© 2018 Luis Miguel Urrechu

¿Sabías esto?

 

El caballo que tiene de rodilla arriba y el brazo corto es bueno para el picadero y el paseo. El que tiene esta parte larga es mejor para el trabajo.

Historia.

Del caballo árabe. Si pudiéramos remontarnos 4.500 años en la historia, podríamos encontrarnos con caballos árabes con características prácticamente iguales a los actuales. Y si quisiéramos conocer su origen, lo encontraríamos en el Corán. Nos ofrece una versión poética de su origen, según veremos más delante si tú, amigo lector, tienes la paciencia de continuar con la lectura.

Los padres de todos los demás

Esta raza, sin duda ninguna, produjo los primeros caballos de montar del mundo. El caballo árabe se expandió por todo el mundo desde Oriente Medio y que hoy se puede encontrar su sangre en todas las razas de caballos de silla. Fueron mejoradas generosamente con sus genes, aportándoles sus principales características: un fuerte esqueleto, elegancia, rapidez. Una extraordinaria resistencia, inteligencia y un carácter siempre dispuesto a aprender y complacer a su dueño. Y las características heredadas de una vida de extrema dureza consagrada a la guerra.

Para los infieles no

Esta expansión se produjo a pesar de la aversión del árabe a entregarlos a los no musulmanes. En especial a los cristianos. Ab-del-Kader, padre de la actual Argelia, castigaba con la pena de muerte al musulmán que vendiera a un cristiano cualquier caballo árabe.

Características del caballo árabe

Es de todos los caballos el más hermoso por sus formas y su gallardía. Han sido en todos tiempos, y lo son todavía, los mejores caballos del mundo. Tanto por lo anterior como por su bondad.

Se reconoce al caballo árabe fácilmente por su aspecto particular. La cabeza ofrece una notable expresión de dulzura y altivez. En él todo anuncia el vigor, la fuerza y la bondad. Y estas preciosas cualidades que ha recibido de sus padres las trasmite a su posteridad.

Todas las razas se mejoran si pueden mezclarse con esta raza tan pura. Hasta las que le son superiores, tanto por su talla como por su forma, se ennoblecen por la mezcla de su sangre.

Aspecto inmejorable

Se le ha descrito al caballo árabe como bien proporcionado. De orejas cortas y movibles, huesos fuertes y delgados, cara descarnada, narices anchas (como la boca del león). Ojos hermosos, negros y prominentes. Cuello curvado y largo; el pecho y la cruz anchos, el lomo recogido, las ancas redondas. Las costillas de delante largas y las de atrás cortas. El vientre escurrido, los testículos recogidos y bien marcados, los cuartos superiores largos como los del avestruz. Con músculos como los del camello, los salinos poco aparentes, el casco negro, de un solo color, las crines finas y espesas. Las carnes duras y la cola muy gorda en su nacimiento y delgada en la punta.

A vueltas con las vértebras del caballo árabe

Algunos (todos no) tienen 5 vértebras lumbares en lugar de 6, y 17 pares de costillas, y no 18. De modo que puede cargar el peso de un jinete con facilidad, aunque el caballo sea pequeño. Esta conformación le permite levantar su cola tan arrogantemente.

Se ha considerado que el caballo árabe debe tener cuatro cosas anchas: la frente, el pecho, las ancas y los miembros. Cuatro cosas largas: el cuello, los cuartos superiores, el vientre y los ijares. Y cuatro cosas cortas: la grupa, las ranillas, las orejas, y la cola.

La cabeza del caballo árabe

Su cabeza es casi cuadrada. Su cara recta o acanalada, su cuello derecho y también formando alguna vez arco hacia atrás. Puede decirse que es aplanada, casi cuadrada y enjuta. Más cuadrada, más ancha en la parte superior, lo que supone gran volumen en el cráneo y tal vez la superioridad de su inteligencia. La cara no tiene carnes. La frente es ancha y convexa algunas veces, y los ojos, hermosos y salientes, tienen cierta expresión amorosa. La parte anterior del cráneo ofrece un gran desarrollo y bastante volumen el cerebro.

Esos ojitos negros

Es de ojos vivos y muy rasgados. El cuello bien hecho y engallado. Las orejas son tan pronto pequeñas como algo largas. Pero siempre delgadas, bien puestas. Rectas, encorvadas ligeramente en la punta, y muy movibles.

Los párpados negros constituyen una verdadera belleza, un carácter de raza muy buscado por los árabes. La quijada inferior es algo fuerte. La testera recta o un poco hundida y casi cóncava. Las narices del caballo árabe pueden dilatarse mucho cuando se anima. Y como son muy movibles, forman pliegues que comunican a la fisonomía una expresión particular.

Tiene la boca regularmente hendida y las mejillas anchas. La curvatura que forma el cuello cerca de la cabeza realza la gracia de la nuca. La engalladura es lo bastante larga para redondearse airosamente. Cuando el caballo corre sobresale en su parte inferior, formando lo que se llama engalladura de ciervo, conformación considerada como un defecto a pesar de haberla dado la naturaleza a todos los cuadrúpedos corredores. Sobre todo teniendo la cabeza casi horizontal. Cortan el aire con más facilidad y respiran más libremente.

La crin y otras partes del caballo árabe

La crin es fina y poco poblada; la cruz bien saliente, aunque no cortante. El lomo recto y delgado; las verdaderas costillas muy largas, y las falsas muy cortas. Los riñones fuertes; el sacro ancho, y la grupa larga y redondeada. Cola en trompa con mas elegancia y energía, además de lo que queda dicho. La cola, poco abundante por la parte superior, lo es más por la inferior. Toca casi el suelo, está muy bien puesta y cae con mucha gracia.

Los posteriores

Las partes posteriores, el lomo y la grupa, tienen particularmente una fuerza notable. Los corvejones están algo próximos entre sí, conformación particular en los animales más rápidos para la carrera, como el ciervo y el corzo. Extremidades más finas. Tendones más separados; corvejones más anchos.

Moros de regreso al atardecerLa espaldilla es musculosa, y también el antebrazo.

Las piernas son enjutas, finas y nerviosas; el tendón bien marcado. La caña de las piernas anteriores, corta; los pies de forma oval. La parte córnea muy dura y el casco negro, de un solo color. Los pies delanteros están a veces un poco inclinados hacia fuera.

Articulaciones

Las articulaciones del caballo árabe, anchas y fuertes, sirven de punto de reunión entre músculos poderosos que se dibujan bajo una piel lisa. De pelo muy fino y corto que recorren en todas direcciones diferentes vasos sanguíneos muy marcados. Sus piernas son delgadas y nerviosas, y sus tendones destacan perfectamente del hueso. Su pie es excelente y terminado por un casco extremadamente duro.

Las extremidades más bien finas que ordinarias. Con los músculos muy pronunciados y las posteriores casi siempre señaladas de blanco o casi sin pelo. Los cascos pequeños, claros y lustrosos. La piel sumamente fina. La crin larga y sedosa. La cola muy poblada y arqueada en forma de trompa, característica muy notable del caballo árabe.

La talla del caballo árabe

Tiene una talla regular, más bien pequeña que grande (de 1,45 a 1,56 m.). Aunque la altura que separa a los caballos de los ponis es de 1,48 m, todos los caballos árabes entran en la categoría de caballos. Independientemente de su altura.

Como en Occidente los prefieren más altos, actualmente muchos caballos árabes llegan a medir más de 1,60 m como consecuencia de sus cruces. Son muy sueltos y enjutos de cuerpo, aunque de formas redondeadas y graciosas. Corren con velocidad increíble y algunos se adelantan á los avestruces en la carrera. No hay vallados ni zanjas que no salten con tanta ligereza como las ciervas. Y si el jinete llega a caer se paran de repente aun en la carrera más rápida.

El caballo árabe es el más sobrio de todos los caballos.

Las capas

El pelaje es abundante y la piel fina. El color más común es el gris, que se cambia a blanco con la edad. El gris moteado se aprecia mucho, y después se prefiere el bayo o el alazán. El pelaje negro y el bayo claro brillantes escasean muchísimo. El pelaje, fino y sedoso, presenta reflejos dorados, plateados y bronceados, que no se observan sino en los individuos de origen oriental. Imitan el brillo de la seda. En los caballos blancos es la piel negra, lo cual contribuye más a la belleza de los reflejos.

Las articulaciones son anchas y fuertes. Sirven de punto de unión a poderosos músculos. Se dibujan al través de una piel lisa recorrida en todos sentidos por gruesas venas.

Otras señales del caballo árabe

Se reconoce además un caballo árabe de raza por otras señales: no come sino en su pesebre. Le gustan los árboles, los verdes pastos, la sombra, las aguas corrientes, y relincha al ver todo esto. No bebe sin haber agitado antes el agua con los pies o la boca.

