© 2018 Luis Miguel Urrechu



¿Sabías esto?

Se dice tener un caballo los dientes taladrados cuando algunos chalanes, por ocultar la vejez, le han taladrado los dientes extremos y puesto en sus oquedades unas falsas manchas negras que aparentan su frescura. Por diestramente que se haga no puede ocultarse si se examinan las rayas que hace en el diente el buril.

 


Caballos del paleolítico

El caballo español o PRE (Pura Raza Española) es una raza de caballo española que proviene de Andalucía. Desciende de los caballos de Iberia, donde sus antepasados han vivido durante miles de años.

Está entre las razas equinas más antiguas del mundo. Las pinturas rupestres demuestran que han estado presentes en la Península Ibérica al menos desde unos veinte a treinta mil años. Muchísimo antes de que los griegos y los fenicios llegaran a la Península Ibérica.

Los antepasados de nuestro caballo por excelencia, recorrían en libertad los parajes de Andalucía y de toda España.

Muy pronto se identificó a los caballos ibéricos como dotados de virtudes especiales para la guerra, principal uso a que se destinaban estos animales. Se reconocía tan tempranamente como en el año 450 a.C.

Juntos y revueltos

A lo largo de su historia, las razas ibéricas se vieron influenciadas por toda la variedad de pueblos y culturas que ocuparon España. (Celtas, cartagineses, romanos, godos y otras tribus germánicas. Y moros).

Aristóteles (384-322 a.C.) decía de ellos:

Su hermosura es mucha, y su ligereza tanta que se pretende que las yeguas conciben del aire. De aquí el llamarlos hijos de Céfiro” (del viento de oeste).

Y Justino:

“los caballos de Galicia y Lusitania son tan veloces que no sin motivo parece los concibió el mismo viento”.

Hijos del viento

Vemos pues, que no fue Mahoma el primero que relacionó a los caballos como hijos del viento.

Cuatrocientos años después de Aristóteles, Plinio alabará a los caballos de Asturias y Galicia, llamando fieldones a los de talla más alta y asturcones a los de menos.

Gracio Falisco, contemporáneo de Cristo, hizo lo mismo con los caballos gallegos, elogiando sus aptitudes para los terrenos quebrados.

Marcial elogió a los asturianos. Pomponio Mela, Estrabón, Vegecio, Columela, Paladio y otros muchos. Todos alabaron a los caballos hispánicos. De entre todos, los de la Bética (Andalucía) se llevaban la palma.

Se venían a buscar desde Roma y Antioquía. Y desde otras remotas provincias de Roma, que resaltó la belleza de estos caballos en sus obras artísticas.

Fin de un imperio

En el siglo VI el Imperio Romano acabó por desmoronarse ante el empuje de los godos de centroeuropa. Estos trajeron sus propios caballos. Eran más pesados y aptos para el tiro. Pronto perdieron sus preferencias en beneficio del caballo español, más habilidoso y ligero.

San Isidoro de Sevilla, testigo excepcional de aquellos tiempos escribió que el caballo español era el mejor del mundo.

Ha existido y existe aún una creencia romántica según la cual nuestro caballo español, como denominamos al andaluz, el más representativo de los caballos “Ibéricos” es fruto de la evolución natural de una única raza de caballo ibérico.

Es imposible conocer el origen exacto del  caballo español, pero no caben dudas en que no se trata de una única raza Ibérica pura y original. No es descendiente directo de los que trajeron los árabes más tarde.

Son resultado natural de los cruces que se produjeron inevitablemente entre caballos nativos y otros que aportaron los distintos conquistadores. Independientemente de que antes ya fueran nuestros caballos muy alabados en todas partes.

¿Tú de dónde eres?

Hasta tiempos relativamente cercanos, las razas de caballos en toda Europa se conocían, sobre todo, por el nombre de la región de donde procedían.

De manera que el término de origen “andaluz” simplemente describía los caballos que provenían de Andalucía. Como el Lusitano toma su nombre de Lusitania, el antiguo nombre romano de lo que hoy es Portugal.

El caballo ibérico ha sido históricamente llamado “de silla ibérico”, “de guerra ibérico”, “caballo español”, “portugués”, “peninsular”, “extremeño”, “villano”, “zapata”, “zamorano”, “castellano”

Aunque no ha sido reconocido como tal raza hasta el siglo XV. Ha cambiando su conformación muy poco a lo largo de los siglos.

Don Juan de Arrieta dice:

“En ninguna historia que yo haya leído encuentro que se mencione al caballo español antes del Rey Don Juan I (1.380). Hasta la guerra de Portugal en la que sucedió la batalla de Aljubarrota, no hay noticia de caballos andaluces”.

Caballo español en BabioCaballo español

En España al caballo andaluz hoy se le conoce simplemente como “caballo español”. Se denomina oficialmente como caballo de “Pura Raza Española” (PRE). Se considera que el andaluz es el caballo español por antonomasia. A pesar de que como hemos dicho, existen muchas otras razas que podríamos consideran autóctonas.

Sin embargo, en la mayor parte del mundo es más conocido con el nombre de “caballo andaluz”.

Durante el Califato de Córdoba había grandes yeguadas. Los cronistas árabes nos hablan de la calidad de los potros que se destetaban anualmente a las más de tres mil yeguas, que con quinientos sementales tenía el califa en las marismas.

Para dar y tomar

Fue tal la abundancia del caballo español en Andalucía, que en el año 780 Abderramán I, recibía todos los años un tributo de diez mil caballos escogidos. Siempre hubo en España gran abundancia de caballos. No sólo se producía en los reinos y provincias que hasta 1.834 estaban destinados a su cría, sino que también en Galicia, Asturias, y otros lugares, como hemos dicho.

En el año 1.600, en tiempos de Felipe IV, cuando ya iba decayendo la cría, se podían aportar a la Corona para el ejercicio militar 79.900 cabezas. Las contribuciones se reparían así:

Castilla y León, 24.000. Andalucía y Extremadura, 26.000. Aragón y Cataluña, 14.000. Valencia y Murcia 8.000. Navarra 3.000. Galicia 2.000, y Vizcaya 2.900.

