© 2018 Luis Miguel Urrechu

 

¿Sabías esto?


Los dientes del caballo son doce: seis en la mandíbula superior y otros seis en la inferior.

 

Nuestro comportamiento

La etología equina estudia el comportamiento de los caballos y las razones por las que se comportan así.

El caballo es de carácter muy dócil y noble. Puede uno aproximarse a él con seguridad. Aunque algunas veces, si es muy joven y asustadizo, recela del hombre como depredador del que se puede esperar un ataque. Si esto lo hiciera un caballo hecho y derecho, la responsabilidad sería casi siempre al trato inadecuado del hombre.

Caballos, paja y mucha nieveComida para los demás

La especie equina es de las más sensibles, pero también han sido (y siguen siéndolo) una especie de presa. Han desarrollado unos sentidos e instintos que les hacen detectar cualquier amenaza de depredadores.

Los caballos confían su salvación en la rápida percepción de la amenaza y en la velocidad de su huida.

Una señal que para nosotros es una nimiedad que pasa desapercibida, frecuentemente es un motivo de alarma para ellos.Sabiendo estas cosas, nos explicaremos mejor el comportamiento de los caballos.

Distinguir el grano de la paja

A veces confundimos estas reacciones con un mal comportamiento. Esta conducta de los caballos les han permitido sobrevivir en la lucha entre presas y depredadores unos cincuenta millones de años. Nosotros, homo sapiens, sólo llevamos unos 195.000.

Por eso el caballo tiene un tiempo de respuesta tan rápido. Debe reaccionar instantáneamente ante la amenaza, real o figurada, de un depredador.

Corrección

Sin embargo, los hombres podemos desensibilizarlos de estos estímulos. Ellos necesitan distinguir rápidamente lo que es dañino de lo que es inofensivo. (Los pájaros, los troncos retorcidos o caídos, los plásticos que se agitan con el viento. Los neumáticos o los contenedores de basura, una roca descolorida, etc…) para que no pasen su vida huyendo. Lo consiguen si reciben un trato correcto por parte del hombre, y por su sorprendente capacidad para aprender.

Cuando un potro en una manada cree haber visto u oído algo que le infunde pavor, suele correr una corta distancia antes de detenerse y mirar hacia atrás. Comprueba si lo que le asustaba merecía haberse echado a correr. Y se pregunta por qué el resto de los caballos del grupo no ha modificado su comportamiento. Ni siquiera ha dejado de comer. En poco tiempo, el caballo asustado se tranquilizará y volverá a pastar.

Tranquilos todos

Sin embargo, si el caballo dominante ve algo y decide que vale la pena huir, todo el grupo le seguirá. Todos los caballos respetan al líder. Si dice, ¡Vamos!, todos responden rápidamente. Si no se mueve, es porque ha aprendido que tal sonido, tal movimiento o tal cosa, no es algo que deba preocuparle.

El caballo, al ser un animal social de manada, necesita una jerarquía de dominancia para encontrar su lugar. Debemos ser nosotros sus líderes. Esto se consigue muy fácilmente si hacemos las cosas correctamente.

Los caballos dominantes ejercen su dominio controlando el movimiento de sus compañeros.

Así es que aceptan la dominancia cuando los hacemos moverse aunque preferirían no hacerlo. Y cuando se lo reprimimos cuando quisieran huir. Estamos, generalmente, muy lejos de lo que siente un caballo y de lo que percibe de nuestro mundo, tan diferente del suyo.

Caballo que le gusta el sobeoEl centro de control

Cualquier persona que quiera entrar en el fascinante mundo de los caballos debería proponerse antes tratar de meterse en su mente. Intentar pensar como ellos. Conocer su forma de relacionarse, cómo actúan sus sentidos y cuáles son sus impulsos. En definitiva, conocer su etología, ‘psicología’ o comportamiento. 

Les hemos impuesto una existencia que no es la suya y les hemos separado de sus familias y manadas. Por nuestra causa deben enfrentarse a situaciones de angustia.  Ponemos en su cuerpo extraños aderezos de hierro y cuero que les envilecen y someten.

Somos nosotros quienes debemos comprenderles.

Todos los caballos están predispuestos a congraciarnos. Sólo tenemos que saber decirles lo que esperamos que hagan. Esto sólo se consigue con paciencia, con acciones repetitivas, y con halagos o reprimendas.

Presión y movimiento

En una manada el animal dominante domina a sus compañeros, como hemos explicado, imponiendo sus movimientos. Haciéndoles moverse cuando prefieren estar quietos. O viceversa, aumentando instintivamente la cantidad de presión necesaria para hacer que se muevan.

Muchas personas tiran de sus caballos o les meten el pie con fuerza para que se muevan. Lo que se debe hacer es comenzar con una presión mínima y sólo aumentarla si no se recibe una respuesta. Y aflojarla inmediatamente si responde apropiadamente.