Sus labios están siempre cerrados. Los ojos y las orejas se agitan continuamente; y mueve el cuello de izquierda a derecha, como para hablar o pedir alguna cosa. Se cree además que no se aparea sino con sus semejantes.

Estos diversos caracteres indican, según los árabes, un caballo rápido y de buena raza. Que reúne a la vez las cualidades del lebrel, de la paloma y del camello. Cuando este cuadrúpedo descansa no parece lo que es en realidad. En el movimiento es cuando se ponen de manifiesto sus grandes dotes.

Este conjunto anuncia a un mismo tiempo el vigor y la agilidad. Así es que no hay ningún caballo que iguale al árabe corriendo bajo el peso del jinete. Levantando el cuello y la cabeza para protegerle. Adelantando en la carrera al avestruz o al antílope o precipitándose en medio del combate.

Docilidad del caballo árabe…

El caballo árabe, criado en la tienda común y formando parte de la familia, siente por su dueño el apego y la fidelidad del perro. Algunas veces, por la seguridad de su instinto, hasta se muestra émulo de este animal. Y son también los más mansos. Bien que esta última calidad puede ser obra de su educación, pues nacen y se crían en la misma habitación de los árabes.  

Dice mucho de su carácter el que en la actualidad esta raza es de las pocas en las que la United States Equestrian Federation permite que niños monten caballos enteros en competiciones.

… y dureza.

Sólo Dios sabe lo endurecido que es el caballo árabe. Se puede decir que anda continuamente. Anda con su amo, anda para buscar su comida, recorre grandes distancias para encontrar su bebida. Esa vida le hace sobrio, infatigable, y así se forma para hacer en todo tiempo lo que se quiera con él.

Cuando un árabe cae del caballo y no puede levantarse, el animal se detiene y permanece junto a él. Relincha hasta que alguno se acerca y le socorre. Si alguna vez el jinete vencido por el cansancio se echa a dormir en medio del desierto, el caballo se mantiene tranquilo a su lado. Pero en cuanto ve a otro hombre, relincha y despierta al que está durmiendo bajo su vigilancia.

Campamento árabePasión.

Es inherente a la naturaleza de los árabes la pasión por el caballo. Este noble animal es el compañero de armas y el amigo del jefe de la tienda. Es un servidor de la familia. Estudian sus costumbres, sus menesteres. Le cantan en sus canciones, le alaban en sus conversaciones. Cada día en sus reuniones festivas fuera del duar, donde el privilegio de la palabra pertenece sólo al más anciano y en las que se nota la mayor decencia, los jóvenes oyentes, sentados en corrillo sobre la yerba o la arena, aumentan sus conocimientos prácticos. Añaden los consejos y las tradiciones de los ancianos.

Allí es donde adquieren la sorprendente experiencia hípica que se encuentra en el más íntimo de los jinetes de una tribu del desierto. No sabe ni leer ni escribir. Sin embargo conocen como nadie a sus caballos y lo que puede esperarse de ellos.

Mejor por lo que haces

Aunque las anteriores características las tienen muy en cuenta, los árabes aprecian sus caballos por las cualidades mucho más que por la belleza. Así es que los mejores son aquellos cuya raza propagan.

Se encuentran en su país excelentes caballos de pura sangre, que no tienen nada de hermosos. Mientras que en Siria y en las demás provincias vecinas de Arabia, se hallan individuos de magníficas formas. Pero no son sino mestizos.

El famoso Godolfin, caballo padre árabe, de los que más han contribuido a crear la raza inglesa actual, no era hermoso.  Se hacía de él tan poco caso, que arrastraba en París el carretón de un aguador. Allí fue donde lo compraron para llevarlo a Inglaterra.

Visir, uno de los mejores padres de la antigua raza ducal de Dos Puentes, no era tampoco bonito. Zurckmainali, el padre de la raza tan apreciada de Trakenen (Prusia), servía de caballo de posta entre Damasco y Alepo. Allí lo compró Mr. Kaunitz para traerlo a Europa. 

¿Sabías esto?

Hasta la década de 1.960, los ponis en Dartmoor fueron utilizados para escoltar a los prisioneros de las cárceles locales.

 

Razas

Entre los caballos de Oriente merecen el primer rango, sin disputa alguna, las razas árabes. Según veremos, son muy numerosas y se confunden formando el tipo ideal del caballo árabe.

A los ojos del árabe, este animal es el mejor dotado. Le compone poemas, le celebra en sus cantos, y le convierte en tema favorito de todas sus conversaciones. Cuando el Todopoderoso quiso crear el caballo, dijo al viento del sur:

« De ti quiero sacar un nuevo ser que me glorifique. Condénsate, deja tu fluidez y adopta una forma visible. Este ser deberá ser amado y apreciado por mis esclavos; deberá ser temido de todos aquellos que cumplan mis órdenes.»

Tres clases de razas de caballo árabe

Distinguen las razas por nombres diferentes, y hacen de ellas tres clases: la primera es la de los caballos nobles de raza pura y antigua por los dos costados. La segunda la de los caballos de raza antigua, pero mezclada. Y la tercera la de los caballos comunes. Estos últimos se venden a un bajo precio. Pero los de la primera clase y los de la segunda (entre los cuales se hallan algunos tan buenos como los de la primera) son siempre excesivamente caros.

Ab del Kader

Las razas del caballo árabe según Abd-el-Kader

Veamos lo que Abd-el-Kader respondió al General Daumas en relación a las razas:

“Me pregunta Vd. si los árabes del Sahara llevan apuntes para conocer la filiación de sus caballos.

Sabed que ni los habitantes del Sahara argelino, ni los del Tell se ocupan de semejantes apuntes. La notoriedad es bastante para ellos. Porque la genealogía de sus caballos de raza es conocida de todos, como de sus dueños.

Genealogías. Más mito que realidad

He oído decir que algunas familias tenían esas genealogías escritas, pero no podría decir cuáles son. Esos libros se usan en Oriente, según lo indico en el pequeño tratado que le mandaré a Vd.

Me dice Vd. que algunos creen que los caballos de Argelia no son caballos árabes, sino de Berbería (berberiscos).

Esa opinión se vuelve contra los que la tienen. Los caballos berberiscos son de origen árabe. Un autor célebre ha dicho: “Los caballos berberiscos que habitan el Magreb, todos son hijos de Kais-Ben-Ghilan”.

Se asegura que su origen es de dos grandes tribus Hermiarites: los Senahdja y los Retama, que vinieron al país cuando Ifrikech-el-Malik lo invadió. Según esas dos opiniones, los caballos berberiscos son árabes.

Origen de las tribus

Además que los historiadores establecen la filiación de la mayor parte de las tribus berberiscas y su descendencia de los Senahdja y de los Retama. Esas tribus vinieron antes que Mahoma. Después de la invasión mahometana, el número de los árabes que emigraron en el Magreb es incalculable. Cuando los Obeidin (los Fatimitas) se hicieron dueños de Egipto, una inmensidad de tribus vino a África. Entre ellas los Biahh. Se esparcieron desde Kairnan a Marrakech (Marruecos).

De esas tribus salen en Argelia los Duanda, los Aiad, los Mádid, los Ulad-Madi, los Ulad-Yakub-Zerara. Los Djendel, los Attaf, los Hami’s, los Braze, los Sbéha, y los Flita. Los Medjahar, los Mehal, los Beni-Amer, los Hamyan y otros muchos.

Bastardeados

No cabe duda de que los caballos árabes se hayan esparcido en el Magreb. Lo mismo que las familias árabes. En tiempo de Ifrikech-ben-Kaif, el imperio árabe era poderoso. Se extendió en el Oeste hasta los límites del Magreb. Como en tiempo de Chamar el Hermiarite se extendió al Este hasta China, según asegura Ben-Kuteiba.

Cierto es que si todos los caballos de Argelia son de raza árabe, muchos han decaído de su nobleza. Porque los emplean con frecuencia para arar, para llevar cargas, para el tiro y otros trabajos semejantes. Porque hacen montar las yeguas por burros. Que nada de eso se hacía entre los árabes nuestros antepasados. Tanto que decían que bastaba que un caballo pisara una tierra arada para perder su mérito. Sobre ese particular cuentan la historia siguiente:

¿Ha arado tu caballo alguna vez?

Un hombre caminaba sobre un caballo de raza. Se encuentra con su enemigo igualmente montado sobre un noble corcel. Uno persigue al otro, y el que da alcance nota que gana terreno el que huye. Perdiendo esperanza de alcanzarle, le dice entonces:

—Te lo pregunto en nombre de Dios, ¿ha arado alguna vez tu caballo?