Por su mala cabeza

No obstante, llegó a haber escasez por la falta de previsión y por las circunstancias de las guerras. Obligaron a que se prohibiera la exportación del caballo español.

Esta escasez también se debió a las preferencias de los criadores por las mulas. Era un negocio más lucrativo, para destinarlas a las labores agrícolas.

Desde el siglo XIII hasta el XIX, para proteger la raza y la cría del caballo español, que tenía una importancia estratégica de primer orden, se prohibieron los cruces de yeguas con asnos en Andalucía, Extremadura y Murcia. Se estableció una imaginaria “raya real” al sur de la cual estaba prohibido este tipo de mestizaje.

Fundamentalmente porque comenzaron a escasear por motivo de las continuas guerras contra los sarracenos. Y por un exceso de confianza, basada la gran abundancia de caballos que había.

Esta circunstancia fue la principal causa de la prohibición del mestizaje con garañones.

¿Sabías esto?


La mayor velocidad en una milla y media (2,414 Km.) es de 60,86 kilómetros por hora. La obtuvo el caballo de tres años Hawkster, en Santa Anita Parck (California), el 14 de octubre de 1.989. Su jockey pesaba 54,9 Kg. Hizo un tiempo de 2 minutos y 22,8 segundos.

 

La protección de la Reina

 

Caballo español rojoLos Reyes Católicos emitieron una pragmática en 1.492 a favor de los plantíos y la cría de caballos. En las provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia y Granada, no se podía echar asnos a las yeguas, para fomentar la cría de caballos.

Entre las medidas que se tomaron estaba la de que el que no tuviera un caballo tampoco pudiese tener mula. Y que si hubiese de tener una bestia, que fuera caballo. Salvo ciertas personas.

Cosa de caballos

Nadie podía cabalgar en mula ensillada, aparte de los clérigos, frailes y mujeres, para fomentar la cría y uso de caballos. Autorizaba que los “hijos e hijas de padres difuntos que tuvieron caballo, o lo tuvieran si viviesen, gocen del privilegio que les concede la pragmática de trajes en vida de sus padres. De traer jubones, caperuzas, bolsas y otros adornos de seda”. (Se había prohibido para evitar el excesivo derroche de una clase muy enriquecida).

Otro tanto sucedía en el comercio de caballos.

El caballo español y nuestras lanas trashumantes eran dos ramos de riqueza con indisputable ventaja del comercio español con otros pueblos europeos. Con la diferencia de que la lana volvía manufacturada a la Península, dañando a nuestra industria. La exportación de caballos carecía de este inconveniente.

Pocas bromas

Sin embargo, la exportación de lanas estaba permitida, y prohibida la de caballos. Esta prohibición venía del tiempo del Rey Don Alonso XI. Se castigaba nada menos que con pena de muerte a los infractores.

La Reina Isabel, siguiendo las ideas recibidas, y con el deseo de que hubiese abundancia de caballos en el reino, había confirmado las leyes antiguas.

Parece que pronto las disposiciones de Doña Isabel influyeron favorablemente en la cría de caballos. En los tiempos inmediatos, y a pesar de la ley, el caballo español rebosaba de la Península y salía fuera.

Las cortes de Toledo de 1.525 decían en la petición 34 que ‘había tanto caballo español en Francia como en Castilla’.

¡Hay que pararlo!

La pragmática de 9 de marzo de 1.534, en que el Emperador Carlos I confirmó las anteriores sobre el mismo asunto. Habla de la gran cantidad de caballos que salió de España con motivo de la expedición de Hungría contra el Turco en 1.532. Y de la tolerancia y disimulo que hubo en este punto.

Sin embargo, las Cortes de Valladolid de 1.537 aseguraban que en el reino de Castilla “estaban ocupados en personas inútiles para la guerra y sin provecho, más de diez mil caballos. Y los mejores”.

Las que se celebraron en la misma ciudad en 1.542 se lamentaban:

“La mayoría (y mejores) de los caballos estaban en poder de letrados, médicos y hombres viejos, que los capan y se sirven de ellos como mulas“. Se quejaban de que “la copia de rocines y caballos mancos” había encarecido la cebada.

Discrepancias corteses

Los deseos que manifestaban las cortes no eran conformes del todo entre sí.

Las de Valladolid de 1.523 solicitaban que se guardasen las leyes antiguas y las pragmáticas y que no se sacasen caballos del reino.

En las de Toledo suplicaban que se reformase la pragmática y se permitiese la salida de las jacas.

Las de Valladolid de 1.537 y 1.542, que se quitase la pragmática. O al menos se moderase.

Todas querían que hubiese muchos caballos. Pero no acababan de comprender que para conseguirlo convenía que levantaran la mano las leyes y el gobierno. Que dejasen en libertad la cría y el comercio del ganado caballar.

Era el camino indicado por la experiencia en la abundancia de caballos de la que hablaron las cortes de 1.537 y 1.542. Nacía, según todas las apariencias, del mayor consumo ocasionado por la salida de los ejércitos a expediciones extranjeras.

Vista gorda

También del disimulo con que se permitía la extracción. Ambas, causas mencionadas en la pragmática de 1.534. Y que ampliándose de esta manera el mercado y las granjas de los criadores, su mismo interés, hubiera producido la abundancia. Evitando que se fatigasen las cortes y el gobierno.

Caballo español asturcónEl gobierno castellano se mantuvo firme por las leyes antiguas. No hizo gran caso de las diferentes peticiones de las cortes, y siguió con su sistema de reglas y restricciones.

Hasta que crearon -muy posteriormente- una junta especial destinada a intervenir las operaciones de los dueños de las piaras. Se acabó con esta clase de protección de arruinar la cría. Desapareció casi del todo la antigua y celebrada raza del caballo español al poco de establecidos los reglamentos.