Liderazgo

Para que nuestro caballo acepte nuestro liderazgo, en primer lugar hay que asegurarse de que respete nuestro espacio. Significa que hay que dejarle muy claro que quienes manejamos la situación somos nosotros. Somos nosotros los que ordenamos su comportamiento, y no al revés.

Si el caballo dirige la grupa hacia nosotros o nos empuja fuera del camino nos está diciendo que no nos reconoce como líderes. Hay quienes piensas que si se frota la cabeza contra nosotros o nos da mordisquitos llamando nuestra atención, no estará respetando nuestros límites. (Suponen que nunca haría esto al caballo dominante en una manada sin pagar un precio). No todo el mundo comparte esta opinión en todos los casos.

Si camina por delante cuando lo llevamos del ramal, estará imponiéndonos su liderazgo.

Dictablanda si. Tiranía no

No hay por qué ser un tirano, pero deberemos imponer sus límites.

Veamos el ejemplo de un caballo que entra en tu terreno cuando lo estás cepillando. Para corregirle, deberás hacerle mover los pies. No tienes por qué golpearle o darle un fuerte tirón de la cabezada y gritarle. Pero necesitarás utilizar la suficiente presión para que se mueva cuando se lo pidas.

Con algunos es posible que sea suficiente con levantar la mano, pero con otros necesitarás empujarle su espalda. Si el caballo es muy dominante o se le ha permitido ser más agresivo, puede que necesites empujarlo con mucha más presión. Sin embargo, lo que queremos es que sea el caballo quien se mueva y no nosotros.

Aprendemos rápido

Los caballos comprenden inmediatamente esta lección de jerarquía. Saben perfectamente que el que más mueve los pies es el que está más por debajo en el escalafón jerárquico.

No tenemos más fuerza que el caballo, pero tenemos mucho más poder mental que él. El caballo desconoce cuánta presión podemos aplicarle.

Con nuestra misma moneda

Si un caballo te mordisquea la manga, puedes imitar su comportamiento pellizcándole en la nariz para molestarlo, como si le dijéramos: Ya sé que no te gusta. A mí tampoco me gusta lo que me estás haciendo.

Debemos establecer una buena relación personal con ellos. Pasearlos del ramal, cepillarles, acariciarles… en fin, ganándonos el liderazgo y su confianza. Haciéndoles sentirse seguros con nosotros. Puede resultar una experiencia tan agradable, satisfactoria y fascinante como el hecho de montarlos.

Pero no le pidamos lo imposible: el caballo nos respetará, pero no pretendamos que nos quiera como pudiera hacerlo un perro. Siempre preferirá estar con sus hermanos que con nosotros.

Tu caballo te considera un depredador, no importa cuánto le quieras. Puedes haber compartido con él muchas vivencias y construido una buenísima relación de confianza, pero para él siempre seguirás siendo un animal de presa. Conviene recordarlo siempre.

¿Sabías esto?


La gestación de una yegua dura de 340 a 345 días y tienen un solo potrillo por parto.

 

Por qué nos comportamos así

Para conocer el comportamiento de los caballos es muy importante saber cómo es su comportamiento dentro de la manada. Allí siempre hay un líder, que es el responsable de la seguridad de todos.

Caballos sesteando

Sin embargo, otros miembros del rebaño le desafiarán constantemente. Como si quisieran asegurarse de que el líder sigue siendo el más idóneo para protegerlos.

Este mecanismo innato se produce también en sus relaciones con el hombre. Es causa de que mucha gente lo achaque a problemas de comportamiento del caballo. De que se queje de que no le obedezca. Todo porque no han sabido entender lo que el caballo les está diciendo. Les resulta imposible establecer o mantener un liderazgo.

¡Cuántos caballos se han estropeado por falta de conocimiento!

Muy grandotes, pero como niños

Los caballos no conspiran contra nosotros ni tratan de hacernos la vida imposible. Están haciendo lo que les permitimos. Son como niños de cinco años con quinientos kilos. Pondrán a prueba sus límites para ver hasta dónde los dejamos llegar. No es algo que el caballo haga para perjudicarnos.Es su comportamiento natural.

El caballo es como es. Somos nosotros los que debemos ganarnos el liderazgo. Cuando lo consigamos el caballo se sentirá feliz. De lo contrario tomará el control de su peculiar “manada”.

Manotada, coz o mordisco. A elegir

Los caballos enteros son más dados a morder y dar manotadas que las yeguas. A estas se les dan mejor las coces.

No sirve más que para envilecer a un caballo castigarle a destiempo. Lo más conveniente es hacerlo justo en el instante en que la comete.

Cuando hablamos de castigo, nos estamos refiriendo a nuestro lenguaje corporal. Debe ser lo suficientemente expresivo para que el caballo sepa que su conducta nos ha disgustado. Sin dejarnos llevar por la cólera, que el caballo no comprendería.