—Ha arado durante cuatro días.

— ¡Pues bien! el mío no ha arado nunca. Por la cabeza del Profeta, estoy seguro de alcanzarte.

Continuó persiguiéndole. Al concluirse el día, el fugitivo principió a perder terreno, y a ganarlo el que perseguía, hasta que pudo trabar pelea contra el que en un principio había temido no poder alcanzar.

Mi padre, Dios le tenga en su misericordia, solía decir:

Maldición

No hay bendición para nuestra tierra desde que hemos hecho de nuestros corceles animales de carga y de arado. ¿Acaso Dios no ha hecho el caballo para la corrida, el buey para el arado y el camello para la carga?. No hay nada que ganar en mudar los designios de Dios.”

El caballo africano es el que más se aproxima al que se considera como el tipo o la raza originaria, el caballo árabe. Es el que más participa de las calidades esenciales de éste para la guerra. Su velocidad, ligereza, brío y resistencia le hacen muy apreciable para toda fatiga y empleo. Es más que verosímil que las buenas calidades del caballo Andaluz sean hereditarias de la raza africana, que pasaría a nuestras provincias meridionales, donde las pudo conservar por la bondad del clima.

Fantasía árabe

 La raza de caballo árabe más pura: el Koclani

Su raza más noble, que llaman Koclani, Kokyle o Kailhan, es para ellos el objeto de cuidados de los cuales no podríamos formarnos una idea. Cada caballo tiene su genealogía. Mejor conservada y más auténtica, quizás, que la del noble más orgulloso. Los árabes dan dos mil años de existencia a la raza Koclani, y pretenden que desciende de las yeguas de Salomón.

En Europa es muy difícil procurarse caballos Koclani. La mayor parte de los que se han comprado bajo este nombre pertenecen en realidad a otras razas inferiores. No sucede lo mismo con las yeguas: los árabes no se desprenden de ellas por ningún precio.

Otras variantes de caballo árabe

Independientemente de esta raza privilegiada, los árabes poseen otras dos. Los Kadischi, literalmente caballos de raza desconocida, que corresponden a los caballos de media sangre. Estos caballos son excelentes y muchas veces sólo les faltan los papeles para que tengan el mismo valor que los verdaderos Koclani. La mayor parte de los caballos árabes que se ven en Europa pertenecen a los kadischi.

La raza mas inferior tiene el nombre de Attechi. Esta es una clase de caballos que no se emplean sino para los servicios más comunes. Probablemente de éstos descienden los caballos que hasta hace poco tiempo existían en varias partes silvestres de Arabia.

Transmisión de los genes por las yeguas

Las yeguas son las únicas que trasmiten la nobleza, y las genealogías se cuentan siempre por las madres. Se tiene mucho cuidado en preservar a las yeguas de todo contacto impuro. Si por casualidad éste se produce alguna vez, el potro se considera como perteneciente a la raza del padre. Al contrario, algunas veces hacen cubrir yeguas de una raza inferior por caballos Koclani. Entonces el potro se considera de la raza materna.

¿Sabías esto?

 

El record de salto en altura es del chileno Alberto Larraguibel con Huaso, un caballo de 16 años: 2,47 m. Permanece imbatido desde el cinco de febrero de 1.949.

Derivaciones de la raza del caballo árabe

El caballo árabe del Nedjed, en Arabia.

Los verdaderos caballos padres de koclani se venden a muy alto precio. Las yeguas no se ceden por ninguno. El hombre pierde allí su reputación si cambia por oro o plata tan inestimable tesoro. Algunas veces se aplica por abuso el nombre de tudjedi a una raza de caballos extendida por toda Arabia. Se supone originaria del Nedjed, porque este territorio sería, según algunas leyendas árabes, la primitiva tierra del caballo.

La supuesta raza del Nedjed no es más que una variedad de la de kochlani. No se debe aceptar como caballo de la primera, sino aquel que procede del país.

El caballo árabe del Yemen.

Así se llaman a los que se crían en aquel país. Imperio de aquella reina de Saba que remitía a Salomón los magníficos caballos de sus yeguacerías. Este país es renombrado aun hoy día por las hermosas razas que posee. Todos los caballos del Yemen son buenos y animosos. Robustos y duros para el trabajo, tienen una talla aventajada.

El caballo árabe de Omán, del Hedjaz y de Bahréin

Son por lo general más grandes y fuertes que los otros. Parecen caballitos de pura sangre occidental, bien robustos.

Los caballos del Hedjaz. En las márgenes del mar Rojo, desde Suez hasta la Meca. Son de mayor tamaño que los del interior de Arabia.

Los caballos de Bahréin. Algunos viajeros del siglo XIX dijeron haber encontrado en Bahréin una familia de yeguas de la más notable hermosura. Tan buscadas en el país, que fueron causa de una guerra entre dos de aquellas tribus durante más de cincuenta años.

El caballo árabe de Mesopotamia, de Siria y de Persia.

Las razas de Mesopotamia tienen fama de ser las más dóciles, de mayor tamaño y de formas más perfectas.

Anochecida del jinete árabeLos caballos de Siria. Figuran en primer término por su hermoso pelaje. Los ingleses les compraron muchos caballos.

Las razas persas. Después de los árabes los caballos mejores y más hermosos son los persas. Los caballos persas eran célebres muchos siglos antes de que se conociesen los árabes. Estaban considerados como los más adecuados para la guerra. Formaban en otro tiempo la mejor caballería de Oriente.

El caballo persa se asemeja mucho al árabe, aventajándole por la belleza de las formas exteriores. Su cabeza es más fina y tiene la grupa mejor hecha y puede ser al principio más rápido que el caballo árabe. Pero en una carrera larga acabaría éste por adelantarle.

Las razas de caballo árabe de Turquía, las africanas y de Egipto.

 Las razas turcas. Los caballos turcos provienen en general de los árabes, de los persas y de los tártaros. Su cuerpo es más largo y la grupa más alta que en los primeros, pero lleva la cabeza como él. Por sus cualidades se parece más a los segundos.

La raza turca ha contribuido también poderosamente a formar la de pura sangre inglesa. Así lo indican los nombres “Bierley-turc” y “Helmsley-turc”, que han llevado en Inglaterra las mejores familias de caballos corredores. Los turcos comunes estropean muy pronto a sus caballos por la manera irracional con que los tratan. Pasan buena parte de su vida con los cuatro pies atados, sin poder echarse.

Las razas africanas. Estas razas descienden de la árabe y difieren poco de ella. Las más nombradas son la nubia (Sur de Egipto y norte de Sudán), la egipcia y la númida (Argelia y parte de Túnez).

Los caballos de Egipto. Tienen estos caballos fama de ser muy vivaces y ligeros.

El caballo árabe númida o berberisco

El caballo númida es uno de los más preciosos tipos de caballo de guerra del mundo. Su reputación, en este concepto, no data de los tiempos modernos, pues ya se sabe cómo hablaban los romanos de la caballería númida. Las cualidades de este animal no son consecuencia del mejoramiento de la raza por el hombre. Son efecto del clima, de la naturaleza y de la comarca.

La sangre oriental ha encontrado en las condiciones climatológicas, en la constitución del país y en su vegetación, los elementos necesarios para conservar las cualidades primitivas del tipo.

Influencia del caracter árabe

Los árabes por su parte, han contribuido a ello por su manera de tratar el caballo. Esto se explica fácilmente. La población árabe es guerrera. Ha luchado siempre, bien para atacar o para defenderse. Cada tribu ha sido casi la imagen de una pequeña nación al lado de otra. De aquí se ha seguido una perpetua lucha en que ha figurado el caballo.

Los caballos númidas o berberiscos están reputados como los más aptos para constituir raza. Pero son muy rudos y difíciles de montar. Esta raza se asemeja más que ninguna otra al tipo árabe. Por su vigor, por su facilidad en el resuello y la rapidez de la carrera.

Durante la campaña de Crimea (1.853-1.856), quedaron diezmados los caballos ingleses y franceses. Los berberiscos o númidas, montados por los cazadores de África, resistieron muy bien. Estos cuadrúpedos proceden principalmente de Marruecos y de Tiro.

 Descanso entre las ruinas. Jinetes árabesApariencia del caballo árabe.

Son pequeños, de cuello largo, fino, poco cargado de crines. La cabeza hermosa, pequeña y frecuentemente acarnerada. Las orejas pequeñas y bien situadas. Las espaldas descarnadas y planas. La cruz delgada y bastante elevada. Lomos cortos y rectos. El ijar y las costillas redondeadas, sin demasiado vientre. Las caderas llenas, la grupa por lo común algo larga, y el nacimiento de la cola un poco alto. El muslo bien formado y rara vez plano. Las piernas hermosas, bien hechas y con poco pelo. Los tendones desprendidos y el casco bien formado, pero la cuartilla larga, generalmente.