Si vis pacem para bellum

El mismo año de la rendición de Granada, temiendo los Reyes que se olvidasen los ejercicios militares y que se perdiese el fruto de la práctica de los años anteriores, renovaron en Valladolid las leyes:

Que los dueños de más de cincuenta mil maravedíes de hacienda tuviesen armas y caballo. Sin que para lo contrario bastase el pretexto de haberse acabado la guerra de los moros. Y que pasasen tres revistas cada año.

Cuerpos permanentes

El siguiente de 1.493 se levantaron cuerpos ordinarios y permanentes de caballería.

El mismo año se prohibió por decreto de 2 de mayo el deshacer las armas que hubiese en el reino. Se imponían graves penas a los herreros o armeros que contraviniesen esta disposición.

Y por otra, dada en Tarazona el 18 de setiembre de 1.495, se estableció que:

“Todos los súbditos de cualquier ley, estado o condición que sean, tengan en su casa y poder, armas ofensivas y defensivas. Según el estado, manera y facultad de cada uno.

Los más ricos tengan corazas de acero y falda de malla o de láminas. Y armadura de cabeza, lanza de 24 palmos, espada, puñal y casquete.

Los de mediana hacienda tengan corazas, armadura de cabeza, espada, puñal y lanza. O en vez de esto, espingarda con 50 pelotas (balas) y tres libras de pólvora. O ballesta con 30 pasadores.

Los de menor hacienda tengan espada, casquete, lanza larga y dardo o lanza mediana. Y medio pavés o escudo.

Dichas armas no se puedan ejecutar ni prendar por ninguna deuda. Aunque sea a favor de la real hacienda.

Háganse dos alardes cada año los últimos domingos de marzo y setiembre.

De las penas señaladas a los contraventores dénse premios a los ballesteros y espingarderos que mejor y con más cierto tiraren. Y a los que se presenten mejor armados en los alardes. Para que todos se esfuercen y trabajen de tener las mejores y más lucidas armas que pudieren haber”.

¿Sabías esto?


La palabra equus (equino) viene de la Grecia antigua y significa rapidez. Yegua viene de equa, que es el femenino de equus. Caballus (caballo) era el nombre que se les daba a los caballos castrados.

El siglo negro

 

Caballo español. Poderío

Los principios del S. XIX fueron catastróficos para el caballo español.

El ejército de Napoleón robó la mayoría. Hubo necesidad de trasladar las Caballerizas de Córdoba a las Islas Baleares para preservarlas.

En 1.820 Fernando VII levantó la prohibición de cruzar yeguas con burros para obtener mulas, que anteriormente sólo se utilizaba en las faenas agrícolas. Esto aumentó dramáticamente su número. Se hizo uso de ellas para el enganche de coches y diligencias, hasta entonces exclusivamente reservado a los caballos.

Su hermano, el Infante Carlos, fue el presidente de la Junta Suprema de Caballería. Partidario del cruce de yeguas andaluzas con otras razas europeas, causó un gran perjuicio a la raza.

Ni caso

En 1.822, los criadores comenzaron a incorporar sangre normanda a los caballos españoles. También más sangre árabe, debido a que las necesidades militares exigían caballos con más velocidad para las cargas. Y con mayor volumen para tirar de los carromatos de armas, cada vez más pesados.

Muchos ganaderos andaluces y extremeños no se prestaron a las directrices del Infante Carlos. Gracias a ellos, más tarde fue posible recuperar la pureza de la raza con los caballos que se mantuvieron intactos. Se convirtieron en el actual caballo español. 

Por si fuera poco, en 1.832 una epidemia afectó gravemente a la población de caballos de España. Un pequeño y selecto grupo sobrevivió en el monasterio de Cartuja, del cual hablaremos más tarde.

Un poco de orden

En 1.893 el Ministerio de Guerra se hizo cargo de organizar la cría caballar. Hubo hasta diez depósitos de sementales. En 1.912, se abrió bajo la tutela del Ejército, el primer libro de registro para los caballos de raza árabe, pura raza inglés y anglo-árabe. Por primera vez figuró el caballo español andaluz registrado como “Pura Raza Española”

Posteriormente, entre 1.989 y 1.992 hubieron de superar un brote de peste equina, que también se cebaría con ellos.

Razas españolas

Al antiguo caballo español lo encontramos en muchas partes descrito por imaginaciones poéticas. Apartándose de la realidad, lo han pintado sin defectos. A juzgar por estas descripciones, debía ser de otro esqueleto, de otra resistencia, de otra conformación.

Fue Felipe II quien mandó crear en 1.567 el tipo que hoy conocemos como caballo andaluz o caballo español. Mandó cruzar los numerosos tipos de caballos para crear un caballo con unas características definidas históricamente. Se llevó a efecto en Córdoba, encomendándose esta empresa a Don Diego López de Haro.

Poco hemos cambiado

Nuestro caballo español de hoy, el de hace más de tres siglos que nos han trasmitido en obras de arte, ha sido siempre muy parecido fisiológicamente. Con unas pocas variaciones por la introducción de otras razas, que con el tiempo se han ido diluyendo.

Desgraciadamente, no se ha hecho un estudio detenido acerca de las diversas razas de caballos españoles y de su influencia en el que hoy es el caballo español por antonomasia.

 Orígenes de la raza

Es más que verosímil que las buenas cualidades del caballo andaluz sean hereditarias de la raza africana. En un momento dado, muy anterior a la conquista de España por los árabes, pasaría a nuestras provincias del sur. Allí las pudo conservar por la calidad de su clima.

Suponer que los árabes introdujeron en Andalucía la raza que tenemos, es suponer demasiado. Es creer que fueron los mismos que desembarcaron en España, después de atravesar Siria, Egipto y todo el norte de África. Aunque se fundó en Arabia el imperio de los Califas, el espíritu de conquista extendió sus límites. 

Cuando se propuso la conquista de España, no fueron los descendientes de Arabia, sino los procedentes principalmente de Mauritania. Por esta razón nosotros les llamamos “moros”, que no es un término despectivo, sino un indicador de su origen.

Además, la belleza de nuestros caballos ya era famosa universalmente desde la más remota antigüedad, como se ha dicho.

