rasase, y después con un poco de tinta de brea o china, o con una disolución de nitrato de plata la teñían de negro. Otras la quemaban en el centro con un pequeño instrumento de hierro candente. Cuando los dientes eran muy largos los serraban y los limaban antes de burilarlos. Esta operación jamás les daba la curvatura de la juventud.

Ojo al diente

Estas maniobras fraudulentas y culpables eran muy fáciles de conocer, pues por mucho cuidado que tuvieran, la cavidad falsa nunca es tan limpia ni tan regular como la normal. Ni cuando el diente haya conservado un poco de su cavidad, como en los llamados falsos dentivanos, que no hacen más que agrandar.

Si no hay cavidad, una parte de sustancia marfileña o esmalte que queda y se mantiene siempre en el mismo sitio, les impide burilar en él. Entonces contramarcaban al lado, generalmente un poco hacia delante. A veces consistía sólo en un agujero redondo. Otras veces imitaban un poco mejor al natural, pero el fraude era siempre fácil de reconocer. El examen de la mandíbula anterior y la dirección de los dientes presentarían indicios seguros para descubrirlo. Y la banda amarillenta circular resultante del fuego, el color parduzco de la neguilla o la mancha negra de la tinta. Aunque esto desaparecía pronto.

La huella del crimen

Cuando se han limado los dientes quedan las rayas o surcos hechos por la lima. Por muy fina que sea. Y si los han serrado, no apoyarán los incisivos, sino que dejarán un espacio entre las dos mandíbulas. Los molares, que no han podido desgastarse, quedan más altos y producen esta separación de los incisivos.

Llegado el caso de vender un caballo contramarcado, le solían introducir en la boca sal o miga de pan mezclada con sal. Excitando un aflujo de saliva y poniéndose ésta espumosa, cubría los dientes e impedía examinarlos bien. Cuando sabían la hora del reconocimiento del caballo le daban de comer salvado remojado. Al pegarse a los dientes dificultaba su examen.

Los yegüeros pelantrines, y los chalanes que tenían interés en que algunos caballos muy jóvenes parecieran de más edad, arrancaban los dientes medianos de leche a los potros de tres años. El diente de adulto que está colocado debajo, al no encontrar el obstáculo que le oponía la raíz del primero, sale pronto y el animal aparenta tener cuatro años.

¿Sabías esto?

 

Un estudio demostró la habilidad de los caballos para discriminar las expresiones humanas positivas y negativas en fotografías. Variaban su frecuencia cardíaca.

Hacían lo mismo con los dientes extremos, aparentando el caballo cinco años cuando no tenía más que cuatro. Este fraude se descubría en el frescor de las pinzas. Estando los dientes a los tres años muy introducidos aun en los alveolos no pueden arrancarse sin quitar una parte de la encía. Esto deja una cicatriz muy perceptible alrededor del diente, que dura bastante tiempo. Lo mismo se nota cuando son los extremos los extraídos. Algunas veces la maniobra presentaba muchas dificultades, pues solía romperse la raíz y los fragmentos que quedaban hacían más palpable la bellaquería. Cuando hacía poco tiempo que se les había arrancado era mucho más fácil de reconocer. Las señales eran más visibles. El diente que ha salido antes de tiempo presenta siempre un aspecto particular, que vulgarmente se llaman dientes helados.

NI TAN MANSOS NI TAN DÓCILES

Hay animales que en el momento de la venta parecen dóciles y mansos. Pero apenas han salido de las manos del vendedor rehúsan el trabajo. Otros son falsos, procuran morder, manotear, o soportan el trabajo uno o dos días y luego no es fácil que vuelvan a hacerlo. El chalán, por el miedo que haya inspirado al caballo, o porque le emborrache o le narcotice, consigue que en su presencia no se descubra este defecto, pudiendo hasta probarlo y reconocerlo sin notarlo.

Rozados

Los caballos que no tienen aplomo en sus miembros, los que son muy jóvenes y no han adquirido toda su fuerza, se hieren la cara interna del menudillo, cuartilla, talones y hasta de la rodilla con la mano opuesta, produciéndose heridas. Entonces se dice que el caballo se roza. Si es joven y bien plantado desaparecerá cuando haya concluido su crecimiento y esté acostumbrado al trabajo. Si es viejo y la cara interna del menudillo está engrosada y callosa, no se podrá evitar cuando se encuentre cansado. Siempre quedan cicatrices que descubren el defecto, que puede depender también de estar el animal mal herrado.

Si es por falta de aplomo o que sus marchas son defectuosas se rechazaba. Cuando la extremidad se encuentra próxima al centro de gravedad por vicio de conformación, por una mala herradura o por debilidad, choca la lumbre de la herradura contra los callos de la mano. Sobre todo en el trote. A esto se le llama forjar, que suele acarrear algunos inconvenientes. Los chalanes y vendedores de mala fe procuraban ocultar las vejigas, cuando no había lesión, por medio de baños y cataplasmas astringentes, cuya práctica no siempre era fácil de sospechar. Mucho menos si el reconocimiento se hacía a las pocas horas.

No son éstas las únicas estafas que se daban. Algunos virtuosos hicieron de ello un arte ¿Alguien lo seguirá cultivando? El tocomocho es muy antiguo, pero es un clásico que nunca pasa de moda y reaparece de vez en cuando.

¿Sabías esto?

 

En 2.006, un semental andaluz montado por el conquistador Don Juan de Oñate, fue recreado como la mayor estatua equina de bronce del mundo. Mide 11 metros de altura, y se encuentra en El Paso, Texas.