Caballo dormido

Preferimos la tranquilidad

Los caballos ansían la paz y la tranquilidad. A menudo, la mayor recompensa es dejarlos en paz un momento y luego acariciarlo unos segundos para reforzar una conducta positiva. El caballo entonces suspira, deja caer su cabeza y se relaja.

Si logramos ver al caballo como lo haría otro caballo y sabemos usar sus instintos, habremos avanzado mucho. Nos evitaremos casi todos los problemas producidos por nuestra ignorancia.  

Nuestro mejor aliado en un caballo es su cerebro. Si conseguimos que su cerebro trabaje con nosotros, tendremos todo ganado. Cuando un caballo pierde la confianza en las personas o su disposición a escucharnos, la única alternativa es trabajar con su cerebro. Con su increíble capacidad para reprogramar su conducta.

Los instintos deciden nuestro comportamiento

El caballo siempre está evaluando el entorno y procesando cómo reaccionar. Su instinto se configuró en tiempos muy remotos que persisten y heredan cuando nacen.

Pero también tienen una gran capacidad de aprender y memorizar. No podemos negarle cierta inteligencia.

El instinto le hace desconfiar de los lugares que no conoce. De ahí el comportamiento apresurado que muestran todos los caballos al volver a su “casa”, donde se sienten seguros. De manera que el instinto se puede modificar mediante el aprendizaje. En su “casa” el caballo se acercará sin problema a cualquier persona desconocida. En un ambiente que no conoce será más receloso.

Los caballos, como animales sociables, tienen una necesidad vital de relacionarse con amigos. Pero no es fácil que acepte como amigo a quien solamente se preocupa de montarlo. Nosotros somos los que tenemos que ganarnos su amistad desde el suelo.

Un poco de compañía

Es conveniente que también en la cuadra tenga un compañero, aunque no sea de su especie. Estará más distraído y a gusto si tiene compañía. Estando agrupados, los caballos están más calmados y colaborativos.

La curiosidad es otra de sus características. Investigará cualquier imagen u objeto nuevo que aparezca en su campo visual. Aunque la primera sensación sea de miedo. Lo que le pide el cuerpo es indagar, y le gustaría acercarse e investigar cualquier cosa que le extrañe. Pero en sitios que le sean desconocidos, su manera de actuar será diferente. Se mostrará desconfiado e inseguro.

Enséñame

Otro instinto es el de la emulación. Si tiene miedo de algo, la mejor forma de que lo supere es que otro caballo le demuestre que no hay razón para ello.

Tiene una memoria portentosa. Reconoce lugares, voces y sonidos. Y muestra afecto a quien se lo ha sabido ganar. Un caballo así es un caballo seguro y voluntarioso.

Habría que “domar” a muchas personas para que fueran mejores amigos de sus caballos.

El caballo tiene unos mecanismos mentales muy complejos.  Necesitaríamos aprender a pensar como él para entender las razones de su comportamiento. Es el resultado de su instinto y de su aprendizaje.

Yo te sigo

Es muy susceptible de adquirir reflejos condicionados. Si cuando le ponemos el bocado le damos una zanahoria por haber colaborado, siempre abrirá la boca para dejárselo poner. Después esperará la zanahoria. También sucede en sus momentos de miedo, pudiendo llegar a ser algo muy peligroso, de reacción imprevisible e incontrolable.

Sucede cuando el caballo se asusta por algún motivo inexplicable para nosotros. Si nuestra reacción es obligarle a avanzar con la fusta, las espuelas o los gritos, confirmaremos su temor. Su comportamiento se verá reforzado con el castigo añadido. El miedo no le corregirá. Al contrario, le convertirá en un animal más desconfiado, nervioso e inseguro.

Nuestros ojos

Su capacidad visual no es muy aguda, pero tiene un campo visual muy amplio. Son capaces de ver bastante bien por la noche.

La expresión de sus ojos es un buen indicador de su estado de ánimo. Por ejemplo, si los tiene abiertos de par en par enseñando lo blanco, es un síntoma de que está asustado o excitado. Si tiene los párpados medio cerrados, tiene sueño o está dormitando, etc.

Sus ojos son fundamentales para comunicarse, transmiten sus intenciones y estado de ánimo.

La visión de un caballo es su principal detector de peligro. Etá especialmente desarrollada para percibir la presencia de los depredadores. Lo consigue con unos ojos colocados en los laterales de su cabeza, que le permiten un campo visual de casi 360º.

Se le deben enseñar las cosas dos veces. Por el lado derecho y por el izquierdo. Un caballo puede ver dos cosas a la vez, una por cada ojo. Esto hace que cada lado de su cerebro trabaje independiente.

Mejor con los dos

Cuando sólo utilizan un ojo tienen una mala percepción de profundidad. No distinguen la longitud de un remolque con la de un túnel, o un charco con un pozo sin fondo. Su percepción aumenta unas cinco veces cuando usa los dos ojos.