Caballo español con nieve¡Moros en la costa!

Los musulmanes africanos invadieron y conquistaron la mayoría de España en el siglo VIII. No es probable que el tipo de linaje del primitivo “caballo español” fuera contaminado con genes árabes/berberiscos.

La población árabe ocupante fue muy pequeña en comparación con la nativa. Y se sabe que trajeron muy pocos caballos.

En el siglo XIII, la influencia musulmana en España ya era mínima. Y la Península Ibérica fue finalmente reunida bajo una corona española con la toma de Granada en 1.492.

 

ADN

Se han hecho estudios de ADN del caballo español moderno de la península ibérica y del caballo berberisco. Presentan evidencias de que ambas razas, en algún tiempo remoto cruzaron el Estrecho de Gibraltar y se mezclaron entre sí. Se intercambiaron las líneas de sangre.

El caballo español parece producto de la mezcla de los grandes caballos europeos y de los más ligeros orientales. Fruto de la búsqueda de la perfección de las formas y de la nobleza.

De lo que no hay duda, es que el caballo español actual es producto de la selección que se ha ido haciendo a través de los tiempos. Según los gustos de cada momento. (Cuellos gruesos, campaneo, altura, etc.).

¿Sabías esto?


Los potrillos generalmente nacen de noche. Sólo necesitan de una a dos horas para pararse sobre sus patas y caminar.

 

Fama

Viene de lejos la fama del caballo español, al que unos han llamado por su gallardía y bríos hijo del fuego, y otros por su ligereza hijo del viento.

Aunque el caballo español es de constitución robusta, es un animal extremadamente elegante.

Caballo español pateando el aguaNo todo caballo español tienen una misma conformación, y por eso nunca se han denominado de una misma manera.

Los que siempre han tenido más fama han sido los andaluces, por su hermosura y nobleza de espíritu. Después los extremeños y murcianos. Y los que hubo antiguamente en la Mancha, todo el reino de Toledo y Castilla. Especialmente en Tierra de Campos y otros territorios que antes estaban acotados para la cría de caballos con prohibición del uso del garañón.

El clima

En el norte la perfección de los caballos decae por el clima y la naturaleza de los pastos. Aunque esto no impidió las grandes y buenas raza que hubo en Galicia y Asturias. Lo que pierden en finura y elegancia lo ganan en fuerza y corpulencia.

Al caballo español se le conocía como el “caballo de los reyes”. Estuvo presente en la mayoría de Casas Reales y academias de equitación. Incluyendo las de Austria, Italia, Francia y Alemania.

Siempre ha habido clases

En el siglo XVI, durante los reinados de Carlos V y Felipe II, el caballo español estaba considerado como los mejores del mundo sin discusión.

Son hermosos de presencia y tienen la característica de aclimatarse fácilmente al clima de cualquier país. Son alegres, soberbios, ágiles, y de extremada docilidad y sociabilidad. Buscan desde potrillos las caricias y los cuidados del hombre.

Es de mediana alzada. Con una cabeza grande y un poco acarnerada, aunque más recto que el lusitano. Relativamente larga y moderadamente estrecha, más hacia el hocico.

Sus orejas algo grandes. La frente ancha. Los ojos grandes, vivos, fogosos y con mirada noble y expresiva. La quijada huesosa, los labios y asientos finos.

La grupa es de tamaño medio y forma redondeada, y las ancas anchas y robustas.

Tiene la cola muy poblada, bastante baja de nacimiento. Cuando marcha la lleva pegada. Los muslos de tamaño medio. Las extremidades traseras, bien situadas bajo el tronco, tienen una conformación natural para la reunión.

Me gustas cuando trotas

El pecho es amplio y profundo. Y el cuello largo y arqueado, musculoso y bastante grueso, sobre todo en la unión con el tronco. Es elegante, con una cruz bien remarcada y una espalda corta. Sus crines son gruesas, largas y sedosas. Su cola y su fuerte armazón óseo le prestan una imagen de fuerza y de nobleza muy agradable a la vista. Particularmente cuando trota.

El caballo español es inteligente, amable, y especialmente sociables con el hombre. Los ojos son ovalados, vivos y de mirada despierta. Es muy raro que se les vea el blanco de los ojos.

A los antebrazos, cortos y musculosos, le acompañan unas cañas delgadas y largas, como las cuartillas. Las piernas un poco largas y los corvejones acodados.

Tarda en desarrollarse, y es de temperamento generalmente sanguíneo. Su buen carácter, su inteligencia y la gracia de sus movimientos, le hacen un caballo muy apreciado.

Para gustos los colores

El caballo español, en el pasado, tenían la mayoría de los colores de capa, incluyendo las manchadas.

El color más común es el tordo, pero hoy en día frecuentemente tienen otros colores.

Durante muchos años sólo se admitieron de color castaño o tordo para la cría. Con el tiempo se admitieron otros como el ruano, bayo, castaño, y negro.

En los EE.UU, un ochenta por ciento de los caballos andaluces son tordos. De los restantes, aproximadamente el quince son bayos y el cinco negros, palominos o castaños. Otros colores, como el perla, etc., son más raros, aunque están admitidos en los estándares.

Moda actual

Hoy las capas más comunes son:

El negro, el castaño, el tordo, el alazán. También hay bastantes bayos. Y se conocen otras varias capas, como tigre, azúcar y canela, pelo de rata, rosillo, pío perla, cervuno, etc.

Morcillo es el de pelo negro parecido a la mora madura.

El alazán, alazon en griego, que significa soberbia. Alkassan o valiente, de buena raza árabe. Es de un color rojizo.

Bayo se deriva de la palabra egipcia baion, nombre que se da a la rama de la palma con su fruto.

El atigrado o apanterado viene de tigrinus.

Rosillo es mezcla de negro, castaño y blanco.

El cervuno es del color de él.