Normalmente se da el nombre de berberiscos a todos los caballos de África. Los mejores son los de Marruecos. Los franceses los prefieren para padres. La experiencia ha demostrado que en Europa engendran potros mayores que ellos.

Esta raza parece descender de raza del caballo árabe. Es la que más se aproxima a ella por su vigor, por su largo resuello, y por la velocidad de su carrera. Las formas son más agradables que las del caballo árabe, y en particular el arco de su cuello. Esta raza se busca también para el trabajo.

Hasta el más humilde es bueno

El famoso caballo Godolphin arabian, pertenecía a esta raza. Este caballo fue comprado en Paris, donde tiraba de la carreta de un aguador. De allí fue trasportado a Inglaterra, en cuyo país vino a ser el padre de algunos de los más ilustres corredores. También contribuyó poderosamente a realzar una raza inglesa degenerada.

La raza inglesa se aproxima mucho a la árabe. No falta quien la cree idéntica, por las continuas importaciones que han hecho en todas épocas. Se ha perpetuado sin mezclas. Aunque con las modificaciones inevitables consecuencia del clima, alimentos y sobre todo por la educación.

Durante mucho tiempo no hubo en Inglaterra más cruzamientos que con la raza árabe o con la berberisca. Estos caballos, bárbaros o berberiscos, que vienen principalmente de Marruecos deben permanecer impasibles en situaciones que normalmente alarman los sentidos de un caballo. Y deben soportar fatigas excesivas, climatología rigurosa y largos periodos sin comer o beber.

No obstante lo dicho, los caballos vencedores de carreras son más bien mestizos de primera sangre que árabes puros. Estos animales tan admirables por su vigor y fuerza, no son los más hermosos. Ni los que más gustan a un jinete. (Tampoco los más dóciles).

¿Sabías esto?

 

El estómago de los caballos siempre debe hacer ruidos de gorgoteo. Su ausencia puede significar cólicos.

Supersticiones y rasgos que prefieren o detestan

Algunos caballos árabes se venden muy baratos. Los árabes consideran los remolinos que se encuentran en los caballos como signos de dicha o de desventura. Ponen precios ridículos a los que tiene remolinos que ellos consideran de mal agüero, aunque sean perfectos de hechuras.

El caballo tiene cuarenta remolinos en el pelo. De esos cuarenta, hay veintiocho a los que no dan los árabes ninguna importancia. Dicen que no son ni de bueno ni de mal agüero. Y doce a los que atribuyen influencia.

Consideran seis como señales de riqueza que atraen dicha, y otros seis como presagios de ruina y de desgracias.

Señales buenas

En cambio valoran muchísimo la existencia de remolinos que suponen les sean venturosos. Son: entre las dos orejas o “de la cabezada”, que indica que caballo será veloz. El que está en los lados del pescuezo, que llaman “el dedo del Profeta”. Indica que su amo morirá en su cama. “El del sultán”, que va a lo largo del pescuezo, que presagia amor, riquezas y prosperidad. El caballo que lo tiene hace estos tres votos al día:

“Dios quiera que mi amo me mire como la cosa más preciosa que tiene en este mundo”

“Dios haga que tenga una suerte feliz para que me toque algo de ella a mí”.

“Concédale Dios el favor de morir mártir sobre mí”

Un remolino en el pecho llenará la jaima de botín.

El que está debajo de la cincha hará aumentar los rebaños de su dueño.

El de los ijares o “de las espuelas”. Que si se dirige hacia atrás protegerá el jinete de los accidente en la guerra. Y si se dirige hacia la barriga por abajo, es señal de riquezas para su amo. En cambio otros atraen la desgracia.

Guerrero beduino¡Mal fario!

Un remolino en el pecho del caballo árabe indica que quien le monte morirá infaustamente. El que se halle sobre las cejas les indica que su amo morirá de una herida en la cabeza.

El que llaman “del ataúd”. Que saliendo cerca de la cruz baja hacia la espalda, presagia que el jinete morirá sobre su caballo. El de “los llorones”, que está en la cara, presagia deudas, lágrimas y ruina.

El “del robo”, que es el que está en las cuartillas, asegura que el caballo dice a todas horas: « Dios quiera que me roben o que se muera mi amo. »

El que se halla al lado de la cola indica miseria y hambre. Y el que sigue la parte interna de las piernas indica que las mujeres, los niños, el ganado… todo desaparecerá.

Esta es la clasificación que adoptan generalmente, pero no es algo fijo. Según las localidades, cada tribu aumenta o disminuye el número de remolinos dichosos o desgraciados.

Aquí tampoco nos libramos. ¡Qué obsesión!

También en España, el otrora famoso Reyna decía que los remolinos de las ancas para atrás son buenos. Que los de delante del corazón son malos porque retraen la voluntad. Y su comentador Calvo decía que un caballo con dos remolinos en las caderas será un caballo afortunado en cualquier batalla. Y desventuradísimo si lo tuviese frente al corazón.

Lastimosamente, entre muchas personas que no deberían tenerse por vulgares, todavía subsiste este grosero y supersticioso error.

Las capas

Los colores no podían escaparse; así, los colores que prefieren son:

El blanco: “Escogedlo blanco como una bandera de raso, sin manchas. Que tenga un circulo negro al rededor de los ojos”.

El negro: “Que sea negro como una noche sin luna y sin estrellas”.

El bayo, que debe ser casi negro o dorado.

El rojo oscuro, que dijo a la disputa: “¡quédate ahí!“.

El Alazán que sea tostado. Cuando galopa bajo del sol, es el viento. El tordo oscuro, que llaman “tordo de paloma zorita” si se parece a la piedra del rio. “Llenará el Duar cuando esté vacío y nos salvará del combate el día en que se toquen los fusiles”. Son más apreciados si tienen la cabeza más clara que el cuerpo.

El lobuno, “el verde”. Quieren que sea oscuro, con la cola y las crines negras.

El blanco es el color para los príncipes, pero no aguanta el calor.

El negro tiene buena suerte, pero teme a los terrenos pedregosos.

El alazán es el más ligero. “Si alguien asegura que ha visto un caballo volar, preguntadle de qué color era. Si dice que alazán, creedle”.

El bayo es el de mayor resistencia y el más sobrio. “Si alguien dice que un caballo ha saltado al fondo de un precipicio sin hacerse daño, preguntadle de qué color era. Si responde que bayo, creedle”.

¡Papá, que nos persiguen!

Escribió el general francés Daumas que Ben-Dyab, jefe famoso en el desierto -que vivió en el año 1.500 de nuestra era, o el 905 de la hégira-  hallándose un día perseguido por sus enemigos, se volvió hacia su hijo y le preguntó:

— ¿”Cuáles son los caballos del enemigo que más se acercan?

—Los caballos blancos, contestó el hijo.

—Pues bueno, dirijámonos del lado del sol y se derretirán como manteca.

Un rato después, Ben-Dyab volviéndose otra vez hacia su hijo le preguntó:

— ¿Cuáles son los caballos del enemigo que más se acercan?

—Los caballos negros, gritó el hijo.

—Bueno, vámonos al terreno pedregoso y no tendremos nada que temer. Parecen las negras del Sultán, que no pueden andar descalzas sobre las piedras.

Cambió su dirección y en un momento ganaron terreno sobre los caballos negros.

La tercera vez, Ben-Dyab preguntó:

¿Y ahora cuáles son los caballos del enemigo que más se acercan?

—Los alazanes tostados y los bayos oscuros.

Poco podemos hacer

—En ese caso, exclamó Ben-Dyab, a nado, hijos míos. A nado, y apretad el talón. Porque ésos sí podrían alcanzarnos si no hubiésemos dado durante todo el verano cebada a nuestros caballos. »

Los colores despreciados son:

El pio. Se debe huir de él como de la peste. Es el hermano de la vaca. “El cuscús llega cuando se ha ido, y encuentra la disputa en cuanto vuelve”.

El isabela con la cola y la crin blancas. Un jefe no consentiría en montar sobre semejante caballo. Hay ciertas tribus que no quieren que pase entre ellas ni una sola noche. Le llaman el “amarillo del judío”. Este color atrae las desgracias. Dicen: “El tordo color de hierro y el amarillo del judío, si vuelven al amo (del combate) Córtame la mano.”

El tordo rodado. Le llaman “charco de sangre”. “Todos alcanzarán a su amo y él no alcanzará a nadie”.