Pueden cambiar instantáneamente su enfoque entre los objetos próximos y los lejanos. Esta es la razón de que los caballos coloquen su cabeza de diferentes maneras para ver de cerca o lejos.

Los caballos se asustan de las sombras, incluso de la propia, y temen los lugares oscuros. También le asustan los reflejos, el ruido de los plásticos, el tremolar de alguna cuerda o trapo, los ruidos repentinos y el sonido del viento.

En cuanto a si distinguen los colores, existe mucha controversia. A pesar de que tienen mala visión de color, pueden diferenciar el azul y el rojo de los tonos grises. Sin embargo, tienen más dificultades para diferenciar el amarillo y el verde del gris.

La mecánica de la visión de un caballo es diferente de la nuestra. Pueden ver casi panorámicamente. Con un pequeño punto ciego directamente delante y directamente detrás.

En el movimiento está el peligro

Tienen una habilidad extraordinaria para detectar los movimientos. Esta es la razón por la que los caballos tengan un comportamiento más alterado en los días ventosos. Las cosas que normalmente están quietas, ahora se mueven y son percibidas como amenazas potenciales.

La capacidad auditiva de los caballos es mucho más aguda que la nuestra. Pueden escuchar sonidos de baja y de muy alta frecuencia. En una variedad de 14 Hz a 25 kHz. La nuestra es de 20 Hz a 20 kHz). La utilizan sobre todo para tres cosas:

Detectar sonidos. Determinar su ubicación, y reconocer la identidad de la fuente de procedencia.

Este sentido maravilloso les permite detectar la proximidad de una tormenta. Como el oído humano no percibe estos sonidos, a veces se piensa que el animal se encuentra nervioso. En realidad está escuchando.

GreenHablar en clave

Las señales auditivas también tienen su función en la comunicación. Los caballos emiten una gran variedad de sonidos vocales, y otros que realizan con los cascos.

Muchas personas confían demasiado en sus voces cuando se relacionan con caballos. Los caballos comprenden la intención y el tono, pero no entienden nuestro idioma.

También el olfato lo tienen muy desarrollado. Juega un papel importante en el reconocimiento entre ellos y con los demás. Informa a los otros caballos para su orientación; como parte del proceso de reproducción, etc.

El tacto de los caballos es extremadamente sensible. Todo su cuerpo es tan sensible como nuestra punta de los dedos. Pueden percibir a una mosca sobre uno solo de sus pelos. Notan al instante el menor movimiento del cuerpo del jinete sobre la silla de montar.

Las orejas, los ojos y la boca tienen una mayor sensibilidad.

¿Sabías esto?


Los caballos con la piel sonrosada pueden sufrir quemaduras de sol y están más expuestos a padecer cáncer de piel.

 

Mi vida en la manada

Una manada de caballos salvajes consiste en uno o hasta seis machos sementales. Un grupo de yeguas y sus potros de hasta dos o tres años. Cuando maduran sexualmente abandonan la manada. Permanecerán solos unos meses y luego se unirán a un grupo diferente. O crearán uno nuevo.

La lideresa es generalmente la yegua más vieja, aunque el semental sea el dueño de la manada.

El núcleo de la manada son las yeguas, que permanecen juntas aunque el semental haya muerto o haya sido destronado. La yegua dominante ejerce su papel a pesar de que pueda ser físicamente más débil que los demás. Ella ha tenido más experiencias y sobrevivido a más amenazas que cualquier otro caballo de la piara.

Con la guardia baja

Los caballos son más vulnerables cuando están comiendo o bebiendo. Por lo tanto, cuando un caballo está mostrando sumisión, simulará que está comiendo, masticando y lamiéndose los labios.

La dominancia se produce cuando un caballo obliga al otro a moverse en contra de su voluntad. Uno se moverá empujando al otro forzándole a moverse. La pelea ocurre cuando el dominante es desafiado por el otro que, o no se mueve, o le responde agresivamente.

Los descendientes de las yeguas de alto rango parece que también serán dominantes más tarde. Podría indicar que también intervienen factores genéticos, además de la experiencia.

La característica principal del líder no es su fuerza o su tamaño. Si fuera así, los humanos no tendríamos nada que hacer.

Su dominación se establece no sólo por la agresión, sino mediante actitudes que dejan bien claro a los demás caballos que espera ser obedecida.

El gran jefe

El semental es el guardián y el protector de la piara mientras mantiene su capacidad reproductiva.

Cuando una yegua se aleja de la banda y el semental quiere hacerla volver, su lenguaje es impresionante e inconfundible. Se moverá hacia ella con su cuello arqueado y bajo. Su nariz apenas separada del suelo, y sus orejas atrasadas y clavadas a la nuca. Si la yegua no responde rápidamente, la atacará con los dientes.