Y el perla, que también se conoce como Isabela, por este supuesto suceso:

Olor de santidad

La princesa Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, llevó en dote de su patrimonio los estados de Flandes. Se encontraba allí con su esposo el archiduque Alberto. Hizo voto de no cambiarse de camisa hasta la toma de Ostende, que opuso una prolongada resistencia. Del color que tomó la tela en tan largo sitio, adquirió el nombre de isabela.

Equivocadamente, se relaciona este hecho con la Reina Isabel la Católica y la Toma de Granada. Se han hecho algunos chistes sobre esto, pese a que no tiene ninguna relación.

En la primera historia de la raza del caballo epañol, ciertas marcas blancas eran indicadoras del carácter, y signos de buena o mala suerte. Como ocurre con los árabes. Se consideró que los caballos con calcetines tenían buena o mala suerte, dependiendo de la pierna en que estuviesen.

Un caballo con ausencia total de marcas estaba considerado como de mal genio. Y viceversa. Pero ciertas marcas en la cara se consideraban signos de nobleza, lealtad y resistencia.

A vueltas con los remolinos

Del mismo modo, los remolinos en distintos lugares se consideraban indicadores de buena o mala suerte. Los de peor fortuna eran los que tenían donde el caballo no podía verlos: la cara, los hombros o el corazón.

Dos remolinos cerca de la raíz de la cola se consideraba signo de coraje y de buena suerte.

En los siglos XVI y XVII el caballo español no habían alcanzado la forma final del caballo español moderno. A pesar de eso, en 1.667 William Cavendish, duque de Newcastle, decía que el caballo español de Andalucía era el “príncipe” de todas las razas equinas del mundo.

Sólo les ponía una pega: que eran “enervantemente inteligentes”. Les reprochaba tener demasiada memoria. Que se sirviesen de ella para obrar por sí mismos y adelantarse a la voluntad del jinete. Este mismo defecto (si así puede llamarse) proviene más de su fuerza y gallardía. Es fácil aprovecharse de ello siguiendo los principios de una buena escuela.

El más noble del mundo

“… El caballo más noble del mundo, el más hermoso que pueda ser. Es de gran espíritu, de gran coraje y dócil. Tiene el trote más orgulloso y la mejor acción en su trote. Tiene el galope más alto. Es el caballo más cariñoso y suave. El más apto de todos para un rey en su día de triunfo”.

Y también:

“Comparando los mejores caballos y tomándolos en su mayor perfección, coloco en el primer lugar al caballo español. Le doy mi voto como al más hermoso, el más noble, el más gracioso, y el más valiente. El más digno de que lo monte un gran rey.

Y el más veloz

Y si lo comparo también con aquellos caballos que son naturalmente grandes corredores, siempre es el caballo español el que corre con más rigor y arte. El que para mejor sobre las piernas”.

“Si se sabe elegir bien el caballo español, yo respondo de que es el más noble del mundo. No hay mejor trazado desde la punta de la oreja a la punta de los cascos. Es el más hermoso que se pueda hallar. Es de gran vigor, de mucho aliento y muy dócil.

Marcha con altivez y trota lo mismo que la acción más hermosa del mundo.

Digo que el caballo andaluz es el mejor caballo del mundo”.

Elegancia andaluza

El caballo español es elegante y fuerte, reconocido por su agilidad. Cuando es tratado con respeto, es rápidos para aprender, responder y cooperar. Es dócil, inteligente y sensible. Tiene unos movimientos extendidos, elevados, cadenciados y armoniosos.

Fueron muy apreciados tanto dentro como fuera de España. Tuvieron como propietarios a todos los monarcas franceses desde Francisco I a Luis XVI.

El famoso jinete y teórico de la equitación  Salomón de la Broue, jefe de las caballerizas de Enrique IV, dijo de nuestro caballo en 1.600:

“Comparando los mejores caballos, doy al caballo español el primer lugar. Por su perfección, porque es el más hermoso, noble, elegante y valiente”.

El caballo español y el arte

Muchísimos personajes de la alta nobleza continental fueron retratados sobre un caballo epañol. Desde el siglo XI, los miembros de la realeza inglesa como Guillermo el Bastardo, Ricardo Corazón de León, y Enrique VIII fueron representados sobre un caballo español.

Fueron poseedores de caballo español el emperador Maximiliano II y el archiduque Carlos, que crearon el caballo lipizzano a partir de los andaluces. Y también la Escuela Española de Equitación en Viena. Durante mucho tiempo el caballo español fue la montura preferida de la realeza europea. por eso se ha considerado un caballo de reyes en toda Europa.

Empleo

El caballo español moderno se utiliza para muchas actividades ecuestres, incluyendo la doma vaquera y clásica. El caballo andaluz fue uno de los primeros caballos usados para la doma clásica, y compiten ventajosamente en competencias internacionales.

La raza tiene una aptitud natural para esta disciplina, y es codiciada por sus practicantes. Además de ser un excelente caballo de silla, el caballo español se usa ventajosamente en la doma. (De alta escuela, clásica, y vaquera), el salto, el rejoneo, el acoso y derribo. También para enganche y manejo de ganado. Y en muchas actividades campestres.

El caballo español tiene gran facilidad para los ejercicios de doma clásica y una extraordinaria facultad para la reunión. La espectacular presencia del caballo español, su cuello arqueado, musculatura y aires poderosos, ha hecho que sea muy utilizado en películas. Especialmente en las históricas o de fantasía épica.

El séptimo arte

Han participado en las películas Gladiator, Entrevista con el Vampiro, Lara Croft, Tomb Raider, Braveheart. En la trilogía El Señor de los Anillos, El Rey Arturo, El Primer Caballero, El León, la Bruja y el armario, Las Crónicas de Narnia… Y en muchas otras.

Pero no siempre su empleo fue tan lúdico y descansado. Los conquistadores del siglo XVI montaron sobre el caballo español. Particularmente de Andalucía, padre del caballo español moderno.

Desde el principio de su historia estos caballos fueron utilizados tanto para el tiro como para montar. También como animales de carga, y para la trilla del modo que se practicó en España hasta la década de 1.960:

Las yeguas, algunas embarazadas o con potros en su lado, pasaban días enteros trotando sobre el grano, además de colaborar en la agricultura tradicional.