Prefieren el caballo sin calzados blancos en los pies. Con una estrella en la frente o una raya, que debe bajar hasta el hocico del caballo. “No faltará entonces nunca leche a los ganados de su amo, pues es un índice feliz. La imagen de la aurora”.

Si la estrella no está formada con regularidad no les gusta. Y si a esto se agrega una mancha blanca en la pierna delantera del lado contrario al que montan, “ningún hombre de juicio debería cabalgar ese caballo. Ningún inteligente querrá ni siquiera tenerlo. Ese caballo mata como un veneno sutil”.

Marcas en los pies

Si el caballo árabe tiene manchas blancas en los pies (balzanes) quieren que sea sólo en los tres. Un pie derecho sin ellas, de delante o de detrás, es indiferente.

Jinetes tbouradaUna señal buena es que el pie derecho de delante y el pie izquierdo de detrás sean blancos. (Bípedo diagonal derecho). Llaman a eso: “la mano del escribiente y el pie del jinete”. El amo de semejante caballo no puede menos de ser feliz. Porque “monta sobre blanco y se apea sobre blanco”. (Los árabes montan por la derecha y se apean casi siempre por la izquierda).

Dos manchas blancas en los pies de detrás son indicio de felicidad. “Con caballo manchado por detrás, nunca su amo se arruinará”. No sucederá lo mismo con el que tenga las manchas en los pies de delante, pues “su amo tendrá siempre la cara amarilla”.

Nunca compran un caballo de bella fachada cuatralbo, porque dicen que lleva consigo la mortaja. La idea que los árabes tienen sobre las manchas blancas en los pies se resume en el cuento siguiente:

El hombre que esperaba su potro

“Un árabe tenía una yegua de raza, y mucho antes de que pariese, le pedían el potro. Cuando estuvo la yegua en vísperas de parir llamó a sus amigos más entendidos. El potro presentó primero la cabeza. Tenía una hermosa estrella y el árabe se alegró. Persuadido de que su caballo adelantaría a la aurora, porque lo indicaba la señal que tenía en la frente.

Salió después la mano izquierda, y el amo, entusiasmado, pidió cien monedas por el potro. Se presentó luego el pie derecho, que también tenía una mancha blanca. El precio se redujo a cincuenta monedas.

Vino enseguida el pie izquierdo. Tenía otra mancha igual, y el árabe, en el colmo de la alegría juró que por nada en el mundo vendería su potro. Pero saliendo el cuarto remo con otra mancha, se enfureció de tal modo que hizo tirar el potro al basurero. No quiso conservar semejante animal.”

Colores oscuros

Habiendo indicado las preocupaciones y las supersticiones, queda demostrado que los árabes prefieren los colores oscuros. Consideran los colores claros, así como las manchas blancas en la cabeza, sobre el cuerpo y en las extremidades, cuando son largas y anchas, como indicio de debilidad y de degeneración de raza.

Cada árabe tiene predilección por un color. Unos quieren los caballos negros, otros los caballos tordos. Unos bayos y otros alazanes, etc. Sus preferencias o sus antipatías provienen generalmente de recuerdos de familia. Sus antepasados han tenido suerte con tal color o han experimentado reveses con tal otro… Así es que algunos árabes rehúsan un buen caballo, sin decir más que: “Ese no es mi color. “

Rebajado de servicio

Hay ciertas causas que contribuyen a excluir totalmente un caballo árabe del servicio de guerra. Son estas:

El de pecho estrecho y hundido, con el cuarto delantero flaco y perpendicular. Los árabes dan muchísima importancia al desarrollo de los músculos del pecho.

La cruz gruesa y de poca prominencia. Porque no se puede asegurar perfectamente la silla sobre el caballo. Ni hacer uso de él con confianza para correr en las bajadas.

La jarde, el “padre del de la barba blanca”. La corvaza, cuando está aparente. Las vejigas agarradas. El esparaván, sobre todo cuando está cerca de la safena. Los bultos que llaman “almendras” si están en los lados y “tortuga” si por delante. La exostosis cuando está cerca de los tendones. La ranilla larga y floja. Los tumores en el corvejón y subiendo a lo largo de los tendones.

El caballo que no ve por la noche o cuando hay nieve. Lo que se conoce en el modo de levantar los pies en cuanto comienza a oscurecer. Y también cuando presentándole de día una superficie negra, pisa sobre ella sin manifestar inquietud, entonces es cosa segura. El árabe, pasando su vida en hacer cabalgadas de noche para huir o para sorprender a su enemigo ¿qué haría con semejante animal?

Las espaldas sin soltura.

Yegua y potrillo árabeNo todo está perdido

Ahora indicaré los defectos o tachas que, aunque generalmente no les gustan, no impiden que el caballo se venda:

Las ventanas de las narices poco abiertas, que “no sacará a su amo de apuro”.

Las orejas largas, blandas y colgantes. El cuello tieso y corto.

Tienen en poco a los caballos que no se acuestan. Y a los que menean a un lado y a otro la cola cuando corren.

Desprecian los caballos que se rascan el pescuezo con sus pies. A los que se apoyan sobre la punta del casco, y a los que se alcanzan.

Te mido por aquí, te mido por allá

Para conocer si un caballo se alcanza juntan los puños y los pasan entre los antebrazos subiéndolos hasta debajo del pecho. Si tropiezan los puños con la parte interna de los antebrazos, seguro que el animal tiene el pecho demasiado estrecho.  No puede evitar alcanzarse.

Desconfían del caballo que moja su bozal comiendo la cebada. Del que prueba el agua con la punta de los labios. Del que tiene el ano ancho y ventoso, señales de flojedad, de poco nervio. Y lo mismo de los que hacen los excrementos desiguales.

El caballo que tiene paso de andadura no puede convenir para un jefe. Es caballo de los que dicen “golpean las espuelas”. Se montan solamente por los mensajeros.

Desconfían del caballo que se resiste a la espuela porque cocea cuando le aprietan. Al que muerde. Al que se esquiva al poner el pie en el estribo, porque es difícil de montar o huye cuando se apea su jinete. Son defectos graves para la guerra.

Destinan para el trabajo al caballo sordo, que se reconoce por sus orejas blandas, sin expresión y echadas hacia atrás. Y también cuando no se mueve llamándole con la voz.

En el caballo árabe, lo más importante es que aguante

Para un árabe, la primera virtud de un caballo es la resistencia. Un caballo perfecto, reúne a esta cualidad la fuerza. Un caballo es fuerte cuando en su primer arranque deja tras de sí más de cuatro metros de distancia. Si ha saltado más, es de fuerza superior. El que no pasa de tres, es un caballo pesado.

Un caballo de mucho ardor puede no tener resistencia contra el cansancio. Sucederá con el que tiene las piernas altas, el cuello demasiado largo y el cuarto delantero demasiado fuerte para estar en armonía con las otras partes del cuerpo.

Y también aquel cuya parte inferior de la pierna, cerca del casco, carece de fuerza. A esos caballos, después de una carrera larga se les cansarán las piernas. No podrán pararse a voluntad del jinete y darán siempre unos cuantos pasos más involuntariamente.

Señales de flojera

Se conoce fácilmente el caballo que no tiene ni resistencia ni ardor. La estructura de su cuerpo no está en armonía, su pecho es estrecho, le falta aliento. La fuerza y el aliento son las dos primeras cualidades del caballo árabe. La falta de una de ellas influye sobre su resistencia y puede disminuir su ardor.

Dicen los árabes: “Para el combate elige siempre un arrastrador con su cola”. (caballo de ocho años lo menos. Hemos explicado de dónde viene ese nombre de “arrastrador”. “El día que los jinetes estén tan apretados que los estribos se toquen, él solo podrá librarte de los peligros y llevarte a tu tienda. Aun cuando le hubiera atravesado una bala.”

Pero aconsejan sobre todo no comprar nunca un caballo enfermo o herido. Aunque les digan que no es más que un accidente sin gravedad. Dicen: “acordaos del proverbio de vuestros padres: “Arruinado, hijo de arruinado, el que compra para curar.”

¿Sabías esto?

 

En argentina los criadores se dedicaron a producir una raza microscópica de caballos los “Farabella”. El tamaño estándar se sitúa alrededor de 0,70 m. El récord de infinitamente pequeño corresponde a “little pumpkim” (calabacín) de Carolina del sur. Medía 33,5 cm. y pesaba 9 kg.

 

Los tratos

Los árabes suelen comprar las yeguas a medias. Las condiciones más corrientes de estos tratos son las siguientes:

Un árabe vende, por ejemplo, una yegua en 100 monedas. No recibe más que 50 y queda el vendedor interesado por las otras 50. El comprador usa de la yegua para la guerra, la caza, los viajes y la echa al caballo. Si llega a hacer una razia, las tres cuartas partes del botín le pertenecen. La otra parte es para su socio.