Usará el mismo comportamiento que cuando quiere que la manada se mueva a otro sitio. Aunque este tipo de órdenes normalmente las da la yegua dominante. Empleará un lenguaje corporal mucho más sutil. Simplemente caminará en la dirección que quiere que tome la manada. Obedientemente, el resto de la banda irá detrás de ella.

Tomando posiciones

El semental se colocará en la parte trasera.

Es difícil detectar exactamente qué señal hace para que la piara se mueva. Cuando se mueven de un lugar de pastoreo a otro, le prestan poca o ninguna de atención. Parece que comunica a la banda que es hora de ponerse en marcha simplemente caminando con decisión. Normalmente la siguen sin demora, en vez de esperar hasta que se aleje para asegurarse de que realmente hay que ponerse en marcha.

El semental, que viaja el último, se situará inmediatamente al frente de la manada si percibe una amenaza.

El harén del semental consiste generalmente entre dos y veintiún caballos. Hasta ocho de ellos yeguas. El resto su descendencia.

Separación inevitable

Cuando los potros son lo suficientemente mayores como para estar solos, formarán un rebaño de solteros.

Las potras permanecerán en su manada natural, se dispersarán en otras manadas o formarán una nueva con un semental nuevo.

Cuando un semental se vuelve demasiado viejo es reemplazado por otro más joven del grupo.

El tiempo medio del reinado de un semental es de unos dos años, pero algunos pueden durar más de diez. Los vínculos que se crean en la manada son muy fuertes. El grupo suele durar mucho tiempo unido, hasta toda la vida.

La cría en libertad puede alcanzar tasas de éxito del 100%, frente al 50 o 60 de la controlada. Probablemente por la mayor familiaridad entre los caballos, una mayor fertilidad de la yegua, y menos agresiones.

Primero te aviso

El caballo avisa cuando está enfadado. Agacha las orejas. Sus ojos se vuelven amenazadores y malévolos. Sus labios se estiran y alarga el cuello. No podemos equivocarnos acerca de sus intenciones. En ese momento su fisonomía es claramente amenazadora.

Si patea el suelo, agita con la cola, gira una oreja hacia la persona y le aproxima la grupa es que está preparando una coz. Será imposible evitarla. Cuando se lo propone en serio es extraordinariamente rápido y de absoluta precisión. Lo más normal es que antes nos advierta con gestos y amagos. El mismo comportamiento que si se tratase de otro caballo.

¿Nos conocemos?

Para acercarnos a un caballo que no conozcamos deberemos adoptar ciertas precauciones. La principal es advertirle de nuestra presencia con la voz. Aunque es muy difícil que el caballo no se haya dado cuenta. Pero no está de más hacérselo saber claramente. Lo haremos con voz tranquilizadora. Mejor ronca y suave, en tono relajado.

Cuando hablemos con un caballo lo haremos en el mismo tono que lo haríamos si quisiéramos comunicarle nuestras emociones a un niño que desconoce nuestro idioma. Esto es algo que los humanos sabemos hacer perfectamente adoptando una u otra modulación de voz. El efecto de nuestros sonidos (el caballo no habla español) es captado por nuestro caballo. Sabrá al instante cuáles son nuestras intenciones.

¡Esas voces!

Debemos limitar al mínimo los gritos. Le asustarán y hará que el hombre poco inteligente aumente su enfado. Creará un absurdo círculo vicioso del que el caballo no es responsable.

Un caballo no se encuentra cómodo con personas inexpertas. Gánate su confianza dirigiéndote a él con persuasión y autoridad. Aléjate de imponerle nada por medio de actos violentos que no sabe calibrar y que le causan espanto. Un caballo aprende a corregir sus faltas de comportamiento por la experiencia que va adquiriendo a lo largo de su vida. No es capaz de elaborar un razonamiento, como lo haría un ser humano.

Lo que no me deberías hacer

Dejar que un caballo “medite” sobre las cosas demuestra falta de comprensión sobre cómo aprenden los caballos. Ellos viven el momento. No entienden que estés enfadado por algo que ha sucedido hace más de diez minutos. No razonan así.

Atar a un caballo muy en corto bajo un sol abrasador o con un frío helador sin que se pueda mover ni ver nada no producirá ningún resultado positivo. O con su cabeza atada muy alta o muy baja.

Lamentablemente, hay “domadores” por ahí que piensan que es aceptable retener la comida o el agua para “castigar” a un caballo. Al no alimentarlo, esperan que tenga menos energía para resistirlos y ser más complacientes. Esto puede parecer un atajo para hacer a un caballo obediente. Pero, es contrario a la buena caballería. Y un mal método de “entrenamiento”.

Caballos dormitando

No me estás enseñando

Castigar cualquier comportamiento no deseado del caballo con sacudidas o tirar alternativamente de las riendas será contraproducente. Cada vez que se hace esto, el caballo levantará la cabeza para evitar el contacto del bocado. No está aprendiendo. Sólo reacciona para evitar la presión.