Los usos tradicionales de las razas ibéricas eran como medio de transporte, en la tauromaquia y para la guerra. Siempre han tenido los caballos españoles la reputación de ser los mejores del mundo para la guerra, como decía Buffon.

Bellos y veloces

El Duque de Newcastle decía refiriéndose al caballo español y a su participación en las carreras de varios kilómetros:

“…Eran mucho más rápidos que todos los caballos conocidos. Nadie se acercaba a ellos de entre las muchas razas notables que participaban.” 

En 1.831 se esperaba que los caballos de cinco años pudieran galopar -sin cambiar de aire- de diecinueve a veinticuatro Km.

En 1.925, los militares portugueses debían cubrir cuarenta kilómetros sobre terreno irregular a una velocidad mínima de diez kilómetros por hora. Y galopar ocho en terreno plano a una velocidad mínima de cuarenta y ocho kilómetros por hora llevando un peso de al menos setenta kilos.

¿Sabías esto?


Comanche”, fue el único caballo sobreviviente de las tropas de EE.UU. en la batalla de Little big horn entre Toro Sentado y el 7º de caballería de Custer

 

Estado de la raza

Debido a que el caballo español era un magnífico caballo de combate, muchos murieron en las numerosas guerras en que España participó. La reconquista de España, y la extensión del Imperio Español al Nuevo Mundo dependieron mucho de los caballos españoles. Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés declaró: “Después de Dios, debemos estas tierras a nuestros caballos.”

Las guerras con Inglaterra y Holanda, las napoleónicas, y las tres guerras carlistas, fueron catastróficas para el caballo español.

Estos avatares, unidos a una epidemia en 1.832, llevaron a la raza al borde de la extinción a principios del siglo XX. Por la crítica situación, se volvió a prohibir la exportación de caballos sin permiso de la corona, para restablecer los programas de cría.

¡Ay de mi!

Durante el siglo XIX, la guerra, la enfermedad y el cruzamiento, redujeron dramáticamente el número de rebaños. Pero la cría andaluza se recuperó lentamente. En 1.869, la Feria del Caballo de Sevilla (iniciada por los romanos), acogió entre diez y doce mil caballos.

A principios del XX, la cría de caballos comenzó a centrarse en otras razas. Particularmente en los árabes, purasangres y cruces entre estas razas, y entre éstas y el andaluz.

El purasangre andaluz no acababa de ser bien visto por los criadores o los militares. Su número disminuyó significativamente, pero la raza se ha extendido desde entonces por todo el mundo.

A pesar de su poca población, la raza se ha recuperado y las exportaciones se reanudaron en 1.962.

Salud de hierro

Actualmente hay aproximadamente 185.000 animales matriculados en la Asociación Nacional Española de Criadores de Caballos Pura Raza Española (ANCCE), que vela por la pureza de la raza.

Sus inspectores viajan por todo el mundo para examinar a los sementales y yeguas y determinar su aptitud como reproductores. Luego de pasar una inspección inicial, deben superar más pruebas, conocidas como “calificación.” Durante estas pruebas oficiales, los animales se juzgan morfológicamente y sobre la silla. Se someten a radiografías y a exámenes físicos antes de recibir el prestigioso certificado.

La legislación española exige que para que los animales sean aprobados como reproductores, los sementales deben tener al menos 1,55 m y las yeguas 1,53 m.

El número de razas ha aumentado durante el siglo XXI. A finales de 2.010 se registraron en la base de datos del Ministerio de Medio Ambiente un total de 185.926 caballos de Pura Raza Española. De éstos, 28.801, o sea, el 15% se encontraban en otros países del mundo. En España, 65.371 (cerca del 42%) se encontraban en Andalucía.

 

PRE

El nombre Pura Raza Española (PRE), es el término utilizado por la ANCCE, una organización privada, y el Ministerio de Agricultura.

La ANCCE no utiliza el término “andaluz” ni “caballo ibérico”. Sólo registra caballos que tienen ciertas líneas de sangre reconocidas. Además, todos los reproductores deben someterse a un proceso de evaluación.

La ANCCE fue fundada en 1972. El Ministerio de Agricultura la reconoce como entidad representativa de los criadores y propietarios de PRE en todo el mundo, y como administrador del libro de la raza.

La ANCCE funciona como una asociación internacional para los criadores de todo el mundo que registran sus caballos como PRE. Por ejemplo, la asociación de PRE de los Estados Unidos está afiliada a ANCCE, y sigue sus reglas.

Otros

Otro grupo, la Fundación para el Caballo Puro Español o PRE Mundial, ha iniciado otro registro de PRE como alternativa al de la ANCCE. Este nuevo registro reclama que todos sus caballos registrados se remonten al libro genealógico original mantenido por el Ministerio del Ejército durante los últimos cien años. Aseguran que su registro es el de más pureza y autenticidad.

Lios de familia

Desde agosto de 2.011, hay una demanda ante los tribunales para determinar la propiedad legal del libro de PRE. La Unión de Criadores de Caballos Españoles (UCCE) ha presentado el caso ante los tribunales de Bruselas. Alegan que la transferencia del Ministerio de España del original Libro de Origen de la Cría Caballar a la ANCCE fue ilegal.

Un estudio de 2.008 encontró que el caballo español padece enfermedades relacionadas  con el flujo sanguíneo del intestino delgado en proporción mayor que otras razas. Y que los sementales tenían un mayor número de hernias inguinales, con un riesgo de padecerlas treinta veces mayor.

También demostraron una menor predisposición a las obstrucciones intestinales y un mayor riesgo de laminitis como consecuencia de complicaciones intestinales.

 

Andalucía

Andalucía tiene unas características especiales de terreno y clima. Con temperaturas elevadas en verano, agradables en primavera, y templadas en invierno. Por eso siempre ha sido la región donde más y mejores caballos se han criado.

Desde mucho tiempo se ha preferido sobre otras. Así como la belleza del caballo árabe es obra del clima en que nace, lo mismo le sucede al andaluz.