Si matan a la yegua en una expedición hecha con el consentimiento de los dos socios, la pérdida es a medias. Pero si la muerte sucede en una fantasía, una boda o un festejo, el comprador la soporta solo. Y reembolsa cincuenta monedas al vendedor.

Fuerza mayor

Si matan el animal delante de la tienda, de improviso, o bajo el jinete cuando éste defiende a su mujer, sus hijos o sus rebaños, es caso de fuerza mayor. No hay lugar al reembolso.

Si la yegua pare un potro, lo crían hasta la edad de un año. Entonces lo venden y el dinero se reparte a partes iguales. Si la yegua pare una potranca, la tasan al cabo de un año. Y el vendedor tiene el derecho de elegir entre la madre o la hija, recibiendo o devolviendo la diferencia.

Jaima de jinetes

¿Sabías esto?

 

Hay más de 350 razas de ponis y caballos.

Alimentación e higiene

Ab del Kader a caballoAbd-el-Kader responde a Daumas. “Me pregunta Vd. cuáles son nuestros preceptos para cuidar y mantener a nuestros caballos.

El dueño de un caballo comienza por darle poca cebada, aumentando sucesivamente el pienso en pequeñas cantidades. Y ya cuanto ve que no lo acaba, lo disminuye poco a poco y luego continúa con la medida arreglada. Lo que más conviene es dar la cebada por la tarde.

Excepto cuando se camina, no se saca ningún provecho de dársela por la mañana”. Dicen que la cebada por la mañana se va al estiércol y por la tarde a las ancas. El mejor modo de dar la cebada es cuando el caballo está ensillado y cinchado. Como el mejor modo de darle de beber es cuando tiene la brida puesta. Dicen sobre este particular: “El agua con la brida y la cebada con la silla”.

Los árabes prefieren sobre todo el caballo que come poco, con tal de que eso no le debilite. Dicen, entonces, que es un tesoro inapreciable.

Sufre para vivir, caballo árabe

Durante los grandes calores, no dan de beber a sus caballos más que cada dos días. Aseguran que esa costumbre es muy provechosa. “Dar de beber cuando sale el sol, enflaquece al caballo. Por la tarde le hace engordar. Darle de beber al mediodía le conserva en su estado”.

En verano, en otoño y en invierno dan un pienso de paja a sus caballos. Pero el fondo del alimento es la cebada, con preferencia a otra cualquier cosa.

Los árabes dicen: “Si no hubiéramos visto que los caballos provienen de los caballos, hubiéramos dicho: salen de la cebada.” Y aconsejan: “Búscalo ancho y cómpralo. La cebada le hará correr”.

A falta de cebada, buenos son dátiles

A menudo los dátiles sustituyen a la cebada. Cuando están bien secos, se los dan en un bozal. El caballo al comerlos tira con mucha destreza los huesos. En algunas partes separan los huesos, los muelen en un almirez y después se los hacen comer mezclados con dátiles que machacan un poco. También dan dátiles al caballo cuando no están enteramente maduros. Entonces los come con los huesos, que están tiernos y no pueden hacerle daño.

Cuando quieren mezclar los dátiles con la bebida hacen lo siguiente. Después de la cosecha toman una cantidad de dátiles frescos, los revuelven en una vasija llena de agua. Hasta que la carne de los dátiles se pone como una pasta líquida. Quitan los pellejos y los huesos, y todo esto bien revuelto se lo ofrecen al caballo. Los dátiles engordan a los caballos, pero no consolidan sus fibras.

En el Sahara argelino alimentan de esta manera a los caballos según las estaciones:

La primavera del caballo árabe

En la primavera les quitan las herraduras y los mandan a los pastos. Abundan las yerbas suculentas y odoríferas, conocidas bajo el nombre genérico de aácheub. Están trabados. Huyen de los parajes donde crece el ledena, cuya hoja gordita y suave parece una oreja de rata. Está muy cerca de tierra, y por lo regular cubierta y escondida debajo de la arena. Causa cólicos al caballo que la come y casi siempre acaban por matarle.

No les dan de beber más que una vez al día, a cosa de las dos de la tarde. Esta hora parece la más favorable en una estación en que va refrescando cada vez más la temperatura. El agua a aquella hora ha perdido algo de su frescura.

Desfiladero árabeAunque en el Sahara dan a menudo leche de camella o de oveja a los caballos, no por eso se debe creer que sea su única bebida. Reemplaza con más frecuencia a la cebada, que escasea, que no el agua, que siempre suele encontrarse. Los árabes están persuadidos de que la leche conserva la salud y consolida la fibra sin aumentar la gordura.

No hay leche para todos

Es inútil decir que las personas ricas, que tienen muchas camellas, no reparan como los pobres en dar leche. Para éstos es el alimento de sus familias, que apenas tienen lo suficiente. Los pobres la mezclan con agua, cuando pueden.

Por la primavera, emplean la leche de oveja, y en las otras estaciones añaden la de camella.

En cambio, en otros lugares no les dan de comer cosa alguna por el día. Y solamente les dan dos o tres veces de beber. Cuando se ha puesto el sol, les atan un morral, en que les echan la cebada bien limpia. Se la dejan comer sin quitarles el morral hasta el día siguiente, que han apurado su pienso. 

Los llevan al pasto en el mes de Marzo, que es cuando la yerba está muy crecida. En esta estación hacen cubrir a las yeguas. Y tienen un gran cuidado de arrojarlas agua fría sobre la grupa inmediatamente que el caballo las ha cubierto. Pasada la primavera, retiran a los caballos del pasto y no les dan yerba ni heno en todo el resto del año. Ni siquiera paja, sino rara vez. La cebada es su único alimento.

Cuidar del caballo árabe

Veamos lo que nos contaba el general Daumas sobre este particular:

“Los árabes no dan la importancia que nosotros a la limpieza. Pero son extremadamente cuidadosos respecto a los alimentos. Sobre todo con el agua que dan a sus caballos.

He visto muchas veces al principio de la conquista (de Argelia), después de largas jornadas, con calores insufribles, con un viento del Sur que nos sofocaba echándonos polvo y arena en la cara, cuando los jinetes y los infantes todos abatidos, sin aliento, inertes, nos dejábamos caer para tomar un descanso igualmente fatigoso, interrumpido a cada paso por las alarmas que nos causaba el enemigo que siempre nos rodeaba.

Bebe bien, caballito

He visto, repito, indígenas ir a una legua de distancia del campamento para dar de beber a sus caballos en algún manantial puro que ellos conocían. Preferían arriesgar la vida, que tener el dolor de dar de beber a sus caballos en los arroyos poco abundantes del campamento, que con el pisoteo de los hombres y de los animales se convertían en un momento en lodazales sucios e inmundos.”

En el centro de la península arábiga, estéril y carente de recursos, no encuentran siempre los caballos su alimento natural. Se acostumbraban a un régimen omnívoro. La leche de camella, los dátiles y su jugo. La carne seca reducida a polvo. Y hasta la cocida -según dicen- reemplazan en su alimentación a la cebada y a las yerbas de los valles que los abrasadores vientos del sur resecan o agostan.

¿Sabías esto?

 

El mayor número de victorias en equitación por equipos es siete. Las obtuvo Alemania en 1.936. Como R.D.A. en 1.956, 1.960, 1.964 y 1.996. Y como R.F.A en 1.972 y 1.988.

Apareamiento, y cría del potro

Árabes entrenando a caballos en el desierto.Las yeguas son las únicas que trasmiten la nobleza, y las genealogías se cuentan siempre por las madres. Se tiene mucho cuidado en preservar a las yeguas de todo contacto impuro. Si por casualidad se verifica alguna vez, el potro se considera como perteneciendo a la raza del padre. Al contrario, algunas veces hacen cubrir yeguas de una raza inferior por caballos Koclani. Entonces el potro se considera de la raza materna.

Las hembras de esta raza Koclani sólo son cubiertas por un caballo de la misma sangre. Y en presencia de un testigo que permanece a su lado por espacio de veinte días para asegurarse que ningún caballo vulgar se ha arrimado a ella. Al nacimiento del potro, se llama a este mismo testigo para firmar el acta de nacimiento, que se expide jurídicamente siete días después del parto.

Yegua busca caballo árabe para padre

Volvamos otra vez a las respuestas que dio Abd-el-Kader al Gral. Daumas en relación a las yeguas.

“Me pregunta Vd. cómo es que aunque el caballo padre, que da a los potros más cualidades que la madre, es más barato que ella.