Gritar a un caballo, lo más probable es que le confunda en lugar de corregirle. Una reprimenda verbal podría corregir un comportamiento del caballo no deseado. O quizás no. Pero un ataque de gritos sólo le confundirá. Seguramente, lo único que consigamos sea asustarle. Elevar la voz es una cosa, pero tener una rabieta verbal -además de ridículo- no te ayudará en nada.

Mejor lo guardas

Un látigo es una herramienta útil para señalar al caballo. Utilizado correctamente es una extensión de su brazo o pierna. Los látigos vienen en muchas variedades y se llaman de muchos nombres diferentes. Pero todos deben utilizarse para lo mismo, nunca para castigar a un caballo. Golpear a un caballo le hace confuso y temeroso. Todo lo contrario a un caballo bien dispuesto.

Los caballos tienen necesidades básicas (comida, agua, refugio y compañía). Si se desatienden tendremos un caballo infeliz o enfermo. Aprende cuáles son sus necesidades básicas y proporciónaselas.

No somos responsables de nuestro comportamiento

Los caballos no deciden desarrollar comportamientos no deseados. Sólo reaccionan ante la presión de su entorno.

Puede que te irrite alguna manía que haya adoptado. Pero no importa cómo le castigues. El caballo no va a cambiar ni dejar el hábito por que le castigues. No será capaz establecer una conexión entre su hábito y el castigo.

Debido a que muchos de estos comportamientos en los caballos son producidos por el estrés, el castigo podría reforzar su mala costumbre.

Se deben indagar las causas y tomar medidas para evitarlas.

¿Sabías esto?


El caballo es curioso por instinto.

 

¿Me estás escuchando? …  o sólo me estás oyendo

El caballo es muy perceptivo a las señales. Ha desarrollado un lenguaje gestual muy completo, imprescindible para su supervivencia.

Si aprendemos a conocer el lenguaje de su cuerpo habremos avanzado mucho en la comprensión de su estado de ánimo. Por tanto, en su predisposición.

Las posiciones de las diferentes partes de su cuerpo nos están hablando, si las sabemos entender. Nos están informando de su estado físico y mental. Si fuésemos capaces de entenderlas se evitarían muchos problemas de comportamiento.

Si tú te explicas, yo te entiendo

Pese a que llevamos tratando con caballos miles de años, hemos avanzado poco en este aspecto. El caballo puede llegar a entender casi cualquier cosa. La base es que las señales que les transmitamos sean claras, evitándoles la confusión.

Los caballos captan fácilmente las emociones. Si estás molesto, enfadado o nervioso, tu caballo se dará cuenta al instante. Aunque intentes ocultar tus sentimientos, tu lenguaje corporal descubre tus emociones y se las envía a tu caballo.

La relación de algunas personas con sus caballos -en todas las épocas- ha sido la correcta. En la actualidad parece ser que ha mejorado. Pero es una creencia generalizada que hay que basarla en una relación exclusivamente dominante.

Nuestro diccionario

Los caballos tienen una gran variedad modos de comunicarse: unos vocales y otros gestuales. Los vocales incluyen el potente relincho del semental o la yegua dominante avisando de una amenaza. Otros son bajos o silenciosos.

Los relinchos son los más familiares: agudos y que se oyen a grandes distancias. Relinchan a veces para que otros caballos sepan dónde están, para llamar a un compañero o para encontrar un rebaño. También responden a otros relinchos, aunque no se vean.

Otro tipo es un signo de alarma que usan para advertir a los otros. El relincho tiene dos tonos. Puede ser de una duración variable, como su volumen y su intensidad. Les sirve para comunicarse todo tipo de mensajes.

Algunas señales vocales:

Cuando un caballo relincha, casi siempre es porque quiere establecer contacto con otros compañeros. O que sepan dónde está él.

Los hay diferentes, dependiendo de la relación. Por ejemplo el que emite un semental en el cortejo, el de llamada de la madre al potro, el de amistad con el hombre… Éste se produce muy frecuentemente cuando se le lleva la comida.

Emiten también algo muy parecido al chillido, que se produce cuando hay un contacto muy próximo, especialmente sexual. O cuando se olisquean por primera vez dos caballos para conocerse.

¡Buffff!

El resoplido o bufido puede significar alarma, desafío o emoción. Un sonido entre el grito y el rugido nos indica un estado de excitación, rabia o miedo extremos. Cuando lo hace lo mejor es apartarse de su camino. Esto se produce muy, muy raramente, pero significa sin lugar a dudas que va a atacar.

Los gruñidos pueden significar dolor por una herida o por un cólico. Cuando resoplan cuando va montados por el campo, es un signo de placer. Su comportamiento nos está indicando que está feliz, relajado y contento.

Sólo nosotros

Nadie sabe con certeza cómo piensan los caballos. Ni siquiera sabemos si son capaces de procesos de pensamiento.