Córdoba fue siempre célebre por sus caballos. En esta tierra hubo dos linajes dedicados a la cría caballar. Los Mejía, que ya eran ganaderos afamados desde el tiempo de los Reyes Católicos por sus caballos tordos.

Don Rodrigo Mejía el Viejo suministró caballos al rey Carlos I entre 1.520 y 1.530. Y enseñó por orden real a los castellanos el sistema aprendido de su padre, Don Gonzalo.

 

Maestranzas de caballería

Las maestranzas surgieron en Andalucía con la creación de la de Ronda en 1.573, la de Sevilla en 1.670, de Granada en 1.689, la de Carmona en 1.728, la de Antequera, del mismo año, la de Jerez en 1.739.

Se quisieron constituir otras en Jaén y Utrera, en 1.731 y 1.732, pero fueron denegadas por la Junta de Caballería.

Las maestranzas de caballería también se extendieron fuera de Andalucía: en 1.697 Valencia. Palma de Mallorca en 1.758, y Zaragoza en 1.819.

En 1.751 José I de Portugal quiso crear una yeguada nacional para lo que adquirió treinta y tres yeguas y dos sementales andaluces. A los dos años ya tenía casi doscientos setenta caballos, principalmente de capa castaña, que fueron el origen de la raza llamada Alter Real.

 

Caballerizas Reales

En el siglo XVI Felipe II encargó a Diego López de Haro, marqués de El Carpio, la creación de las Caballerizas Reales de Córdoba con los mejores ejemplares. Fueron el origen de la raza del actual caballo español.

Entre 1.580, y 1.590 en Córdoba tenían 600 yeguas,  200 en Jaén y 400 en Jerez. Aparte de la Yeguada Real de Aranjuez y la de Valladolid.

Rica en agricultura, en la provincia de Sevilla, se hermanan la cría caballar y el sistema de cultivo, con el modo de trabajar las mieses. Unido a la bondad del clima, hacen que desde mucho tiempo sus caballos figuren en primer lugar. 

El caballo sevillano, parecido y a propósito para los mismos usos, tiene algunas diferencias. Sus cualidades, forma y temperamento, se los otorgan los terrenos de cría.

Andaluces con distinto acento

Éstos se pueden dividir en tres regiones:

La campiña, las marismas y la sierra. Aunque ésta no abarque más que una pequeña parte de la provincia, y las marismas se reduzcan a del Guadalquivir a su paso por Sevilla, Utrera y Sanlúcar la Mayor.

El caballo de la campiña, es el más aceptable. De buena alzada y de cabeza un poco acarnerada y orejas bien situadas. Cuello proporcionado o un poco largo en general. Espaldas anchas y robustas. Dorso un poco ensillado. Remos robustos y con buenas caídas. Pelo fino y sentado. Gracioso en su marcha, noble, fuerte y de muy buena presencia.

El caballo de la marisma, es también de buena alzada. Es potente en todas sus partes, sobre todo en la cabeza y en las extremidades. Se distingue por su pelo, que suele ser más largo y basto que en el de la campiña. Sobre todo en la parte inferior de los remos, revelando la humedad de las praderas en que se cría.

Esto se remarca más en los cascos, que siendo estoposos, con el tiempo acaban por ser generalmente poco sanos y fuertes. Además, estos caballos son más pesados, más débiles y menos graciosos, porque son de temperamento más linfático.

Más pequeño, pero más vivo

El caballo español de la Sierra Norte o de la cordillera de Sierra Morena, que hace tan accidentado el paisaje de Cazalla y buena parte del de Lora del Rio, es de menor alzada. Pero más ágil y vivaz. Con la cabeza descarnada, corto de dorso, manos algo izquierdas y cascos fuertes, brillantes y sanos.

El de la parte de terreno quebrado por las derivaciones de la Sierra de Ronda en Morón, Osuna y Estepona, en los límites de la provincia con la de Málaga, está mejor conformado.

Se hicieron en esta provincia varios cruces de sus yeguas con caballos franceses, alemanes, ingleses y árabes. Sus resultados no correspondieron a las expectativas, perjudicado a las ganaderías que usaron esta clase de caballos.

Sin embargo el árabe, cuando se mezcló con las yeguas, aunque disminuyó su alzada, trasmitió una buena calidad. 

¿Sabías esto?


Julio César montaba un caballo de tres dedos. Una mutación genética poco frecuente que afecta a los cascos delanteros.

 

Expansión del caballo español

Las actividades militares de España en todo el mundo entre los siglos XIV y XVII requerían un gran número de caballos. Más de lo que podían proporcionar las yeguas nativas.

Era una costumbre española que las tropas de caballería montaran sobre caballos enteros. Nunca yeguas o castrados.  Por estas cosas, los sementales españoles se cruzaron con las yeguas de los muchos países en que se desplegaban. Aportaron su sangre por donde fueran, sobre todo a otras razas europeas.

En el siglo XV, el caballo español estaba ampliamente distribuido en todo el Mediterráneo.

En 1.642, se había extendido a Moldavia, a los establos del príncipe de Transilvania George Rakoczi. También, y debido a la influencia de los Habsburgo, que gobernaron tanto en España como en otras partes de Europa, el caballo español se cruzó con caballos de Europa Central y de los Países Bajos.

Es que no se te puede dejar solo

Estuvo íntimamente relacionado con las muchas razas que se originaron. Jugó un papel fundamental en la formación de razas equinas europeas y americanas, como el hispano-árabe, el hispano-bretón, el frisón, el groningen, el napolitano, el lipizzano y el kladruber. Y el criollo, el paso fino, el peruano de paso, el mustang, el Alter Real y el lusitano.

El Pura Sangre Inglés también está influenciado por los caballos de guerra de España y de Portugal. Empezaron a introducirse en el siglo XII y durante los siglos XV y XVI.

Con el cortacabezas inglés

En el siglo XVI, Enrique VIII fue obsequiado con caballos españoles por Carlos V, Fernando II de Aragón, el duque de Saboya y otros, cuando se casó con Catalina de Aragón.