Esta es la razón: el que compra una yegua tiene la esperanza de que, al mismo tiempo que hace uso de ella, conseguirá muchos potros. Pero el que compra un caballo no saca otra ventaja más que la de montarlo, puesto que los árabes no acostumbran a pagar por hacer acaballar. Prestan el padre gratuitamente”.

Así pues, cada propietario de un caballo padre debe prestarlo a quien se lo pida para cubrir una yegua de raza. Estos caballos son muy buscados. Los dueños de las yeguas hacen viajes de centenares de kilómetros para verificar el apareamiento. El propietario del caballo padre recibe a cambio cierta cantidad de cebada, un carnero y un odre de leche.

Con dinero no hay amor

Tomar dinero es deshonroso. Al que lo admite se le insulta, llamándole: traficante de amor de caballos. Sólo cuando se pide a un árabe su caballo padre para cubrir a una yegua de raza inferior tiene aquél derecho a rehusarlo. Pero aquellos hombres son tan inteligentes en la materia, que este caso no se da casi nunca.

Los árabes nunca hacen cubrir las yeguas de primera clase si no es por caballos padres de la misma calidad. Conocen por una larga experiencia todas las castas de sus caballos y las de las de sus vecinos. También el nombre, el sobrenombre, el pelo, la marca y las demás señales de cada uno.

Cuando no hay nada mejor…

Cuando no tienen caballos padres nobles, recurren a los mismos vecinos. Los toman mediante algún pago en dinero, para hacer cubrir sus yeguas. Cuando se cubre una yegua noble con un caballo de su clase, se ejecuta en presencia de testigos. Dan un certificado del acto, firmado y sellado ante el secretario del Emir u otra persona pública. En él se expresan los nombres de los padres y se refiere toda su genealogía. Mientras dura la gestación, es tratada la yegua con muchísimo cuidado. Pero no se la deja descansar del todo hasta las últimas semanas.

Potrillo árabeCuando la yegua ha parido se vuelven a llamar los testigos y se forma otro testimonio. Se hace la descripción del potro que acaba de nacer, con expresión del día del nacimiento. Una copia de estos dos testimonios, se mete en una bolsa de piel y se le cuelga al potro del cuello.

Damos fe

Dan tanta importancia los árabes a estas formalidades que son necesarios cincuenta testigos para dar los certificados. Y cuando todas ellas no han sido rigorosamente ejecutadas, se tiene al potro por bastardo, independientemente de su perfección. Y pierde considerable valor.

Reunidos los testigos como queda dicho, tanto en el acto del salto como en el del parto, forman un acto jurídico. Es el más importante que se verifica entre los beduinos. Creen que tiene conexión entre la conservación de su raza ecuestre y la prosperidad de su nación. Esta es la fórmula:

“En el nombre de Dios misericordioso, de Él esperamos asistencia y protección. El Profeta dijo: Que mi pueblo no se reúna jamás para cometer acciones ilegítimas.

El objeto de este documento autentico es el siguiente. Los que firmamos, declaramos delante del Ser supremo, afirmamos y juramos por lo más sagrado, que la yegua de nombre tal, de edad de tales años, con la marca de tal y tal, desciende en tercer grado y en línea recta de los antepasados nobles e ilustres. En razón de que su madre es de la raza tal, y el padre de la raza cual. Y que ella misma reúne en sí todas las cualidades de estas nobles criaturas, de las que el Profeta dijo: Su seno es un cofre de oro y sus piernas son un trono de honor.

En virtud del testimonio de nuestros predecesores, aseguramos también que la yegua en cuestión es igualmente tan pura de origen y sin mezcla. Como la leche. Y atestiguamos por juramento que es célebre por la rapidez de su carrera y su hábito en soportar las fatigas, el hambre y la sed. Según lo que sabemos y hemos aprendido, es como hemos dado el presente testimonio. Dios, además, es el mejor de todos los testigos.

Fecha.  Y siguen las firmas.

¿Sabías esto?

 

Todos los caballos tienen parásitos en el estómago y los intestinos en pequeñas cantidades. Se convierten en un problema si se acumulan grandes cantidades.

Cría del potro de caballo árabe

Desde el primer año instruyen el caballo para conducirlo con el reseun, una especie de cabezada y comienzan a atarlo y a embridarle. Antes de los dieciocho o veinte meses, un muchacho comienza a montar el potro. Le lleva a beber, a comer; le conduce a los pastos… Y para no lastimarle la boca le maneja con un freno de mula bastante suave. Le monta primeramente cosa de un kilómetro. Después dos. Después cuatro o cuatro kilómetros y medio. Y cuando ha llegado a los dieciocho meses ya no temen cansarle.

De este modo, los dos aprenden a un tiempo. El muchacho a ser un buen jinete, y el potro a ser un caballo de silla. Sin embargo, nunca tratará el joven árabe de violentar la voluntad del potro que se le confió. Jamás le hará hacer lo imposible. A esta edad cortan a los potros las crines para que les salgan más largas y espesas.

¡A la escuela, caballito!

La educación continúa en la tienda. Se vigilan todos los movimientos del animal. Se le trata con cariño y ternura, pero no se le tolera ninguna maldad o desobediencia. Desde su primera juventud se procede con él bondadosamente. Sin darle nunca golpes ni dirigirle palabras duras. Se le cría con cuidado y paciencia. Toma parte en las alegrías y penas de su amo, y duerme en su misma tienda, como uno más de la familia.

Se les puede dejar con toda seguridad en la tienda y donde estén los niños. Muchos han visto a éstos juguetear con una yegua, como pudiera hacerlo con un perro. Decía un testigo que había presenciado a tres niños, el menor de los cuales apenas podía andar, cómo se divertían con el inteligente animal atormentándole a gusto. No sólo se estaba quieto el animal, sino que parecía prestarse a los caprichos de los muchachos.

Cuando está entrando en su tercer año, le atan y cesan de montarlo. Le tapan con una buena manta y le engordan. Ellos dicen: “En el primer año átale para que no le suceda ninguna desgracia. En el segundo año móntale hasta que su lomo se doble. En este tercero átale de nuevo. Después, si no conviene, véndelo”.  Y también: “Si no se monta un caballo antes del tercer año, no será bueno. Porque para correr lo que no necesita es aprender, pues esta es una facultad natural”.

Chupando de la teta.

Cuando el potro se amamanta, no sólo toma la leche de su madre, sino que le dan también leche de camella. Apenas le permiten sus dientes triturar, se le ofrece cebada machacada humedecida. Cuando se desteta pace las mejores yerbas, pero la cebada es su alimento principal.

Volvamos otra vez a lo que contestaba Abd-el-Kader al Sr. Daumas:

“Me pregunta Vd. cómo es que los árabes montan los caballos tan pronto. Siendo así que los franceses no lo hacen más que a los cuatro años.

Sepa que los árabes dicen que el caballo, como el hombre, no puede instruirse más que en la primera edad. He aquí su proverbio sobre el particular.

“Las lecciones de la niñez se graban sobre la piedra. Las lecciones de la edad madura desaparecen como los nidos de los pájaros”.

También dicen:

“La rama tierna se endereza con poco trabajo, pero el árbol viejo no se endereza jamás”.

¿Qué vas a ser de mayor?

Los árabes creen que pueden anticipar cuáles serán las cualidades y el cuerpo del potro cuando llegue a ser caballo. Esos procedimientos varían según las localidades. He aquí los que practican generalmente. Para la altura, pasan una cuerda detrás de las orejas, sobre la nuca, y juntan los dos extremos sobre el labio superior, debajo de las narices. Después de tomada esta medida, la aplican a la distancia que separa el pie de la cruz. Dicen que el potro crecerá toda la parte de la última medida que pase la cruz.

Cuando quieren asegurarse del valor de un caballo por sus proporciones, miden con la mano desde la punta del tronco de la cola hasta la mitad de la cruz. Cuentan los palmos que tiene y después vuelven a contar desde la mitad de la cruz hasta la extremidad del labio superior, pasando entre las orejas.

Si en los dos casos el número de palmos es igual, el caballo será bueno pero de una velocidad corriente. Si tiene más largura por detrás que por delante, el animal no valdrá nada. Pero si la distancia de la cruz a la extremidad del labio superior es mayor que la de la cola a la cruz… ¡Oh! Entonces el animal, sin la menor duda, tendrá grandes cualidades. Cuanto más grande sea la diferencia, tanto más valor tendrá el caballo. Dicen los árabes, que con un caballo así pueden “pegar de lejos”. Expresan de este modo la velocidad y el vigor que asegura semejante conformación.

La fusta, ¿Para qué?

El jinete árabe no necesita fusta. El simple contacto de la espuela o una palabra de su jinete bastan para que se lance a la carrera. El hombre y el animal parecen no formar sino un solo cuerpo. Y cuando el uno está sin el otro, diríase que les falta alguna cosa.