No hagas demasiado caso de algunos “expertos” que dicen que saben exactamente lo que está pasando por la mente de un caballo. Eso es más cuento que realidad.

Los caballos, como nosotros, cambian de expresiones faciales según su estado de ánimo. Debemos observar sus orejas, sus ojos y su boca, sus espaldas, sus patas

Para comprenderles hay que observarles con atención cada vez que se esté con ellos. Algunas de sus expresiones y conductas se entienden muy fácilmente.

Pasa con él todo el tiempo que puedas, viendo cómo se comportan los caballos en el grupo. Observa cómo actúan y reaccionan entre ellos. Con el tiempo serás capaz de saber lo que piensa tu caballo y podrás hablarle sin decir una sola palabra.

Ni perros ni mascotas. Somos caballos

Muchos piensan que sus caballos son parecidos a sus perros en la manera de sentir sus emociones. No tienen nada que ver.

También los hay que piensan en los caballos como si fueran automóviles. Basta con cuidarlos y girar la llave de contacto para que les lleven por donde ellos quieren.

Otros creen que un caballo es feliz en su cuadra porque está bien alimentado, protegido del frío y del calor y sin trabajar.

Desde hace unos años se viene teorizando sobre estos aspectos de la psicología del caballo. Si llegáramos a comprenderles, tendríamos un animal siempre dispuesto a cooperar, y nuestra relación sería más armoniosa.

Caballos pastando el verde

Unos ejemplos.

Cuando el animal tiene un dolor, nos muestra la cabeza, la cola y las orejas caídas. Con todo su peso cargado en el lado contrario del que procede el dolor.

Si un caballo está en tensión, golpea el suelo violenta y rápidamente. Camina sin rumbo en todas las direcciones. Nos está anunciando una posible huida. Intentará superar la cerca o cualquier otro obstáculo que se lo impida. Nos está demostrando su irritación y está protestando por algo que no le gusta.

Un caballo percibe las emociones inmediatamente y advierte los movimientos más sutiles.

Por ejemplo, un grupo de caballos está pastando. Al caballo dominante se le antoja una zona particular donde otro está comiendo. Utilizará el lenguaje corporal para decirle a su subordinado que se mueva. Levantará su cabeza hacia el caballo de inferior rango, normalmente con la barbilla elevada y las orejas hacia atrás y clavadas en la nuca.

Las normas de comportamiento están para cumplirse

Si el de menor rango no se aparta, en pocos segundos, el dominante se lanzará hacia él y le morderá en las espaldas o en las ancas. Si el caballo subordinado intenta hacerle frente, el líder se girará y le obsequiará con una serie de rápidas coces.

Los caballos son buenos en hacernos entender cómo se sienten. El problema es que la mayoría de la gente no sabe hablar “caballo”. Así que aquí ponemos algunos consejos sobre cómo interpretar algunas señales.  Como estas señales son el único idioma que conocen, son las que utilizan también para comunicarse con nosotros.

Nuestra preciosa cola

Observa lo que está haciendo con la cola. ¿Está colgando relajada y suavemente, sólo ocupada en espantar a las moscas? Esto es lo normal.

Sin embargo, si la está retorciendo o revolviéndola rápidamente, es que está molesto o irritado.

¿Está apretada contra sus cuartos traseros? Este es un signo de miedo o nerviosismo.

Durante el juego la cola se eleva. En el caso del árabe extraordinariamente. Cuando hay una agresión, se tensa. Y como muestra de miedo o de sumisión se pega a las ancas.

Sus patas nos dicen también mucho sobre su estado mental:

No estoy bailando

Si bailotea a su alrededor está nervioso, emocionado, asustado. Si patea, se siente frustrado. Cuando descansa la pata trasera es señal de que se siente relajado. Y cuando la levanta puede que se trate de una advertencia defensiva.

Una mano levantada puede ser una ligera amenaza o una posición normal que adopta a veces cuando come.

Las actitudes en la cabeza y el cuello son importantes.  Si tiene la cabeza alta puede significar temor, ansiedad, desafío. Aunque normalmente lo que nos está mostrando es que está concentrado en algo que ha llamado su atención.

La cabeza gacha es un signo de relajación.

Cuando un caballo masca nos está mostrando sumisión. Este comportamiento se aprecia mucho en los potros, que demuestran su respeto a un caballo más viejo. En cambio, cuando abren las mandíbulas dejando que admiremos su dentadura, están adelantando que está listo para morder y para un posible ataque.

Es espejo del alma

El hocico, los labios, las fosas nasales y la nariz del caballo señalan las emociones, las necesidades y el estado de ánimo. Los labios y la boca duros y tensos reflejan ansiedad, tensión, temor, o que está un poco enfadado, no demasiado.