También compró caballos de guerra y de picadero en España de forma particular. Se sabe que en 1.576, el caballo español constituían un tercio de las caballerizas reales británicas de Malmesbury y Tutbury. Alcanzaron su máxima popularidad en Gran Bretaña durante el siglo XVII, cuando se importaron libremente.

Con la introducción del pura sangre decayó el interés por el caballo español, en la segunda mitad del siglo XVIII. Aunque a principios del siglo XIX seguían siendo populares. 

Viajeros

En el continente americano se dio un proceso parecido. Por ejemplo la raza mejicana azteca es el resultado de cruzar caballos andaluces con cuarto de milla americano y criollos.

También se ha utilizado para crear razas más recientes, como el warlander (un cruce de andaluz y frisón) y el hispano-Normando (cruce de andaluz y percherón) que empezó en los 90.

En su historia más reciente, el caballo español sólo empezó a exportarse desde España en 1.962. Los primeros se exportaron a Australia en 1.971. En 1.973 se formó la Asociación Andalucía del Caballo de Australia para el registro de estos caballos andaluces y de sus descendientes.

Las estrictas normas de cuarentena prohibieron la importación de nueva sangre andaluza a Australia durante muchos años. Desde 1.999 relajaron la regulación y se han exportado nuevos caballos.

La actual población mundial de caballos de Pura Raza Española (PRE) registrada por el Libro Genealógico del PRE asciende a unos 180.000 ejemplares, criados en más de cincuenta países.

 

El caballo lusitano

A partir de 1.966 España impidió a Portugal inscribir en su libro a sus caballos. El país luso eligió dar a sus caballos andaluces una nueva denominación: caballo lusitano. Abrió su propio registro, que permaneció abierto hasta 1.980. Se volvió a abrir entre 1.996 y 1.999 para regenerar la sangre con caballos andaluces.

Al caballo de la Península Ibérica se llamaban simplemente Caballo Ibérico en 1.578, cuando Portugal fue anexionada a España. Como todos los caballos de la Península. O también caballo español.

El lusitano es un caballo español de perfil más acarnerado y grupa redondeada y ligeramente inclinada. Con unos cuartos traseros más fuertes y musculosos que el caballo español, imprescindibles para los rápidos quiebros y arranques fulgurantes, del arte del rejoneo. Tienen un galope excelente.

Portugal se independizó de España en 1.640, después de la Guerra de la Restauración.

Interviene el gobierno

Cuando la familia real portuguesa fue expulsada a principios del siglo XX, el gobierno tomó el control del Alter Real y comenzó a criar los caballos.

En los años 40, los criadores buscaron caballos con sangre original de Alter Real para reconstruir las líneas de sangre portuguesas. Estos caballos se utilizaban en actividades tradicionales como la ganadería y las corridas de toros, por lo que conservaron gran parte de sus características ibéricas originales.

En 1.960 el nombre oficial del caballo en Portugal se convirtió en Pura Sangre Lusitano, siendo el rey de las plazas de toros, donde su condición atlética es una cuestión de vida o muerte.

Hermanos

En muchas naciones, la cría del caballo español y lusitano está controlada por los mismos registros. Un ejemplo de ello es la Asociación Andaluza de Caballos Andaluza y Lusitana (IALHA), que cuenta con mayor afiliación que cualquier registro.

Otras organizaciones, como la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de España (ANCCE), constituida en 1.972 utilizan el término “Pura Raza Española” o PRE para describir al verdadero caballo español. Se reclaman como la única autoridad para registrar oficialmente y expedir la documentación para los caballos PRE. Tanto en España como en cualquier otro lugar del mundo.

Aunque los lusitanos, los andaluces y los PRE son históricamente la misma raza, las discrepancias entre España y Portugal los han separado.

En 1.954, los criadores de España y Portugal intentaron reunir a las dos razas en un libro genealógico único, pero no se pusieron de acuerdo para darles un mismo nombre. Los libros de genealogía ibéricos nunca se unieron.

Sin embargo, las razas comparten muchas características, solamente con pequeñas diferencias derivadas del linaje o del uso.

Aunque cada país pudiera haber apreciado y criado caballos con ciertos atributos y líneas de sangre, los caballos de ambos países se cruzaron masivamente. Es difícil saber con certeza por el aspecto si un caballo es de ascendencia portuguesa o española.

 

Registro de raza española

Logo de la ANCCEEn la mayor parte del mundo los términos “caballo español”, “andaluz” y “PRE” se consideran una misma raza. Pero la posición pública de la ANCCE es que los términos de “andaluz” o “caballo ibérico” se refieren sólo a los mestizos, que la ANCCE considera caballos carentes de calidad y pureza. Sin documentación oficial ni inscripción en el registro español.

En otros países hay varios niveles de caballos cruzados, que forman una estructura conocida como de “cría hacia arriba” por el registro.

Qué más nos da

¿Es el caballo español, andaluz y PRE la misma raza? Algunos dicen que sí, otros que no. Aunque los dos comparten la misma ascendencia, muchos dicen que no. Se debe a que el registro gestionado por la ANCCE ha mantenido estrictos estándares de raza para el caballo español, implementando un proceso de revisión cuando un caballo tiene más de 3 años de edad para que se incluyan en el registro de sangre.

Existen otros libros que mantienen registros de caballos designados como andaluces o PRE. Pero se diferencian en su definición del caballo andaluz y del PRE. También en la pureza de las diversas cepas de la raza y la legalidad de la propiedad del libro de registro.

Como se ha dicho, existe al menos una demanda desde 2.011 para determinar la titularidad del libro genealógico del PRE español, que se formalizó en 1.911. Cuando se decidió que el nombre correcto para denominar al caballo español de pura raza, ibérico o andaluz, era el de Pura Raza Española (PRE).

¿Sabías esto?


Los testículos de los potros que están sanos no aparecen antes del segundo o tercer año; hasta entonces los tienen siempre altos, y las bolsas muy recogidas. Si se les descuelgan antes se dice que es señal de que son de complexión débil.