A pesar de todos los vínculos que unen el hombre al caballo, y no obstante la especie de unión que resulta de la costumbre, del interés y de la religión, el mahometano nunca da a su caballo el nombre de persona alguna. Los nombres de hombres los han tenido los santos. Sería un pecado, un sacrilegio, darlos a un animal, aun cuando fuera éste el más noble de todos. Además, que sólo los caballos ilustres tienen nombre. Y esto únicamente en las grandes tiendas. Les llaman: El salvador, La dicha, El que enriquece, Dichoso, El bien, El perseverante, Mi bien, Gacela, Cortadora, Avestruz, El coral, La futura…

La reválida del caballo árabe

Un potro de caballo árabe, antes de considerarse como perteneciente a esta raza, es necesario que haga sus pruebas. El potro es conducido a la presencia de su dueño. Éste lo monta de un brinco y lo lanza a todo escape en medio de las arenas y de los peñascos del desierto. El árabe le hace correr así unos cincuenta o sesenta kilómetros. Después, jadeante y cubierto de sudor, le hace atravesar un rio a nado. El animal, al salir del baño debe parecer lleno de vigor. Si el potro resiste esta prueba, su carácter se ha establecido definitivamente y es reconocido por un descendiente digno de la raza Koclani.

Se considera que el caballo no está completamente enseñado hasta los siete años. De aquí viene el proverbio árabe que dice: «Siete años para mi padre, siete para mí; y siete para mi enemigo.»

¿Sabías esto?

 

El corazón de un caballo pesa unos 4 kilos y medio.

LA VIDA DIARIA DEL CABALLO ÁRABE

“En el Sahara argelino no conocen la limpia. Sólo frotan los caballos con trapos de lana y los cubren con buenas mantas, que les envuelven las ancas y el pecho. La verdad es que no se echa de menos ese cuidado, porque los caballos están siempre en parajes sanos, sobre terrenos elevados, y al abrigo de las corrientes de aire.

Cuando los árabes nos ven limpiar nuestros caballos por la mañana y por la tarde, dicen que ese frote continuo de la epidermis, sobre todo con la almohaza, perjudica la salud, les vuelve delicados, sumamente impresionables, y por consiguiente, incapaces de soportar las fatigas de la guerra, o por lo menos más expuestos a enfermedades.

Cuando hace calor los lavan por la mañana y por la tarde. Frecuentemente en invierno suelen atarlos dentro de las tiendas. El principal objeto es tenerlos limpios.

El ojito derecho del profeta.

Un día presentaron un caballo al Profeta, lo examinó, se levantó, y sin decir una palabra, le limpió la cara, los ojos y las narices con las mangas de su camisa.

— ¡Cómo…! ¡Con vuestros vestidos! le dijeron las personas presentes.

—Seguramente -respondió- el ángel Gabriel, que me ha reprendido más de una vez, me ha dado orden de hacerlo así.”

“En el invierno, les ponen la manta día y noche. En verano, la ponen a las 10 de la mañana para quitarla de 3 a 8 y a esta última hora la vuelven a poner para toda la noche; así preservan el caballo del frio o del rocío, tanto más temibles dicen los árabes, cuanto que la epidermis ha estado todo el día calentada por un sol ardiente. El proverbio siguiente expresa cuánto temen el frio de las noches de verano: “El frio del verano, o un sablazo”.

Esquilados

“Hay la costumbre de cortar las crines de encima de la cabeza, del cuello y de la cola de los caballos. Las reglas son las siguientes:

Cuando el potro del caballo árabe tiene un año le cortan todas las crines, menos un moño que le dejan en el copete, en la cruz y en la cepa de la cola. A los dos años vuelven a repetir la misma operación y las cortan todas. A los tres años, tercera primavera, las vuelven a cortar.

De los tres a los cinco años

De tres a cinco años, dejan crecer toda la crin para volverla a cortar de nuevo a los cinco años cumplidos. Pasados los cinco años ya no vuelven a tocar las crines; lo consideran un pecado, porque no puede tener otro objeto que el de engañar a sus hermanos sobre la edad del caballo.

Después del esquileo untan las partes trasquiladas, con cagarrutas de carnero mezcladas con leche, o con azul de Prusia desleído en manteca caliente. Este procedimiento suaviza la piel y espesa las crines. Esto se hace por varias razones, y desde luego, indica a primera vista la edad de los caballos hasta los ocho años, puesto que para que las crines tengan toda su largura necesitan por lo menos tres años, y entonces se puede llamar al caballo “arrastrador con su cola”.

En segundo lugar les acostumbra a ser sufridos, aguantando con paciencia las picaduras de las moscas; y por último, creen que de ese modo consiguen que las crines sean más abundantes, largas y suaves. Si los árabes explican y justifican ese método de cortar las crines del caballo hasta la edad de cinco años, no sucede así con nuestro modo de cortar la cola. Es para ellos una barbaridad que no tiene nombre y da margen a un sinfín de sarcasmos”.

Mejor al sol que a la sombra

Chateaubriand dice en su Itinerario del viaje de París a Jerusalén: “jamás ponen los caballos a la sombra; los dejan expuestos a la fuerza del sol, atados a una estaca de los cuatro remos, de modo que no pueden moverse; jamás les quitan la silla: por lo común en todo el día no les dan más que una sola vez de beber y un poco de cebada”.

Este trato tan duro no los mata, sino que los hace sobrios, sufridos y ligeros.

Sin embargo, en otras regiones los limpian por la tarde y por mañana con tanto cuidado y diligencia que no les dejan la menor caspa ni porquería sobre la piel. Les lavan los brazos, las piernas, las crines y la cola, que se la dejan con toda su largura y se la peinan rara vez por no romperla las cerdas, y los tienen todos los días, desde la mañana hasta por la noche ensillados y embridados a las puertas de las tiendas.

El caballo o el caballero

Cuando un guerrero acomete una empresa peligrosa, no es a él a quien desea felicidades la familia, sino a su caballo. Y si después del combate vuelve el cuadrúpedo solo a la tienda, el dolor que causa la muerte del guerrero queda compensado por la alegría que se experimenta al ver al animal sano y salvo. El hijo, o el pariente más próximo del difunto, monta entonces en el noble caballo árabe, y es su deber vengar la muerte del padre o del hermano.

La pérdida del caballo no se considera remunerada hasta que se ha obtenido venganza. Si el cuadrúpedo muere en la lucha  o queda en poder del enemigo, cuando el árabe entra solo y a pie en su tienda, le hacen una mala acogida; no cesan los gritos y las quejas, y el duelo se prolonga meses enteros. A decir verdad, un caballo como aquellos no tiene precio, y por eso le trata el árabe con un cariño sin igual.

¿Sabías esto?

Los caballos han sido encontrados en pinturas rupestres que datan de alrededor de 15.000 a.C.

Relatos y dichos árabes

Jinete beduino.

“De la carne prohibida elige la más ligera”. Es decir, elige un caballo ligero. (La carne de caballo está prohibida a los mahometanos).

“Los caballos de raza no tienen malicia”.

“No se llega a ser jinete más que después de haberse dado muchas costaladas”.

“Caballo al pesebre, honra del amo”.

“Los caballos son pájaros que no tienen alas”.

“Nada está lejos para los caballos”.

“Aquel que olvida la hermosura de los caballos por la de las mujeres, no gozará de prosperidad”.

“Montar caballos y soltar galgos quitan tumores de la cabeza”.

“Los caballos para las lides, los camellos para el desierto, y los bueyes para la pobreza”.

“El paraíso de la tierra se halla sobre el lomo de los caballos, en la lectura de los libros, y entre los pechos de una mujer”.

De esta agua no beberé

Un noble tenía un caballo magnífico de una yegua famosa en el desierto. Quiso hacerle tomar a su madre, y no pudo conseguirlo. El caballo se acercaba momentáneamente, pero luego se apartaba con horror.

Para vencer esa repugnancia, imaginaron taparle los ojos y presentarle la yegua cubierta con unos haicks largos que la desfigurasen.

Entonces la tomó, pero inmediatamente después reconoció a su madre y se fugó con tanta velocidad que se arrojó desesperado en un precipicio.

Este cuento, popular entre los árabes, demuestra que para ellos los incestos producen necesariamente la degeneración de las razas.

“Amad los caballos, cuidadlos. En ellos sólo está el honor y la belleza”.

¿Sabías esto?

Para conocer la edad de un caballo, podemos hacerlo mirando su dentadura. Si es joven no se verá cemento. Si es anciano, el cemento aparecerá desgastado. Su dentadura estará más inclinada.