Cuando tiene el labio caído y la boca fláccida nos está diciendo que se siente relajado, aburrido o agotado. Pero si a la vez tiene también dilatadas las fosas nasales, está diciéndonos que tiene dolor.

¿Qué me has traído?

Cuando extienden la nariz como la trompa de un elefante es con la intención de rebuscar en nuestros bolsillos. Cuando arruga la nariz es un signo de molestia o de dolor. Las fosas nasales dilatadas significan que están excitados o alertas.

Otra forma clásica de lenguaje corporal son sus ojos.

Si muestran el blanco de los ojos significa que están enojados o asustados. Normalmente esta acción viene acompañada por una cabeza elevada, oídos alertas, y un cuerpo tenso. Esta señal nos dice que el caballo podría estar preparándose para huir. Para escapar de lo que percibe como una situación peligrosa.

Los ojos del caballo transmiten muchas emociones. Pueden sentirse preocupados, curiosos, amables, o temerosos.

El lenguaje que más usamos

Las orejas del caballo nos están mandando constantemente pistas sobre dónde está concentrando su atención y cómo está interpretando lo que está sucediendo a su alrededor.

Cuando las tiene naturales y relajadas nos muestra que está cómodo. Si apuntan hacia arriba y adelante, está curioso y atento a lo que está sucediendo más lejos.

Si las tuviese rígidas y apuntando hacia arriba es que tiene miedo e inseguridad.

Cuando las retrasa con rigidez nos está mostrando su enfado, agresividad o amenaza. Pero si están relajadas, simplemente está curioseando lo que pasa en su retaguardia.

Si cada oreja tiene una orientación diferente es que está prestando atención a dos cosas a la vez.

Cuando pegan y atrasan las orejas como si las tuvieran clavadas al cráneo, utilizan la principal de su amplio arsenal de amenazas. Si un caballo se acerca a otro con las orejas así, el mensaje que le está enviando es el siguiente:

“Te alejas o atente a las consecuencias”.

Algo no me está gustando

Cuando te las pone a ti, te está diciendo que algo no le está gustando de lo que le estás haciendo. Quizás que le has apretado demasiado la cincha y le estás produciendo molestias.

Las orejas rígidas, atrasadas y pegadas al cráneo también pueden ser una advertencia cuando vas de paseo con un grupo de caballos. Cuando otro caballo se le acerca por atrás, a esta posición de las orejas le seguirá con mucha probabilidad una patada al intruso.

La adecuada interpretación de este tipo de lenguaje es crítica. Si no se interpreta correctamente, es posible que la reacción no sea la apropiada. Si el caballo está plegando sus orejas porque se le ha causado dolor, cualquier forma de castigo será contraproducente.

Algo totalmente diferente es si se trata de una señal de desafío. En ese caso deberás imponer tu autoridad con firmeza. De lo contrario le estarías mandando al caballo el mensaje de que es él el dominante.No tendrías más que problemas en el futuro.

Panorámica a caballo

Curiosos en extremo

Un caballo sólo pone sus orejas hacia adelante cuando está totalmente interesado en algo. Una vez que ha satisfecho su curiosidad – suele suceder muy rápidamente– las orejas vuelven a su sitio. Esta posición de las orejas adelantadas es lo contrario que las orejas clavadas atrás. Denotan una sana curiosidad.

También hay signos de amistad. Las yeguas y los potros se empujan y se acurrucan mutuamente durante la lactancia o por comodidad. Y el acicalamiento mutuo entre dos caballos. O cuando se muerden cariñosamente el uno al otro.

Los caballos, como nosotros, se guardan una distancia corporal de unos dos metros. Sólo abren ese cerco imaginario a quien se ha ganado su confianza. Cuando un caballo nos deja entrar en su terreno, significa que nos ha aceptado como compañeros. Que hemos entrado en su círculo de amistad, que puede durar toda la vida del caballo.

Una mirada aterradora

Nuestro lenguaje corporal también informa al caballo.

El hombre, con sus ojos frontales, está en la categoría de los depredadores. Para ellos nuestra mirada es más parecida a la de un león o un tigre que a la de una vaca u otro caballo.

Podrías despertar sus temores ancestrales muy fácilmente clavándole tu mirada y dirigiéndote hacia él con decisión.

A un caballo que te conozca bien, tu actitud no le creará ningún problema. Pero en general es mucho mejor acercarse a un caballo lentamente y en un ángulo oblicuo, evitando mirarle a los ojos.

Cuando se trabaja con caballos, los movimientos bruscos pueden ser interpretados por ellos como señales de peligro. Especialmente si uno corre detrás de ellos. Siempre hay que acercarse lentamente y hablarle con palabras reposadas, para advertirles de nuestra presencia.

Es posible que nunca podamos hablar con los caballos en un lenguaje común, pero sí que podemos comunicarnos si comprendemos el porqué de su comportamiento.

¿Sabías esto?


La mula es el resultado del cruce entre un asno macho y un caballo hembra o yegua.